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Israel. «Hay muchas necesidades y los necesitamos: vengan a nosotros»

Por IG
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Itongadol (Por Daniel Berliner).- Está en la Argentina Pnina Agenyahu, directora de la nueva División de Contacto Global del Pueblo Judío de La Agencia Judía para Israel, quien conversó con Itongadol para conocer su historia personal y los objetivos de este nuevo organismo, que se propone «fortalecer a las comunidades judías del mundo en todas las actividades que realizan, a través de shlijim (emisarios) y representantes, y también su sensación de seguridad y resiliencia».

— Nací en Etiopía, pero en el 84, cuando tenía tres años, se llevó a cabo la operación «Moisés», la primera que se hizo para los judíos de Etiopía, y con mi mamá y mi hermana mayor, que ahora vive en los Estados Unidos, fuimos una de las primeras familias en inmigrar a Israel.

— ¿Cómo fue su camino hasta llegar a este cargo?

— Asombrosa… Antes que nada, estudié en la Universidad Hebrea (de Jerusalem), en el monte Scopus, y ahí conocí Hillel y fui voluntaria. Había una beca para un Beit Midrash (casa de estudios judaicos), así que estudié allí, pero luego me dejé llevar por todo ese mundo de lo que se llama el ser judío. Todo eso de los judíos diversos de todo el mundo estaba dentro de Hillel, así que había estadounidenses que hacían teatro, rusoparlantes que tenían un grupo cultural y vi e hice todo tipo de cosas que eran asombrosas para mí, como que me sentía terriblemente atraída por ellas… Salí en una misión y otra y otra. Fui shlijá (emisaria) de Hillel y la Sojnut varias veces: en Rusia, Australia e Inglaterra, pero eran misiones cortas. Luego pasé a dirigir Hillel en Tel Aviv. Hillel es grande y allí evolucioné, entonces desde la Sojnut me dijeron: «¿Por qué no te proponés para una shlijut (misión)?», e hice una larga: fui shlijá en Washington durante cuatro años y fue mi misión más significativa. Cuando Natán Sharansky era presidente tuve la oportunidad de trabajar muy cerca de todos ellos y parece que la puerta ya estaba abierta porque cuando terminé la misión no pensaba trabajar en la Sojnut porque me parecía un organismo viejo, burocrático, todo por relaciones, como que me resultaba muy político, pero entonces se me acercó el doctor Shivi Greenfield, que era el subdirector de Estrategia de la Sojnut en 2017 y trabajaba con Alan Hoffman, y me dijo que en la Unidad de Estrategia buscaban a alguien que estuviese en contacto con las comunidades judías y, de hecho, les preparase planes estratégicos. Trabajé tres años en ese puesto, cuando (Isaac) «Bougie» Herzog era el presidente de la Sojnut, y trabajé muy de cerca de él. De hecho, la función era actuar constantemente en una sinergia con las comunidades. ¿Qué necesita una comunidad judía? Pero era más un plan estratégico para pensar juntos y yo soy una persona muy operativa, me gusta estar sobre el terreno, me gusta la gente, llegarle, sentirla, y eso me parecía muy lejano… Estuve en el Ejecutivo, trabajando en el día a día, y luego se abrió un puesto para dirigir alianzas como México y Eshkol, alguna vez también tuvo Brasil y también la Argentina, pero menos, con el Keren Hayesod y las federaciones… Así que me acerqué a ese departamento y era lo que había estado haciendo los cinco años anteriores, cuando dirigí el vínculo entre comunidades judías del mundo y ciudades de Israel: Miami-Yeruham, Haifa-Boston, Eshkol-México, Australia-Arava… Está lleno de conexiones como esas y había que fortalecerlas. Así que realmente fue una dificultad muy, muy grande para mí porque también tuvimos el coronavirus, el 7 de Octubre, la guerra… ¿Cómo se crea un puente vivo? ¿Cómo se puede mantener un vínculo real entre israelíes y judíos diaspóricos cuando es imposible venir a Israel? Por el coronavirus todos se aislaron, así que hicimos muchas cosas por Zoom. Fue muy difícil, pero tuvimos que ser constantemente creativos y pensar. Luego llegó la guerra y disminuyó significativamente la cantidad de personas que venían a vivenciar Israel. Pero no podés renunciar al vínculo ni tampoco al puente que se había creado entre las comunidades. E incluso durante la guerra, una de las cosas más significativas que tuve el privilegio de liderar fue reunirnos con las comunidades del sur afectadas por el 7 de Octubre. Vimos que una de las cosas que eran significativas para ellos, además del dinero que venía -y había muchísimo dinero y muchas donaciones-, era el saber que había judíos en el mundo a quienes le interesaban y que el vínculo les importaba, así que empezamos a conectarlos. Fui como una especie de casamentera del pueblo judío y empezamos a conectar a una comunidad judía con una comunidad del Otef (la Periferia de Gaza). Así que conectamos a cada comunidad afectada por el 7 de Octubre con una comunidad judía del mundo. De hecho, en seis meses construimos un esquema de 27 nuevas alianzas, con un presupuesto cercano a los 11 millones de dólares. Al final, esa conexión fue aún más significativa porque, en el caso del kibutz Nirim, que resultó dañado y (su población) pasó a vivir temporalmente en Beer Sheba hasta que les reacondicionaran el kibutz, vimos que Beer Sheba tenía una conexión con la ciudad de Montreal, entonces la conectamos con su comunidad judía…

— ¿Cuál es su rol? 

— La Sojnut trabaja, en líneas generales, con una visión que dice: «Debemos velar por que cada judío, dondequiera que esté, en Israel o en el (resto del) mundo, se sienta seguro y conectado con el pueblo judío». Entonces, dentro de ese contexto definimos objetivos: aliá y conectividad, y así se creó una nueva unidad, que dirijo actualmente. De hecho, dirige todas las actividades de la Sojnut en las comunidades judías del mundo. Nuestro objetivo es, en primer lugar, fortalecer a las comunidades en todas las actividades que realizan, lo que implica fortalecerlas a través de shlijim (emisarios) y representantes. En segundo lugar, implica también fortalecer su sensación de seguridad y resiliencia. Hoy vemos que la realidad es cada vez más difícil en todo el mundo, y da igual dónde abrís el mapa… Incluso en una comunidad judía que se sentía la más segura, como la de Inglaterra, con años de una tradición de que eran británicos judíos -al igual que los estadounidenses, que primero se sienten estadounidenses y luego judíos-, la realidad ha cambiado: ya sea por el 7 de Octubre, ya sea por el discurso del antisemitismo, que toma un nuevo rostro, surgen las preguntas de «¿qué es el sionismo hoy?» y «¿cómo yo, como joven judío, me siento parte del pueblo judío?». Esa es la aspiración desde el puesto que ocupo, con todo un equipo aquí, en Israel, y el que tenemos disperso por todo el mundo. Ahora bien, no era así antes porque hasta noviembre pasado, el mundo estaba dividido en tres sectores, pero no había una mirada holística. Había una persona que veía lo que estaba pasando en Rusia o Ucrania porque era rusoparlante. Norteamérica siempre fue estratégica debido a los dineros, las federaciones, el tamaño de la civilización judía, la más grande fuera de Israel, así que siempre tenía un director ejecutivo. Y luego estaba el resto del mundo: las comunidades de Latinoamérica, Australia, las menos… Lo digo honestamente: la Sojnut trabajaba allí, pero no siempre estaban en el centro de atención. Ahora sí…

— ¿Dónde se ve esto?  

— Antes que nada, hasta ahora éramos muy reactivos: una comunidad se dirigía a nosotros y le dábamos ayuda. Queremos ser más activos aquí: mapear todo el mundo, ver el cuadro de situación y empezar a observar: «Un momento: Inglaterra, Francia, Argentina, Brasil… ¿Qué comunidades deberíamos priorizar?». ¿Y por qué queremos priorizar? Porque vemos los datos, vemos que es cada vez más importante estar presentes allí… Ya no se trata de que se pongan en contacto con nosotros, queremos hacerlo nosotros, y esta es una diferencia significativa. Lo segundo es nuestra capacidad para conectar a las comunidades porque hoy tenemos conversaciones con comunidades que dicen: «Estoy en Australia, ¿quién se parece a mí? ¿Quién se enfrenta a las mismas cosas que yo, así podemos sentarnos y aprender unos de otros?». Y los hay, realmente lo creo, pero hoy no hay otro organismo, aparte de nosotros, que tenga el privilegio de sentarlas por un momento alrededor de una sola mesa.

— Todos piensan que la Sojnut solo se ocupa de la aliá…

— No solo se trata de aliá, se trata de mucha conectividad, de muchas redes… Una de las cosas en las que estamos trabajando hoy es en cómo conectamos a comunidades y organizaciones a través de un tema porque no para todos Israel es lo principal, y está bien. Creo firmemente en que lo que no es aceptado ahora, lo será después, como dijeron nuestros sabios de JaZa»L. Puede que no sea necesario hablar de Israel todo el tiempo, pero no renunciaré a Israel. Y si al fin de cuentas, tenemos un grupo de veintitantos directores ejecutivos de organizaciones que promueven la equidad y la inclusión en el mundo judío y lo que les interesa es la diversidad, está bien: reunámoslos en una sala para que hablen entre ellos. No tenemos en el grupo a alguien de Latinoamérica, pero sí de Sudáfrica, Italia, Inglaterra, Canadá, los Estados Unidos y emigrantes de Etiopía en Israel. Se sientan juntos y hablan sobre su identidad étnica: por qué es importante y cuán diversos son como judíos. Eso los lleva a la sala y los impulsa a estar activos. Hay muchos temas similares… Tomemos el mundo de la educación: piensen qué valor tiene que un educador judío de la Argentina conozca a otro de Alemania. ¿Tienen un tema en común? Sí. Además del hecho que son judíos, comparten que se ocupan de la educación judía en un momento en que es difícil conectarse con Israel. ¿Cómo se enseña sobre Israel? ¿Es un tema con el que se puede conectar? Entonces digo: hay muchas maneras de conectar a comunidades y organizaciones para promover el diálogo. No deben ser amigos íntimos.. Tenemos otro grupo al que conectamos hace dos años, de organizaciones LGBT. Tenemos una pequeña organización en Brasil llamada Guimel, que es LGBT. Es local, son todos voluntarios. También está Keshet en España, que también son judíos LGBT, todos voluntarios. Y en Israel está la Asociación para los LGBT. Nunca habían hablado entre ellas… Ahora, cuando les dije justamente a los israelíes: «Vengan a conocerlos», fueron cautelosos y preguntaron: «Pero, ¿para qué los necesito? Los LGBT con los que trabajo en Israel también son árabes, izquierdistas…». Les dijimos: «Está bien». «Pero ustedes son La Agencia Judía, quizás solo quieran a judíos». Dije: «No, queremos a todos. Lo importante para mí es que tengan relación con el pueblo judío».

— Ahora se escucha la palabra «aliá» de otra manera, después de la guerra…

— Correcto, porque ahora la aliá se trata de valores, incluso educar para la aliá… Si te sentaste en una sala y al final decidiste no hacer la aliá, está bien, pero entendés este concepto de la aliá como un valor, que ante una necesidad, al fin de cuentas existe una patria para el pueblo judío. Para cada uno…

— Hay una relación con el futuro de Israel…

— No solo eso, también hay una relación con el presente, con el ahora, y eso es realmente importante. Puede ser que no hagan aliá ahora, está bien, pero los programas que tenemos en el mundo a veces son de fomento de la aliá. Eso significa que vamos a hablar a escuelas a hablar sobre Israel…Mucha gente dice: «Es una carta de seguridad», o hay quienes dicen: «Me compré un departamento. Tengo un departamento en Israel, así que sé que algún día iré», pero no es solo eso… Creo que es algo más profundo: la comprensión de que la aliá es como cualquier otro valor que uno adopta. Por ejemplo, la paciencia es un valor. Es importante para mí que la gente sea paciente. Es importante que la gente sea confiable, que no mienta… Toda la percepción también está cambiando entre nosotros… Significa que no trabajamos como una máquina. No es una fábrica en la que estoy constantemente buscando olim, olim, olim: «¿Dónde hay gente que pueda hacer aliá?». O que digan: «Ahora que pasó ahora, terrorismo o un incidente antisemita, entonces todos harán aliá, genial»… La idea es ir y decir que no solo hay que hacer aliá porque hay angustia, hay que salvar gente o hay terrorismo, la aliá es un valor. Significa que educás a la gente y puede ser que hayamos plantado semillas y en dos o tres años alguien haga aliá. Ahora hay niños que van a un campamento de verano, escuchan sobre Israel y recién dentro de cuatro o cinco años, cuando sean estudiantes, digan: «¡Vaya! Iré a Israel». También es importante que la gente no se alarme por esto, y por cierto que hay cierto miedo o preocupación de «hago o no hago aliá». No es así. No está relacionado… Podés hacer aliá, podés elegir no hacer aliá, y está bien, nosotros seguimos ahí, como organización. Es importante para nosotros estar ahí también para quienes no hacen aliá, fortalecerlos. En definitiva, entendemos que quienes se quedan y no hacen aliá necesitan ayuda, necesitan apoyo, tanto educativo como en materia de seguridad y resiliencia.

— ¿Saben cuánta aliá hay hoy en día?

— Por supuesto, tenemos todos los datos. Colaboramos muy estrechamente con el Ministerio de Aliá y Absorción… Estuve en Inglaterra. Tuvimos una feria de aliá, con cerca de 1.000 familias. Había de todo: adultos, familias jóvenes, estudiantes, jóvenes que querían aprovechar oportunidades de estudio en Israel… Vas a estudiar a la universidad, después de dos o tres años conocés a alguien, se casan y finalmente se quedan en el país… Así que, en mi opinión, es muy diverso. Hoy en día no hay un solo tipo de olé…

Agenyahu con el presidente de La Agencia Judía, Doron Almog, y el representante en el Cono Sur, Eli Cohen.

— Después de Octubre, Hamás, la guerra, los rehenes, aún no hemos terminado con Irán, pero ¿qué ve hoy en el mundo judío?

— Antes que nada, todo el asunto de la seguridad y el antisemitismo es claro, pero creo que también lo es en otro sentido: es como que proyecta otro efecto, no solo de miedo, de gente que le teme al antisemitismo. No es lo único…Hay otra proyección que me molesta y me parece inquietante: es que está creciendo toda una generación que no solo tiene miedo, sino que tampoco se siente orgullosa de ser judía. Es como que de repente tienen que elegir: «si saco la palabra ‘sionismo’, ya estoy bien; si saco la identidad judía, también estoy mejor; así que prefiero no meterme en problemas». Y ello está poniendo a toda una generación en un lugar como si el orgullo de ser judío fuera inquietante. Es como que se ve en todo tipo de lugares y de manera diferente. Así tenemos a los Estados Unidos: se escucha sobre gente que no dice su nombre hebreo en los campus, dicen que son estadounidenses, que son más anglosajones… Y en otros lugares se escucha de padres… Cuando estuve hace poco en Inglaterra, nos sentamos con algunos padres que nos dijeron: «Por un lado, me siento muy seguro de que mi hijo vaya a un colegio donde haya seguridad, y felicitaciones al colegio por tenerlo. Por otro lado, ¿qué le digo a mi hijo: ‘para ser judío con plena seguridad y andar como judío necesitás una seguridad permanente’?». Y si soy un niño que creció en una realidad así, ¿qué debería pensar? ¿Cómo interpreto la realidad siendo un niño? «¡Vaya! No conviene que sea judío. No conviene estar dentro de una comunidad judía porque tengo que preocuparme constantemente por si estoy seguro. Si vas a un colegio no judío, no hay seguridad, la puerta está abierta»… Y así en todo el mundo… No me parece lógico… No creo que sea sano… Pero no tenemos alternativa, esta es la realidad…

— ¿Existe alguna medida general nueva para ayudar a los olim?

— Hay un cambio estratégico: antes que nada, hablamos de una «aliá óptima». Se trata de considerar todo el proceso, desde que una persona abre una solicitud de aliá hasta su final, cuando llega a Israel: dónde vive, la carrera, el ulpán (curso intensivo de hebreo), la familia… Queremos pensar en todo desde el principio… La semana pasada estuve en Francia. Operamos un programa muy lindo en París, donde hay un grupo de hombres que ya se está capacitando como instaladores de aires acondicionados para asegurarse de que al llegar a Israel, tendrán trabajo porque también reciben un diploma de Israel. Trabajamos con el Ministerio de Trabajo y el de Aliá… Lo mismo ocurre con las viviendas: ahora hay un asunto de poblar el norte y el sur después de lo que pasó, así que muchas veces trabajamos en proyectos para llevar a núcleos familiares. Se lleva a un grupo, un colectivo de 10-15 familias, digamos a Ma’alot o Nahariya. Hablamos con los alcaldes para confirmar que haya una zona a la que vayan familias, que tengan escuelas adecuadas, que puedan hacer un ulpán… No es ir a un centro de absorción, es integrarse directamente a la ciudad, pero querés asegurarte… Y hay muchos otros caminos que yo, como olá, sé que no existían hace 30 o 40 años… Hoy, por ejemplo, para los jóvenes que vienen de América Latina hay un lindo programa en Haifa, que es un ulpán con formación profesional. Jóvenes procedentes de Latinoamérica -por ejemplo, de Brasil, etc.- llegan a Haifa para hacer tres o cuatro meses de ulpán, pero por la mañana y por la noche realizan cursos de chef, hotelería o cualquier otro que deseen para que después puedan trabajar. Son cosas que todo el tiempo revisamos y adaptamos, y muchas veces incluso hay necesidad de adaptaciones culturales…

— ¿Cuál es el mensaje para quien desconoce la posibilidad de hacer aliá y para quien duda?

— Creo que este es el momento más crítico en nuestra realidad actual, dejando a un lado el antisemitismo porque la aliá no debería ser por miedo. La aliá debería provenir de un lugar de confianza en uno mismo y de sionismo y es el lugar de fortalecer a Israel. Este es el momento más importante para fortalecer el Estado de Israel. El Estado de Israel se encuentra en un periodo de rehabilitación, tanto desde el punto de vista social y demográfico como por toda la guerra que hubo.Creo que este es el momento más adecuado para venir a fortalecer, desde un lugar sionista, porque los olim tienen mucha fuerza. Cuando hay una ola de aliá grande y significativa, ello influye a la economía, a la demografía, a la política, a la educación de aquí. Necesitamos más maestros, trabajadores sociales, médicos…Hay muchas necesidades en el país, así que puede sonar como «los necesitamos, vengan a nosotros», pero realmente es así ahora. También lo necesitamos por nuestra diversidad: todo el asunto de que hay tensiones en el país, entre izquierda y derecha…Cuando llega una ola de aliá, trae su propia dinámica, color, cultura. Ello termina influyendo… Esto también lo veo en mi barrio: vivo en Modi’in y ahora ha crecido una comunidad francófona que ha fundado una sinagoga y una comunidad… Me parece fantástico; antes no era así… Creo que es muy importante y diverso.

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