Netanyahu libera su agenda para evitar otra sorpresa en el Despacho Oval, mientras el plan del presidente estadounidense para poner fin a la guerra parece la mejor opción del primer ministro israelí para el día después, aunque requiere que Hamás acepte su propia derrota.
Itongadol.- (Lazar Berman – The Times of Israel) A lo largo de los más de ocho meses del segundo mandato del presidente Trump, el primer ministro Netanyahu se jactó de lo estrechamente coordinados que están ambos líderes mundiales.
“El presidente Trump y yo trabajamos en plena cooperación y coordinación”, expresó el premier israelí sobre el futuro de la guerra en Gaza en febrero.
Netanyahu intentó proyectar el mismo optimismo antes de su cuarto encuentro en la Casa Blanca con Trump este año, programado para el lunes, señalando a Fox News el domingo que su oficina estaba “trabajando con el equipo del presidente Trump” en los detalles de la última propuesta estadounidense para poner fin a la guerra.
Sin embargo, a pesar de los intentos de Netanyahu de desviar la atención de cualquier desacuerdo sobre el fin de la guerra y el inicio de la reconstrucción, es fácil darse cuenta de que quedan muchas diferencias por resolver.
El plan de 21 puntos de Trump describe una posible ruta hacia un futuro estado palestino, algo que Netanyahu rechaza firmemente y de manera repetida.
“Dar a los palestinos un estado a una milla (1,6 km) de Jerusalem después del 7 de octubre es como dar a Al Qaeda un estado a una milla de New York después del 11 de septiembre”, advirtió el premier israelí durante su discurso en la ONU el viernes. “Esto es pura locura. Es una insensatez, y no lo haremos”, agregó.
Asimismo, Netanyahu también rechazó consistentemente que la Autoridad Palestina (AP) tenga algún papel en la administración de Gaza tras la guerra, mientras que Trump ve la posibilidad de que una AP reformada ayude a gobernar la Franja.

Los gobiernos de ambos líderes tampoco coinciden sobre la idea de que Israel anexe partes de Cisjordania. En ese sentido, desde la Casa Blanca, Trump aseveró a los periodistas el jueves: “No permitiré que Israel anexe Cisjordania. No lo permitiré. No va a suceder”.
Los aliados de Netanyahu en el movimiento de colonos y la extrema derecha, por su parte, pidieron a Netanyahu públicamente a que ignore a Trump y avance con la anexión, una prioridad fundamental para ellos.
A su vez, y en lo que podría ser la indicación más clara de que Netanyahu anticipa desacuerdos durante la reunión del lunes, canceló tardíamente sus apariciones públicas del domingo para reunirse con sus principales asesores antes de la visita a la Casa Blanca.
Parecería ser que el primer ministro del Estado judío aprendió la lección de su viaje de última hora en abril al Despacho Oval, en el que accedió a viajar rápidamente a Washington desde Budapest, solo para descubrir que se había topado con una serie de sorpresas desagradables por parte de Trump.
Netanyahu llega a la reunión del lunes en una posición vulnerable, luego de poner todas sus cartas en manos de Trump, dependiendo aún más de la buena voluntad del presidente estadounidense luego de que una serie de aliados occidentales, como Francia y Reino Unido, reconocieran un Estado palestino la semana pasada.
Al mismo tiempo, si Netanyahu no logra convencer a Trump de ceder en temas clave —el papel futuro de la AP en Gaza, una ruta hacia un estado palestino, la anexión, facilitar la emigración de gazatíes fuera de la Franja— se enfrentará a los socios de coalición de su ala derecha que podrían decidir que Netanyahu no es el hombre para cumplir sus prioridades.
Con las próximas elecciones en Israel previstas, a más tardar, para octubre de 2026, podrían demostrar su descontento rompiendo la coalición y provocando una votación anticipada.

