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The Jerusalem Post | Opinión. Reconocimiento sin protección: ¿Le debe Occidente garantías de seguridad a Israel?

Por M S
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Después de que los líderes de los países occidentales proclamaron el reconocimiento de un Estado palestino, deberían asegurarse de que la seguridad y supervivencia de Israel estén más que garantizadas.

Itongadol.-(Alex Winston – The Jerusalem Post) Cuando el Reino Unido, Francia, Australia y Canadá anunciaron recientemente su reconocimiento de Palestina, lo presentaron como un paso audaz hacia la paz y la concreción de la solución de dos Estados declarada por la ONU en 1947.

Sus líderes describieron la medida como una manera de terminar con el eterno estancamiento de la violencia y dar esperanza a los palestinos para su autodeterminación.

Pero en Israel, donde los recuerdos del 7 de octubre siguen marcando la vida cotidiana, y la guerra con Hamás y, por extensión, con Irán, está a punto de entrar en su tercer año, la decisión cayó como un golpe de trueno.

Muchos afirmaron que el reconocimiento es puro idealismo sin posibilidad real de implementación sobre el terreno. Sin embargo, para muchos israelíes, este reconocimiento no representó de ninguna manera un camino hacia la paz, sino una recompensa por el rechazo. Como señalaron The Jerusalem Post y otros medios, simplemente fue una recompensa por el 7 de octubre.

Hamás, la Yihad Islámica Palestina y otros grupos respaldados por Irán no ocultaron sus objetivos. No quieren un Estado junto a Israel, sino un Estado en lugar de Israel. Una solución de dos Estados es difícil de implementar cuando una de las partes cree en la destrucción de la otra.

Reconocer a Palestina ahora, mientras estos grupos permanecen armados y asentados, a pesar de las declaraciones de que no podrían existir en un Estado palestino legítimo, se siente menos como diplomacia internacional y más como legitimación de un vecino que aún llama abiertamente a tu destrucción.

Y así surge la pregunta: si las democracias occidentales son serias en reconocer un Estado palestino, ¿están también dispuestas a garantizar la seguridad de Israel?

El reconocimiento de Palestina como Estado no es una idea nueva. Más de 130 países ya extendieron reconocimiento diplomático a los palestinos, la mayoría en el Sur Global. Pero las decisiones del Reino Unido, Francia, Australia y Canadá tienen un peso particular. Son democracias occidentales que se presentan como aliadas de Israel, estados parte de la OTAN o de sus asociaciones estratégicas, y países que apoyaron a Israel en principio, incluso cuando discreparon en casos individuales como los asentamientos o campañas militares.

A pesar de esto, el reconocimiento llega en un momento de profunda vulnerabilidad para el Estado judío. Israel sigue combatiendo a Hamás en Gaza, casi dos años después del 7 de octubre, los Hutíes de Yemen continúan atacando al Estado judío  regularmente, y los líderes israelíes declararon que la guerra con Irán está lejos de haber terminado.

Reconocer a Palestina en este clima corre el riesgo de parecer un acto de apaciguamiento. Lejos de alentar un enfoque moderado —algo impensable para los yihadistas que dirigen estos grupos— envía un mensaje de que la causa palestina puede avanzar a pesar de haber cometido las peores atrocidades desde la Segunda Guerra Mundial.

Así, los respectivos líderes occidentales —Keir Starmer, Emmanuel Macron, Mark Carney y Anthony Albanese— aseguraron que de ninguna manera se permitirá que Hamás permanezca en el poder en un futuro Estado palestino, entonces, ¿cómo puede la estadidad ser una recompensa por el 7 de octubre?

¿Están estos líderes considerando entonces implementar a la Autoridad Palestina (AP) como poder gobernante? Una AP que sigue pagando millones de dólares a terroristas palestinos con sangre judía en sus manos. ¿El liderazgo de Mahmoud Abbas? Un hombre que no realizó elecciones en casi dos décadas y que goza de escasa credibilidad entre su propio pueblo.

Abbas declaró el jueves ante la Asamblea General de la ONU (donde habló vía videoconferencia debido a una prohibición de viaje de EE. UU.) que estaba dispuesto a trabajar con el presidente estadounidense Donald Trump, Arabia Saudita, Francia y la ONU para implementar un plan de paz en Gaza adoptado en una conferencia el 22 de septiembre, que según él podría abrir el camino a una paz justa y una cooperación regional más amplia. Para muchos en Israel, sus palabras no serán tomadas con genuina seriedad.

Este es un hombre que escribió una tesis doctoral cuestionando la magnitud del Holocausto, hecho que continúa manchando su credibilidad como socio para la paz. Legitimar este liderazgo mientras se lo considera la base de un futuro Estado democrático es un paso a ciegas por parte de Occidente.

La AP es el organismo que representa los intereses del pueblo palestino en el escenario geopolítico internacional. Es el grupo que se sienta en la ONU y participa en otras agencias y relaciones diplomáticas. La AP no mostró inclinación por una verdadera paz con Israel desde la firma de los Acuerdos de Oslo.

El reconocimiento también complica el estatus militar de Israel. Si efectivamente se crea un Estado palestino, ¿qué ocurre cuando caen los primeros cohetes desde Gaza? ¿Qué pasa cuando un palestino sube a un colectivo en Jerusalem y mata a la mitad de los pasajeros? ¿Tiene Israel derecho a responder con fuerza contra un Estado soberano responsable de más israelíes muertos?

Lo más peligroso es que el reconocimiento podría envalentonar a los enemigos de Israel. Los líderes de Hamás, acorralados en Gaza, podrían sentir que ahora tienen viento a favor. Hezbollah, intentando recuperarse, podría argumentar que lucha no solo por el sur del Líbano, sino por un Estado palestino recién reconocido.

La historia puede ofrecer lecciones sobre lo que ocurre cuando los estados reciben reconocimiento o garantías sin seguridad. En 1994, Ucrania entregó su arsenal nuclear a cambio del Memorándum de Budapest, en el que EE. UU., el Reino Unido y Rusia se comprometieron a respetar su soberanía. Dos décadas después, Rusia invadió Crimea y las promesas occidentales quedaron en la nada. La invasión rusa de Ucrania podría haber sido diferente si Ucrania hubiera conservado esas armas nucleares, haciendo que los rusos lo pensaran dos veces.

En 1938, Checoslovaquia fue abandonada por el Reino Unido y Francia en Múnich, a quienes se les dijo que las concesiones a Hitler traerían “paz en nuestro tiempo”. En cambio, fue desmantelada pieza por pieza.

Los israelíes conocen demasiado bien esta historia. Para ellos, el reconocimiento sin garantías es un peligro existencial. Si Palestina va a ser reconocida, no puede ser un momento “Checoslovaquia”. Occidente no puede otorgar legitimidad a un Estado palestino sin asegurar simultáneamente que la existencia de Israel no se vea amenazada por ese acto.

Cómo podrían ser las garantías

Existen precedentes. Tras los Acuerdos de Camp David en 1979 y la paz entre Israel y Egipto, el plan incluía la presencia de una fuerza multinacional en el Sinaí para mantener la paz.

El Artículo 5 de la OTAN, por su parte, es el estándar de oro de la unidad internacional: un ataque a un miembro se considera un ataque a todos, vinculando a la alianza en defensa colectiva.

Para Israel, las garantías podrían tomar varias formas:

  1. Presencia de seguridad multinacional a lo largo del Valle del Jordán y las fronteras de Gaza, asegurando la desmilitarización.
  2. Compromisos de defensa vinculantes de Occidente, como ayuda militar automática o intervención si Israel enfrenta un ataque existencial.
  3. Reconocimiento condicionado, ligando la estadidad palestina al reconocimiento de Israel como Estado judío, la completa desmilitarización y la renuncia a la violencia.
  4. Sanciones automáticas contra facciones palestinas o grupos respaldados por Irán si cometen actos de terrorismo contra Israel.

Lo que Israel debería exigir

A pesar de las dificultades en la implementación de un Estado palestino, Israel no puede tratar el reconocimiento como simbólico. Debe insistir en que venga acompañado de condiciones:

  1. Reconocimiento por parte de los palestinos de Israel como Estado-nación del pueblo judío.
  2. Desarme total de Hamás, la Yihad Islámica y otros grupos terroristas palestinos.
  3. Despliegue de un marco de seguridad internacional garantizado por Occidente.

Sin esto, el reconocimiento corre el riesgo de aislar diplomáticamente a Israel mientras lo deja expuesto militarmente. El Estado judío no puede permitir que los líderes occidentales finjan que gestos simbólicos sustituyen la seguridad real.

Israel vivió con numerosas amenazas existenciales desde su nacimiento en 1948. Luchó en guerras de supervivencia, soportó olas de terrorismo y vio a sus vecinos pedir su aniquilación. Pero rara vez se enfrentó a la posibilidad de que Occidente legitime un Estado que tolera y celebra a quienes desean destruirlo.

Sí, Occidente cambió durante el siglo XXI, tanto en su naturaleza demográfica como ideológica. El surgimiento encubierto de grupos como la Hermandad Musulmana y otros puede haber llevado a una situación donde el reconocimiento de Palestina sea inevitable. Pero si Occidente es serio respecto a una región pacífica, también debe ser serio respecto a la supervivencia de Israel.

Si los líderes occidentales quieren que la historia juzgue su reconocimiento como un paso hacia la paz y no otra ilusión peligrosa, deben responder a una pregunta simple: ¿Garantizarán también el derecho de Israel a existir?

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