Itongadol (Por Daniel Berliner, desde Israel).- Orí es un oficial reservista de infantería de combate de las Fuerzas de Defensa de Israel que resultó herido durante la guerra de Gaza y se rehabilita en Beit Halojem, pero su recuperación va más allá de las lesiones físicas y del estrés postraumático, ya que se propone concientizar sobre este trastorno del que poco se habla y menos se sabe. Al respecto conversó con Itongadol en la siguiente entrevista.
— Conocí Beit Halojem después de haber sido herido y liberado (del servicio militar). Sufrí lesiones en tres oportunidades: el 7 del 10 estuve en (el festival) Nova, el 14 del 10, y se me desató el estrés postraumático casi dos años después. Y me dieron la baja del Ejército hace dos años.
— ¿Era soldado el 7 de Octubre?
— Era soldado de carrera, comandante de compañía. En el Ejército tenés días de Shabat en los que te quedás encerrado en la base y otros en los que te vas a casa. Ese justo fue uno en el que salí a casa, así que me fui a la fiesta… No tenía uniforme ni arma y salí a inspeccionar (tras las sirenas de alerta terrorista)… Todas mis habilidades como militar entraron en juego porque entendí muy rápido lo que estaba pasando y supe llamar a mis comandantes para decirles: «Hay un incidente ahora mismo, una fiesta en esta y aquella zona», que iba a morir y que apuraran un reemplazo para mi en la compañía. Supe leer el terreno y entender que lo más inteligente sería huir en dirección a Gaza. Atravesé un intento de secuestro y zafé de él. Logré rescatar a unas 20 o 30 personas allí. Al mismo tiempo, me dispararon mucho y no me dieron, pero luego fui herido en la cara y en una mano por el impacto de una (granada antitanque) RPG disparada por un terrorista de la Nukhva (la fuerza de élite de la organización terrorista palestina Hamás) en mi dirección. Realmente sentí que de repente me había explotado en la cara… De hecho, milagrosamente, solo un fragmento del misil me cortó toda esta parte de la cara y le erró a los ojos y otra esquirla se me clavó en una mano… Llegué al hospital. Como Soroka (en Beer Sheva) estaba tan lleno y no entendían qué me pasaba porque tenía mucha sangre en la cara, me dijeron: «Andá a limpiarte». Me metieron en un quirófano y sencillamente cuidé de mí hasta que me vio un médico. Pensaba que solo tenía algo en la cara y en el hospital supe que también tenía algo en la mano. El médico me dijo: «Escuchá: tu situación es relativamente buena comparada con lo que está pasando aquí. Andate a casa y que te atiendan en otro hospital». Al día siguiente ya estaba con mi compañía. Me pusieron apósitos en la cara y la mano y volví a tomar un arma y combatir. Ese mismo 7 del 10, mi batallón tomó el sector egipcio que limita con el segundo sector de Gaza, y al día siguiente tomó Egipto y parte de Gaza simultáneamente. Mi rol era de comandante de compañía, combatiente, pero hice una reconversión profesional al mundo de la logística, así que me convertí en comandante de compañía de la Unidad de Logística y, básicamente, deambulaba constantemente por mi base, que estaba en el sector egipcio. Ya sea que se tratara de municiones, equipamiento, comida, todo lo necesario para quienes estaban en Gaza iba a buscarlo y regresaba, y en ocasiones, también me quedaba en Gaza, en el puesto de mando de emergencia. Y una semana después volví a ser herido allí… Realmente fue pasar de cero a cien… Hoy soy la persona más feliz del mundo y todo funciona a la perfección…
— ¿Qué edad tenía?
— Ahora tengo 27 años y cuando esto empezó tenía 25… De hecho, una semana después del 7 volví a resultar herido gravemente en la palma de la mano en la Periferia de Gaza. Fui al hospital y regresé esa misma noche. De hecho, seguí un mes y medio con las tres heridas y poco a poco empecé a sentir que estaba perdiendo la sensibilidad en la mano, que no la sentía… Yo todavía actuaba normalmente y todo iba bien. Después de un mes y pico, me dirigí a mi comandante y le dije: «Escuchá, Iván: no siento mi mano. Logro arreglármelas porque soy duro como un árbol, pero no la siento». Me dijo: «Andate volando al hospital». Llegué al hospital y al principio no entendían lo que tenía, ni qué estaba pasando, ni qué lo causaba. Pasé a un departamento para todo tipo de lesiones inexplicables, con paneles de muchos médicos que analizaron mi lesión desde cero e intentaron comprender qué sucedía. Se dieron cuenta de que como consecuencia de la lesión, tenía una arteria obstruida que había impedido el paso del flujo sanguíneo por muchas horas y había afectado al cuello. Elegí no hacer la rehabilitación en el hospital. No quería caer en la mentalidad del «estoy lesionado», del «no puedo», del «me cuesta», y elegí irme y hacerlo en casa. Creo que ya habían aparecido los primeros síntomas del estrés postraumático, pero realmente no sabía decirlo. Vivía solo, así que durante un mes y medio realmente me dediqué a entrenar…
— …¿Tiene familia?
— Sí… Mi padre falleció cuando era un niño y me fui de casa aproximadamente a los 14 años. Estoy en contacto con mi mamá, pero ya no vivo en casa… De hecho, aprendí a mover la mano de nuevo… Cuando terminé la rehabilitación, volví al Ejército, tuve otro rol y luego asistí a un curso para comandantes de compañía; de hecho, el primero de las FDI durante la guerra. Por lo general, un curso para comandantes de compañía es más divertido que la academia militar: vas, estudiás y volvés a casa. Es muy agradable y divertido, pero el nuestro fue intensivo porque todos veníamos de situaciones de combate muy difíciles y estábamos aprendiendo técnica militar. Fuimos a Gaza, el Líbano, Siria, y practicamos la técnica militar en la realidad. Terminé el curso y pasé a ser comandante de una unidad especial que se ocupa de la guerra electrónica…
— ¿Cómo se explica que un soldado que ha atravesado situaciones tan difíciles haya vuelto al servicio una y otra vez?
— Daré el mejor ejemplo: el 8 del 10 -de hecho, al día siguiente de Nova- decidí volver a la base. En esa época estaba viviendo en Ramat Gan. Viajé hasta Mitzpé Ramón. La mente trabaja y tratás de relajarte por un momento, pero es como que incluso cuando estás herido, siempre está el «quiero escaparme de este país», «no me quiero quedar aquí», y por otro lado, me digo que tengo una responsabilidad. Y eso te acompaña: la tensión entre el querer escaparte de aquí y el comprender que si me escapo de aquí, entonces quién cambiará la realidad, quién luchará, quién protegerá al hogar… Llego a Mitzpé Ramón y un coche me está esperando y me recoge. El viaje desde Mitzpé Ramón hasta la base duró 40 minutos. En el coche hay cuatro soldados míos. Estoy sentado adelante y lloro los 40 minutos. Sencillamente lloro por mi vida… Ni bien llego a la puerta de la base, respiro hondo, dejo mis cosas en la habitación y entro a la oficina, tratando de entender lo que está pasando… Ir y venir. Ir y venir… Hoy, cuando pienso al respecto desde el punto de vista en el que me encuentro, digo: «¡Vamos! Es absurdo», pero en el punto en el que estaba, y sigo estando, existe la comprensión de que hay algo en la esencia israelí, y solo en la de aquí, que sabe dejar de lado el dolor personal y entender que hay momentos en que el dolor nacional es más importante que el personal. Y te encontrás con eso en muchos momentos, en los que entendés que tu dolor no debe ser subestimado, es importante, pero queda empequeñecido frente al de todo el país… Eso realmente me acompañó a lo largo de todos los períodos y los roles hasta que finalmente se desató mi estrés postraumático, cuando mi dolor personal ya había superado a todo lo demás. De hecho, eso me paralizó e incluso hoy me dedico mucho a tomar mi dolor personal y ver cómo ayudo con eso, cómo lo convierto en algo positivo. Es algo que te acompaña todo el tiempo: ¿cómo tomás lo personal y tratás de convertirlo en algo positivo dentro de esta historia? Y es ahí donde también me agarró Beit Halojem: en un lugar de comprensión de que tengo conexiones y habilidades y de que la experiencia que tuve es completamente absurda e ilógica, pero por otro lado, tiene sentido en la realidad en la que vivimos y se la puede redirigir hacia un lugar positivo. Conozco gente y sé cómo ir a sentarme con ellos y decirles: «Entiendo por lo que están pasando porque estuve ahí. Sé cómo ayudarlos a superarlo también y a crecer a partir de todo este trauma para llegar a lugares que no creían que existían». Es un proceso muy difícil… Soy una persona independiente desde joven, que se conocía a sí misma y había explorado, volado y viajado, y a los 25 años empezó todo este caos. Era una persona estable, que sabía cuáles eran sus metas, qué quería, qué le gustaba y qué no, y a los 27 años, después de que se desatara mi estrés postraumático y, de hecho, me dieran de baja (del Ejército), me encontré volviendo al punto de partida, sin saber qué quería, qué me gustaba… Todo lo que había construido realmente se había derrumbado y tuve que empezar todo de cero, redescubriendo qué me hacía bien y qué no. Realmente es un proceso de crecimiento personal de nuevo…
— ¿Qué es el trastorno de estrés postraumático?
— Es una pregunta difícil de responder porque una vez que resultás herido y perdés una mano, a) vas al hospital, donde saben sacar un libro y decir lo que pasó; a mí no. Y b) saben decir médicamente qué se hace desde ahora hasta dentro de cinco años: hay que ir allá, hacer esto y esto y esto y esto y esto. Está claro cuáles son las limitaciones y de qué se trata; conmigo no se sabe. Me ponés aquí y ponés allá otro (caso de) estrés postraumático y son dos mundos distintos y cada uno requiere un tratamiento diferente. Sencillamente varía muchísimo entre las personas, aunque sí, mis conocidos y las personas con las que he hablado y sufren la misma lesión que yo tienen síntomas intensos, como ataques de ansiedad, rabietas, insomnio, pesadillas, y eso se va desarrollando… Creo que hoy en día, las cifras son mucho más altas que antes. Ello se ve cuando heridos con estrés postraumático de esta guerra se sientan frente a los de (la operación) Margen Protector o (la Segunda Guerra del) Líbano. El estrés postraumático de la gente de antes es muy específico. Incluso en la terapia con ellos saben cómo abordar el punto clave porque generalmente se origina en un incidente operativo específico donde se generó el estrés postraumático, así que es muy fácil decir: «esta es la raíz, aquí es donde se desató y aquí es donde trabajamos». Mucha gente de esta guerra experimentó… experimenté muchos eventos traumáticos, pero ello no necesariamente es así porque lo que sucede es que estuviste en combate durante tanto tiempo -ahora fueron tres meses en Gaza- y volvés a casa por un mes, entonces tu cerebro no sabe acostumbrarse a lo que está sucediendo, no entiende lo que le está pasando. Empieza a acostumbrarse a patrones de comportamiento diferentes y de repente, vuelve a la realidad y esta no coincide (con ellos). Daré el ejemplo más sencillo: por muy extrema que sea la experiencia que tenga hoy, no alcanzará el nivel de adrenalina que experimenté en esos dos años. Para que mi cerebro experimente la misma adrenalina tengo sueños muy, muy duros porque así secreta la adrenalina y sabe cómo reaccionar. Así que el patrón de pensamiento, al ser tan largo -estar en casa, volver, volver y marcharse y muchas otras cosas-, lo convierte en un fenómeno mucho más amplio y generalizado, incluso para personas que no necesariamente han estado en un incidente de riesgo de muerte extremo, tan solo por los cambios de «estoy en casa, soy un hombre de familia con hijos y luego estoy tres meses con un arma, duermo con los mismos zapatos, en la misma casa, no tengo día ni noche»… Hay incidentes difíciles y también una rutina que simplemente carcome el alma desde adentro… Mi estrés postraumático consiste en incidentes difíciles que experimenté y simplemente un desgaste del alma a lo largo de dos años. No dormir como se debe, estar todo el tiempo bajo presión, no tener certezas… Durante dos años no tuve todo lo que hace a una vida normal y estable, sino una sumatoria de incidentes difíciles: muchos amigos que fueron asesinados, situaciones en las que te encontrás y son muy difíciles, tu vida personal y, además, vivís dos años en una realidad que nunca es estable. Por eso creo que hay mucho más estrés postraumático que antes y que es mucho más complejo.
— ¿Cuál es su relación con Beit Halojem: su problema de estrés postraumático?
— Un poco y un poco… La verdad, la rehabilitación la hago en otro lugar y mi psiquiatra y mi psicólogo no están aquí, pero Beit Halojem es el organismo que me brindó un hogar por un tiempo y amigos que era como que lidiaban con los mismos problemas que yo. Encuentro un espacio compartido, un mismo lenguaje… Si ahora me siento con alguien, incluso con un psicólogo, tengo que explicarle muchas cosas, pero si agarraran al azar a cualquier persona por el pasillo y la sentaran aquí, entablaríamos una conversación…
— ¿Cómo llegó aquí?
— De hecho, cuando te hieren, la organización se pone en contacto contigo y, básicamente, te dice: «Conoceme. Soy el organismo responsable de vos»… Llegué aquí vez hace aproximadamente un año y medio y no me sentía cómodo porque quedé muy conmocionado: de repente vi a muchos heridos y este es un problema para los «postraumáticos», a quienes les resulta difícil el ambiente y la gente. Vine a una conferencia para soldados solitarios y empecé un proyecto de Beit Halojem con una fundación que me asignó un mentor durante un año, lo cual me interesó, y poco a poco empecé a conocer Beit Halojem. De repente me surgió la idea de ir a estudiar y la semana que viene es el cierre: terminé el proyecto Atlas, con la Universidad Reichman.

— ¿Qué vio en Nova?
— Responderé de dos maneras. Creo que, por un lado, vimos la maldad humana en su máxima expresión, y sin entrar en demasiados detalles: asesinatos, violaciones, profanación de cadáveres…Realmente, el extremo más lejano que puede alcanzar la humanidad, la maldad más pura, sin fundamento alguno. Digo que es la maldad humana en su máxima expresión porque si ahora un hombre se enfrentara a otro, ambos armados, en una guerra, estaría bien; pero si diez personas armadas atacan a una joven y hacen con ella lo que quieren, no hay honor en eso, no hay nada excepto pura maldad… Ahora bien, si pudiera decir: «solo se trata de un grupo específico de personas»… Yo zafé de un intento de secuestro. No intentó secuestrarme la Yihad (Islámica Palestina), Hamás (u otro grupo terrorista), quienes intentaron secuestrarme fueron nueve civiles gazatíes que atravesaron la valla (de seguridad) y vinieron a raptarme… En resumen, lo que experimenté fue odio puro, tan puro que no deja lugar alguno al diálogo o la conversación… Y algo más, la maldad humana en su forma más, más , más severa y humillante que hay porque hubo: matar a una persona, matar a una persona y profanar su cuerpo, matar a una persona, entrar y robarle sus pertenencias y saquearla, matar a una persona y violar su cadáver… Hay cosas que la humanidad no debería hacer… La calidad humana… Y no importa si es D’s, Jesús, Mahoma o qué divinidad sea, nadie, en ningún lugar y bajo ningún punto de vista viene a este lugar como si fuera lo más bajo de lo bajo… Y por otro lado diré: incluso ese día vi cómo nuestra gente estaba exactamente en el otro extremo para contrarrestar toda esa maldad, cómo sacrificaron su vida para salvar a tantos como fuera posible, cómo tomaron decisiones muy difíciles para salvar, para proteger a las chicas, para realmente sobrevivir… La cantidad de veces que me tiré sobre gente para que me dispararan a mí y no a ellos es interminable, y no fui el único… Así que el mismo día experimenté, por un lado, la mayor maldad humana respecto de los judíos que creo que el hombre ha conocido desde la Shoá, y por el otro, vi el lado bueno del ser humano, de los israelíes, de los judíos, que hicieron de todo para preservar el honor judío y tratar de proteger tanto como fuera posible a aquellos que se pudiera y a aquellos que no podían hacerlo por sí mismos… Desde nuestra perspectiva, creo que: a) este es uno de los actos terroristas más duros que el mundo haya conocido, creo que es el más grande en su escala, y b) los judíos debemos entender que, al fin de cuentas, es imposible que nos vean como al resto del mundo. Somos un solo país, con X cantidad de personas, y no tenemos más que eso… (La Masacre del 7 de Octubre) estuvo dirigida contra el judaísmo, contra el sionismo, y tenía la intención de exterminarlos y degradarlos tanto como fuera posible. Por eso las acciones fueron tan impactantes… No era cuestión de exterminar solamente, sino de exterminarnos y humillarnos de una manera…
— ¿Puede ser que el auge del antisemitismo se deba a que ven que el pueblo judío o el israelí ahora es fuerte y no como durante la Shoá?
— Nos hemos pasado la vida hablando del antisemitismo, lo cual implica pensar que siempre fuimos pisoteados porque éramos débiles. Creo que a lo largo de la historia no fuimos débiles, sino fuertes, mejores, y por eso somos quienes somos. Y hoy creo que el antisemitismo está tan alto porque miran el país y ven lo que ha experimentado en dos años y no solo que no se derrumba, sino que se fortalece. Nos golpearon, pero veo a toda nuestra generación joven alzándose, plantándose y luchando contra todos los países que quisieron entrar. Así que nos pusimos de pie y defendimos lo nuestro. Creo que hoy el antisemitismo no proviene del «no hay que compadecerse de ellos, pobrecitos», sino que los países del mundo miran y se preguntan: «si son así en el momento más difícil de sus vidas, cuando todos los países se alzan contra ellos e intentan acabar con ellos por todos los medios, ¿qué pasará dentro de 100 años?».
— ¿Cuál es el secreto?
— Durante un tiempo estudié los escritos del rabino (Abraham) Kook y hay un libro que realmente habla de la conexión del pueblo judío consigo mismo, con la Tierra de Israel, con el Santo, Bendito Sea, y creo que hay algo en el ADN del pueblo que hace que sepa quién es y cuál es su historia, por lo que es necesariamente mejor. Incluso hoy en día, cuando miramos el mapa geopolítico y vemos a todas las naciones del mundo, un pueblo que se ha mantenido fiel a sus principios a lo largo de los años es un pueblo más estable, más seguro, etc…. El fenómeno que está ocurriendo en los Estados Unidos y Europa es que la gente está perdiendo su identidad. El pueblo judío, a lo largo de todos los años, nunca ha perdido su identidad, así que siempre será mejor porque sabe quién fue su abuelo y quién fue el abuelo de su abuelo y lo que hicieron. Así, solo tiene la capacidad de avanzar, no tiene forma de retroceder ahora. Creo que tu historia, con la que creciste, es lo especial de esto, lo que nos hace entender que somos un solo huerto y que si veo que alguien necesita ayuda, voy a ayudarlo. Podría encerrarme en casa con mi experiencia y no importarme que haya gente que lidie con el mismo problema que yo, pero no, sí me importa porque entiendo que son mis hermanos. Creo que al hacer esto se comprende que soy parte de un pueblo, de una nación, de algo, y en el momento que soy parte de algo, entonces soy necesariamente más fuerte. Siempre está el ejemplo de los espaguetis, que si agarrás uno y lo (tratás de romper), se rompe, pero si agarrás cien, no se rompen… Ese es el pueblo judío: la percepción en la cabeza de que no soy uno solo.
— ¿Dónde está D’s?
— Por fuera, soy un joven tatuado, que mañana podría mudarse a Berlín y triunfar allí… Pasé momentos muy difíciles, en los que miraba y decía tipo: «¿qué está pasando?». Por otro lado, Él me salvó muchísimas veces, en muchísimas situaciones en las que éramos 10 personas y yo era el único que quedaba con vida… Y eso no pasó una, dos o tres veces… Esto no tiene nada que ver con la religión, pero también puede ser por eso: cada persona está donde se encuentra a sí mismo en este mapa. Creo que necesito tener algún tipo de conexión con algo superior porque, al fin de cuentas, entiendo que soy un ser humano y hay algo por encima de mí. Para mí es D’s… ¿Acaso ahora cumplo con todas las mitzvot (preceptos)? No. ¿Acaso creo en todo? No, pero sé que hay algo que me acompaña, me protege y es parte de mí. Se lo llama «física», se lo llama de muchas maneras, y al fin de cuentas, tengo una relación con Él y creo que eso es parte del ser judío. Es como que aunque sienta nostalgia, haga fiestas y lo que quiera, yo formo parte de un pueblo que tiene su legado y su historia y no me avergüenzo de eso.
— Para terminar, una sola palabra: futuro…
— Futuro… Justo hoy, en la etapa en la que estoy, reconstruyendo realmente mi futuro de una manera buena y saludable, me veo en el futuro llevando mi experiencia personal a un lugar donde demuestre cómo no llegar allí, cómo nosotros, como seres humanos en general, podemos mejorar y hacerlo mejor, cómo podemos ayudarnos más los unos a los otros y tomar por un segundo el potencial que tengo y convertirlo en algo más amplio… Ese es mi futuro: quiero influir, quiero cambiar, aunque sea a una persona o a diez. Al fin de cuentas, desde mi punto de vista personal, tenés éxito si lográs que una persona cambie un poco de su vida…

