La propia flotilla siempre estuvo diseñada como una provocación. Sus organizadores buscaban confrontación y publicidad, con la esperanza de producir imágenes que alimentaran acusaciones contra Israel y reavivaran la indignación internacional por la guerra en la Franja de Gaza.
Itongadol/Agencia AJN.- (The Jerusalem Post) No es difícil encontrar actores hostiles en los medios internacionales, activistas antiisraelíes y gobiernos extranjeros ansiosos por agravar el daño reputacional que Israel sufrió desde el 7 de octubre de 2023 y las guerras posteriores, utilizándolo como herramienta para aislar aún más al Estado judío, independientemente de sus acciones.
Pero con demasiada frecuencia, un ministro del gobierno israelí hace todo lo posible para facilitarles enormemente el trabajo.
La conducta del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, en torno a la interceptación de la flotilla con destino a la Franja de Gaza la semana pasada, encapsuló perfectamente el proceso de toma de decisiones que marcó su gestión: una vez más eligió descuidar sus responsabilidades como miembro del gabinete para complacer a su base de extrema derecha con clips en redes sociales, entregando a los críticos de Israel exactamente las imágenes, la retórica y el simbolismo que buscaban.
En videos compartidos por el propio Ben-Gvir y por periodistas israelíes, se ve al ministro burlándose de los activistas detenidos de la flotilla mientras avala y alienta el trato severo mostrado por algunos oficiales en las grabaciones.
Un video publicado por el ministro muestra a oficiales obligando a una activista a tirarse al suelo después de que ella gritara “free, free Palestine”.
Otra grabación muestra a Ben-Gvir amenazando a los activistas en hebreo mientras permanecen arrodillados en el piso con las manos atadas detrás de la espalda con precintos. En otra, agita banderas israelíes mientras declara: “Mírenlos ahora. Vean cómo están ahora, ni héroes ni nada… ¡Bienvenidos a Israel! Nosotros somos los dueños de este lugar”.
La flotilla siempre fue una provocación; Ben-Gvir les dio lo que querían
La propia flotilla siempre estuvo diseñada como una provocación. Sus organizadores buscaban confrontación y publicidad, con la esperanza de producir imágenes que alimentaran acusaciones contra Israel y reavivaran la indignación internacional por la guerra en el enclave costero palestino.
Entonces apareció Ben-Gvir y les dio precisamente lo que querían.
Las imágenes se difundieron rápidamente en medios internacionales y redes sociales, y la reacción diplomática fue inmediata.
El embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, afirmó que Ben-Gvir había “traicionado la dignidad” de Israel. A su vez, diplomáticos israelíes fueron convocados para dar explicaciones en Italia, Francia, Canadá, Países Bajos y el Reino Unido, entre otros países.
Asimismo, Francia se sumó a Italia en la prohibición de ingreso de Ben-Gvir al país, mientras el ministro de Exteriores francés, Jean-Noel Barrot, instó al resto de la Unión Europea a hacer lo mismo.
Las acciones del ministro de Seguridad Nacional israelí fueron demasiado incluso para algunos de sus compañeros de gabinete.
El ministro de Relaciones Exteriores, Gideon Sa’ar, emitió una dura condena a la conducta de Ben-Gvir, acusándolo de perjudicar deliberadamente a Israel mediante un “espectáculo vergonzoso, y no por primera vez”.
El primer ministro Benjamín Netanyahu también reprendió a Ben-Gvir en comunicados difundidos tanto en hebreo como en inglés —algo poco habitual— en los que aseguró que las acciones del ministro “no están alineadas con los valores y normas de Israel”.
Sin embargo, hasta el momento Netanyahu evitó los pedidos para destituir al ministro de Seguridad Nacional, pese a años de controversias crecientes e incidentes reiterados que dañaron a Israel tanto diplomáticamente como a nivel interno.
Con las consideraciones políticas acumulándose, no es difícil entender por qué. Netanyahu está decidido a prolongar la supervivencia de su coalición el mayor tiempo posible, y Ben Gvir sigue siendo políticamente útil.
Además, el primer ministro casi con certeza necesitará el apoyo de Otzma Yehudit, el partido que Ben Gvir lidera, si el Likud espera formar otra coalición después de las próximas elecciones.
El comportamiento escandaloso de Ben Gvir durante el incidente de la flotilla sirve como un recordatorio —ojalá definitivo— de que, durante su mandato, se comportó exactamente como sus críticos advirtieron cuando ingresó por primera vez al gobierno.
Durante casi cuatro años como ministro de Seguridad Nacional, salvo una breve interrupción el año pasado, Ben-Gvir socavó repetidamente la posición internacional de Israel mientras alimentaba tensiones dentro del país.
Su conducta convirtió constantemente situaciones delicadas de seguridad y diplomacia en oportunidades para el teatro político.
Su retórica y sus políticas también facilitaron el trabajo de quienes buscan demonizar a Israel, al presentarlo como la cara del país y de su población.
Desde el 7 de octubre, Israel no solo libra una guerra militar, sino también una política y diplomática. Un ministro que sabotea repetidamente ese esfuerzo es tanto un inconveniente político como una carga.
Si Netanyahu realmente quiere que los israelíes crean que sus decisiones están guiadas únicamente por lo que es mejor para el Estado de Israel, entonces Ben Gvir no puede permanecer en el poder ni un día más.

