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LA BATALLA FINAL: EL LIKUD CONTRA EL ESTADO PROFUNDO ISRAELÍ

Por Gustavo Beron
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Itongadol.- Cómo la Corte Suprema pretende dinamitar la democracia desde adentro

La crisis jurídica que estalló esta semana no es un capítulo más en la eterna tensión entre poderes. Es, sin rodeos, el enfrentamiento más grave en la historia del Estado de Israel entre un gobierno democráticamente electo y una élite institucional que se siente por encima del pueblo que no eligió.

15 jueces por encima de un gobierno electo

La Corte Suprema congeló la destitución de la asesora legal del Gobierno y avanzó con una audiencia sin permitirle al Ejecutivo elegir su propia representación legal. El Gobierno pidió un abogado independiente. La Corte respondió: “No”.
“Nosotros mandamos. No importa lo que votaron nueve millones de ciudadanos.”

Quince jueces, sin responsabilidad pública y sin elección democrática, se arrogan el poder de vetar decisiones ejecutivas, bloquear políticas nacionales e imponer su ideología sobre las instituciones electas. Esto no es equilibrio republicano: es la desconexión deliberada del Estado respecto de su propia democracia.

El Estado Profundo israelí: anatomía de un poder paralelo

El episodio revela lo que muchos intuían: Israel tiene un Estado Profundo consolidado, autoprotegido y alimentado por fuentes internas y externas.

-Corte Suprema y Fiscalía del Estado:

Jueces que se cooptan entre sí; asesores legales intocables; capacidad para frenar cualquier decisión del gobierno.

-Oficiales y exoficiales desplazados:

Convertidos en analistas o activistas disfrazados de expertos, todos alineados políticamente.

-Universidades radicalizadas:

Importaron el modelo progresista de EE.UU. y Europa. Ya no hacen crítica: hacen militancia.

-Medios militantes:

Operan como brazo comunicacional del sistema judicial y académico.

-ONGs con máscara humanista:

Hablan de derechos humanos mientras empujan una agenda antiidentitaria.

-Un ejército cuya dirigencia falló el 7 de octubre:

Tal como señala el Informe Turgeman, priorizó intereses internos por sobre la seguridad nacional.

El financiamiento externo: ingeniería social con un objetivo político

Este sistema no se sostiene solo. Detrás hay dinero —y muchísimo— proveniente del New Israel Fund, Soros, redes de Werner y fundaciones progresistas globales.

Financian ONGs, activistas, universidades, campañas mediáticas y litigios estratégicos para imponer su agenda sin pasar por las urnas.

El feudalismo judicial: el mecanismo que blinda su poder

La Corte Suprema controla quién entra. Para nombrar un juez del Supremo se requieren 7 de 9 votos del Comité de Selección:

  • 3 jueces del propio Supremo
  • 2 representantes del Colegio de Abogados
  • 2 ministros
  • 2 miembros del Parlamento
    Los jueces y abogados tienen poder de veto. El gobierno electo NO. Resultado: un sistema cerrado, autorrenovable e inamovible. Un feudo judicial.

La batalla por el futuro: democracia vs. tecnocracia judicial

Si gana la Corte, Israel será una tecnocracia judicial donde 15 personas deciden por 9 millones.

Si gana el gobierno electo, Israel seguirá siendo lo que nació para ser: el hogar nacional del pueblo judío, conforme al legado de Ben Gurion, Weizmann y la Declaración de Independencia.

Conclusión: una encrucijada histórica

Israel está al borde de un cambio irreversible. No es derecha o izquierda: es democracia.

El Gobierno es hoy el único actor que enfrenta frontalmente al Estado Profundo. La decisión que tome Israel definirá si será gobernado por sus ciudadanos o por élites no electas.

No estamos ante una crisis más. Estamos ante la batalla por el alma del Estado de Israel.

El presidente Herzog tiene la solución o la complicación en sus manos. Sin ganadores ni perdedores inmediatos. El indulto solucionado por Trump.

Autor León Halac

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