En el Scholem, la construcción de Comunidad no termina cuando finaliza la escolaridad, sino que continúa a lo largo del tiempo a través de los vínculos, la memoria compartida y el sentido de pertenencia. La Escuela entiende que cada generación deja una huella en su historia y que volver a encontrarse también es una forma de transmitir identidad, tradiciones y valores. Por eso, el pasado jueves 7 de mayo se llevó adelante un emotivo reencuentro de Alumni de la camada 1976, al cumplirse 50 años de haber finalizado la Primaria.
Algunos compañeros y compañeras habían mantenido el contacto a lo largo de los años, mientras que otros hacía muchísimo tiempo que no se veían. Para muchos/as, además, fue la primera vez en años que volvían a pisar el “Shule”, como todavía llaman con cariño a la Escuela.

Al poco tiempo de llegar, una sorpresa los esperaba: el reencuentro con tres docentes que habían sido muy importantes durante su recorrido escolar. Entre anécdotas, recuerdos y recorridas por los espacios renovados, todos destacaron algo en común: el Scholem se ve moderno, actualizado y transformado, pero conserva intacta la calidez, las tradiciones y los valores que marcaron su experiencia como estudiantes. También hubo espacio para recordar el valor del Idish y toda la riqueza cultural que la lengua representa para la identidad de la comunidad.


Uno de los momentos más conmovedores de la noche ocurrió al ingresar al salón de actos por la puerta del escenario y encontrarse con el nombre de Max Berliner. Allí, muchos recordaron las obras y personajes que protagonizaron durante sus años escolares, guiados por quien dejó una huella imborrable en la vida cultural del Scholem.


Estos encuentros permiten volver sobre las historias compartidas y reconocer cómo la Escuela continúa siendo un lugar de referencia, aun décadas después de haber egresado. Porque el Scholem no solo acompaña trayectorias educativas: también construye comunidad, memoria y pertenencia que perduran a lo largo del tiempo.


