Tras asesinatos, apuñalamientos e incendios provocados, los líderes del Reino Unido deben hacer más que expresar “preocupación” para que los judíos británicos vuelvan a sentirse seguros.
Itongadol/Agencia AJN.- (Por Simon Kupfer* – The Times of Israel) El miércoles por la mañana, dos hombres judíos fueron apuñalados en Golders Green, al norte de Londres. Ambos —uno de unos setenta años y otro de unos treinta— fueron trasladados al hospital tras el ataque. El primer ministro Keir Starmer emitió una declaración expresando su “preocupación”.
Dos judíos fueron apuñalados, y el primer ministro está preocupado. ¿Cuándo estará lo suficientemente preocupado como para actuar?
Esto está lejos de ser un incidente aislado: en Slough, un hombre en bicicleta pasó junto a un judío visiblemente identificable en su trabajo (quien solo dio su nombre como Moshe), vio su kipá y decidió —a plena luz del día— que merecía ser amenazado, golpeado, llamado “maldito judío asqueroso” y acusado de matar bebés. Y no es un terrorista; no forma parte de una célula. Es un hombre en bicicleta, un martes cualquiera.
El mes pasado, cuatro ambulancias pertenecientes a Hatzolah, una organización benéfica judía que ayuda tanto a judíos como a no judíos, fueron incendiadas en el norte de Londres; hace dos semanas, dos personas con pasamontañas arrojaron un ladrillo y bombas molotov contra una sinagoga; pocos días después, se provocó un incendio junto a las antiguas oficinas de una organización educativa judía que aún no había retirado la Estrella de David de su ventana; el muro conmemorativo de las víctimas de las masacres del 7 de octubre fue incendiado la noche anterior al apuñalamiento de ayer; sin mencionar los ataques a la sinagoga de Heaton Park, en los que fueron asesinados dos judíos en Yom Kipur (Día del Perdón), el día más sagrado del calendario judío. Melvin Cravitz, de 66 años, y Adrian Daulby, de 53; muertos en las escalinatas de su sinagoga.
Y todo lo que el gobierno puede ofrecer son palabras.
La preocupación es lo que expresan los políticos cuando desean parecer comprometidos sin aceptar responsabilidad. Yo, por mi parte, estoy más que preocupado de que dos personas puedan ser apuñaladas a plena luz del día en un país con uno de los niveles de vida más altos del mundo, y que el primer ministro no considere oportuno condenarlo con claridad.
Sadiq Khan, el alcalde de Londres desde 2016, prometió patrullas de alta visibilidad: siempre se encuentran las palabras correctas. Pero cabe recordar lo que dijo el Gran Rabino tras los asesinatos en Heaton Park: que ese fue “el día que esperábamos que nunca llegara, pero que en el fondo sabíamos que llegaría”. Ese día llegó; la comunidad judía esperó durante años y fue ignorada. Entonces, la pregunta no es si el gobierno puede emitir la declaración adecuada; es qué ocurrió en los meses entre Yom Kipur en Manchester y esta mañana en Golders Green Road.
Existe hoy entre los políticos un estribillo de “nunca más”. Por si no se dieron cuenta, sigue ocurriendo, una y otra vez. Poco cambió, poco se hizo. Los resultados ahora son visibles en la sangre.
Los ministros tuvieron dieciocho meses de advertencias. Vieron cómo las escuelas judías aumentaban su seguridad, las sinagogas reforzaban sus entradas, y familias reconsideraban por dónde caminar y qué vestir mientras judíos eran atacados violentamente en las calles. Todo ministro británico debería sentirse profundamente avergonzado por el hecho de que muchos judíos británicos dirían sentirse más seguros en Israel, un país que vive bajo amenaza de drones y misiles, que caminando por ciertas zonas de Londres con una kipá. Y, aun así, el Estado sigue comportándose como si cada ataque fuera repentino y aislado. No lo es.
Tomemos el ejemplo de Hatzolah. Cuenta con 61 voluntarios no remunerados. Responden a paros cardíacos y accidentes de tráfico. Atienden a quien lo necesite, judío o no judío: judío, musulmán, cristiano o de ninguna fe. Sus ambulancias no son símbolos del sionismo; son ambulancias. Y alguien prendió fuego a cuatro de ellas. Si se quiere saber qué es realmente el antisemitismo, es esto: quemar las ambulancias que llegan cuando el corazón de tu vecino deja de latir.
Ahora, tras el incendio de las ambulancias, el líder del Partido Verde, Zack Polanski, un conocido crítico judío de Israel que utiliza una retórica que recuerda a sus detractores más duros, fue consultado por un periodista sobre la ola de ataques y la sensación de inseguridad y miedo que experimentan los judíos británicos. “Hay una conversación que debe darse [entre los judíos británicos] sobre si se trata de una percepción de inseguridad o de una inseguridad real”, respondió.
Cuatro ambulancias son ahora cenizas. Dos fieles están muertos en Manchester. Se arrojan bombas molotov por las ventanas de sinagogas. Dos judíos son apuñalados por el hecho de ser judíos. Y el líder de un partido político británico quiere debatir si el miedo es real. Pregúntese directamente: ¿diría esto sobre cualquier otra minoría? Si mezquitas estuvieran siendo incendiadas, si hombres musulmanes fueran apuñalados en paradas de colectivos por su vestimenta. El lector conoce la respuesta. Usted también. Él también.
El gobierno existe, en primer lugar, para preservar el orden y proteger a sus ciudadanos. Cuando una minoría enfrenta repetidamente violencia dirigida y los ministros responden con declaraciones en lugar de estrategias, el Estado es poco más que decorativo.
Los delitos de odio antisemita aumentaron en Gran Bretaña desde el 7 de octubre de 2023. El gobierno financió medidas de seguridad, pero los guardias y las cámaras de vigilancia alrededor de sinagogas y zonas judías no cambian una cultura. Solo administran una amenaza, y administrar una amenaza está muy lejos de confrontarla. La pregunta que este gobierno no supo responder, e incluso no supo formular con claridad, es de dónde proviene este odio y quién lo cultiva. Las mezquitas islamistas que predican que los judíos son traicioneros; los campus universitarios donde estudiantes judíos se sintieron excluidos durante décadas, mucho antes de la guerra contra Hamás en Gaza; los partidos políticos donde describir a los judíos como una abominación no conduce a una renuncia.
Y el gobierno está “preocupado”.
Melvin Cravitz y Adrian Daulby sabían que era real. Los hombres en Golders Green esta mañana sabían que era real. Moshe sabe que es real. Las únicas personas que siguen teniendo la conversación son quienes decidieron, por sus propias razones, que las vidas judías son la excepción a todas las reglas que dicen defender, y son esas personas las que están en el poder. Su incertidumbre se convirtió en un peligro para el público.
*: Simon Kupfer es un escritor inglés que explora el sionismo, la diáspora y lo que hace a una democracia. Colaborador de The Times of Israel, Haaretz y otras plataformas.

