La única novedad real en el acuerdo que se está gestando, hasta el momento, es la reapertura mutua del Estrecho de Ormuz al tráfico marítimo. Todos los demás asuntos en disputa se posponen para negociaciones que se supone comenzarán entre las partes en una fecha aún por determinar. El régimen iraní logró su objetivo y sobrevivió. Por el contrario, la administración estadounidense no ha logrado ninguno de sus objetivos declarados.
Por Ariel Kahana
Por ahora, el único cambio claro que traerá el acuerdo que se está gestando entre Estados Unidos e Irán es la reapertura mutua del Estrecho de Ormuz. En otras palabras, Irán permitirá que los miles de barcos atrapados en el Golfo Pérsico salgan con seguridad. A cambio, Estados Unidos permitirá que los petroleros iraníes reanuden el transporte de petróleo a China. Por el momento, las partes siguen discutiendo sobre estos detalles. Pero si se llega a un acuerdo, y eso aún está por verse, este es el único logro práctico hasta ahora.
Todos los demás asuntos en disputa entre los países, que son importantes, de gran alcance y de vital importancia para la seguridad de Israel, se están posponiendo hasta que se inicien negociaciones entre las partes. Nadie sabe si dichas negociaciones se llevarán a cabo. Es aún más dudoso que lleguen a algún acuerdo, y mucho menos en dos meses. Cabe recordar que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, bajo la presidencia de Barack Obama, se extendieron durante tres años. Su resultado, un acuerdo provisional en 2013 y posteriormente un acuerdo definitivo en 2015, abarcó cientos de páginas que detallaban minuciosamente cada aspecto.
La administración actual no parece tener el tiempo, la capacidad de atención o el personal para formular dicho documento. Sin duda, ese es el caso si las partes van a discutir una serie de cuestiones adicionales que Obama no tocó, como el programa de misiles y el apoyo a Hamás, Hezbollah, los hutíes y otras organizaciones terroristas en todo el Medio Oriente.
En otras palabras, siendo realistas, el resultado más probable es la reapertura del estrecho y el retorno a las condiciones previas a las operaciones León Rugiente y Furia Épica. Más allá de eso, se puede suponer que las partes mantendrán la situación sin cambios hasta nuevo aviso.
Irán se encuentra en una situación económica precaria. Su régimen ha sido duramente golpeado y su debilidad militar ha quedado al descubierto. Pero, y este es un punto crucial, el régimen logró el único objetivo que se había propuesto: sobrevivir e incluso aprovechar su influencia internacional mediante el bloqueo del estrecho de Ormuz. Otro logro iraní es la prevención de la formación de un bloque antiiraní integrado por Estados Unidos, Israel y los Estados árabes. Esto no se debió a la astucia de Irán, sino a la cobardía de Mohammed bin Salman, gobernante de Arabia Saudita.
La administración, por el contrario, no ha alcanzado ninguno de sus objetivos declarados. Hasta el momento, el presidente estadounidense, Donald Trump, no puede afirmar que haya eliminado la amenaza nuclear de Irán, ni detenido su programa de misiles, ni puesto fin al apoyo del régimen a organizaciones afines que propagan el terrorismo por todo el mundo. Por el contrario, el acuerdo estipula que Hezbollah también deberá cesar el fuego. En otras palabras, Estados Unidos reconoce y permite que la República Islámica siga siendo un actor militar y político en el Líbano, en completa contradicción con los objetivos de la guerra.
Más allá de todo esto, Irán puede ofrecer al mundo, y de hecho lo hace, una imagen de victoria por el mero hecho de seguir en pie. Trump, por ahora, no tiene una imagen que ofrecer. Y eso no son buenas noticias para el pueblo de Israel.
Cabe reconocer que Trump lo intentó. Su audacia y disposición para dirigir el inmenso poderío militar de Estados Unidos contra Irán son mucho mejores que la histórica inacción de todos sus predecesores. Es cierto que la propaganda iraní puede celebrarlo. Pero cabe suponer que, de ahora en adelante, el régimen sopesará cuidadosamente sus pasos, sabiendo que Estados Unidos, si bien no es omnipotente, puede asestar golpes muy duros.
Fuente: Israel Hayom

