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AMIA/Encubrimiento. Un testigo casi sordo y dos que decepcionaron resultaron en audiencia muy corta

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Itongadol/AJN.- La de ayer, jueves, fue otra prometedora audiencia del juicio oral y público por encubrimiento de autores o cómplices del atentado a la AMIA que terminó en un breve fiasco.
 
El primer convocado fue Abdala Nasra, quien fue testigo de los allanamientos realizados el 1° de agosto de 1994 en el negocio y la casa de Alberto Jacinto Kanoore Edul, un personaje clave de la mal investigada “pista siria”.
 
El día anterior, el destituido juez Juan José Galeano había ordenado ingresar a tres domicilios para arrestar al sospechoso y otras personas involucradas y secuestrar documentación, agendas, explosivos u otros elementos que pudiesen ser de interés para la investigación.
 
El mandato judicial autorizaba los allanamientos a partir de la medianoche, pero el registro de Constitución 2695 recién se efectuó a las 17.20 hs., solo por parte del entonces oficial ayudante Claudio Camarero -según el acta- y con la presencia de los testigos Nasra y Daniel Francica; allí se arrestó a Kanoore Edul y se secuestraron dos agendas, un anotador, diez casetes de audio, etc.
 
Pese a que la lógica y la práctica policial indican que los procedimientos debían ser simultáneos, para evitar evasiones u ocultamientos de pruebas, el de Constitución 2745 fue llevado a cabo a las 19.30 hs. y solo por el entonces principal Carlos Salomone -según las constancias-, pero con los mismos testigos; tras una “minuciosa requisa del inmueble” nada se incautó.
 
Finalmente y en forma inexplicable, no se ingresó a Constitución 2633, “por tratarse del domicilio y comercio del padre” y “debido al resultado obtenido en las restantes” incursiones, según quedó asentado en el expediente.
 
Esta pìsta fue virtualmente abandonado enseguida y recién fue retomada por Galeano en 2000, en medio de serios cuestionamientos a su accionar y cuando Carlos Menem ya no era Presidente de la Nación.
 
Ejemplo de ello es que jamás citó a Francica para que declarara y a Nasra solo le preguntó por qué aparecía en la agenda de Kanoore Edul, de quien era vecino.
 
Ambos testigos recién comparecieron en 2005, cuando el destituido juez ya había sido apartado y la causa había sido delegada en la Unidad Fiscal por entonces a cargo del fallecido Alberto Nisman.
 
En esa oportunidad, Nasra contó que mientras los efectivos revisaban “los papeles” de Constitución 2695, su dueño estaba sentado en el escritorio, tranquilo y sonriente, y que el trato entre ellos era “muy ameno, con alguna nota risueña”.

Luego, todos fueron a la casa de Kanoore Edul, con él mismo detenido, donde el testigo creía que solo revisaron el dormitorio, aunque no podía asegurarlo, y el padre del sospechoso tomaba café y conversaba con los policías.

Allí mismo, en el comedor, se confeccionaron las actas de ambos allanamientos, a cuyo cargo estaba Salomone, especificó.
 
Sin embargo, hoy Nasra no pudo ratificar sus dichos, dado que debido a su avanzada edad no escuchaba ni entendía lo que le decía el presidente del Tribunal Oral Federal Nº 2, Jorge Gorini, razón por la cual su testimonio fue desistido por las partes que lo habían pedido.

Luego fue el turno de Norberto Godoy, quien fue empleado administrativo de Aliantex, la firma textil que tenía Kanoore Edul, con otras dos personas, en una oficina de la planta baja de Constitución 2695, y solía hacer trámites fuera de la misma.
 
“Un día llegué al comercio y había gente de la Policía en la entrada, uno de los cuales me preguntó por Kanoore Edul; les dije que no estaba y cuando me retiré, seguían en el lugar”, precisó quien obviamente no presenció el allanamiento y dijo no recordar más detalles al respecto.
 
Más allá de ese procedimiento, el testigo contó que para la época del atentado su jefe quería comprar una camioneta nueva para retirar o entregar mercadería, ya que la que tenía su padre era muy vieja y “se quedaba todo el tiempo”, para lo cual “tenía una carpeta con números (telefónicos) para llamar”, pero él no era el encargado de conseguirla, como adujo Kanoore Edul en su indagatoria, lo cual motivó un careo entre ambos, en 2000.
 
A pesar de que éste lo señaló como su chofer, Godoy lo negó y afirmó que “cualquiera podía usar el auto”, donde “había instalado un celular”, desde el cual alguien llamó a Carlos Telleldín, el último poseedor conocido de la camioneta-bomba, para preguntarle por una Trafic el 10 de julio de 1994, el mismo día que éste asegura que la vendió.
 
El testigo ratificó que él no lo hizo, ni llamó a su jefe porque “no trabajaba los domingos”.
 
Por otra parte, expresó no saber si los Kanoore Edul tenían relación con los Menem o los Yoma, ex familia política del entonces Presidente de la Nación.
 
“La empresa cerró y fui el último en enterarme”, así que “no volví a verlos”, aclaró hacia el final de su breve testimonio.
 
Las vinculaciones políticas del padre homónimo de Kanoore Edul, que explicarían por qué se abandonó la “pista siria”, debían confirmarse con el testimonio de Carlos Gardiner, quien fue secretario adjunto de la Cámara de Comercio Argentino-Árabe entre 1973 y 1996, período durante el cual el aludido fue casi todo el tiempo tesorero y por ello conoció a toda su familia, con la cual tenía “una relación muy amena”, pero la credibilidad del testigo quedó seriamente en duda al avanzar su relato.
 
A poco de comenzar a hablar, captó la atención general al referirse a “situaciones extrañas” que presenció en su trabajo, fundamentalmente vinculadas con el accionar del mencionado dirigente, fallecido en 2010, como que “durante la presidencia de Menem entraba y salía quincenalmente de la Casa Rosada, donde entraba sin anunciarse, como si fuera parte del gobierno, y de la SIDE”, en referencia a una sede de la desaparecida Secretaría de Inteligencia del Estado sita en la calle 25 de Mayo, a metros de la entidad binacional; “le llevaba empanadas árabes” al entonces mandatario, con quien tenía una amistad de más de 30 años; “en la Casa Rosada también visitaba a Munir Menem”, hermano del anterior; vio “un sello de la SIDE en un Libro de Actas”; y “gente de la SIDE, de Presidencia y de las embajadas del Líbano, Siria y Marruecos iban a la Cámara desde la década del ’70, para reuniones a puertas cerradas”, a las que solo entraba “para llevar café”.
 
Éstas se incrementaron “después del atentado, en 1995 y 1996”, con “gente de la SIDE y relacionada con Menem, que me presentó el presidente de la Cámara, Juan Chacra, fallecido en 2014”, pero “cuando pedí explicaciones, Kanoore Edul padre me dijo que si seguía preguntando, perdería el trabajo”, aseguró Gardiner.
 
“Creo que ello fue después de que tuve el placer de hablar como seis horas con el fiscal (fallecido Alberto) Nisman, quien me citó para saber qué conocimientos tenía cuando todavía estaba en la Cámara”, lo cual no es cierto, ya que fue en 2005, y además, para octubre de 1996 el funcionario todavía no trabajaba en la causa.
 
Luego el testigo fue por más: “La Cámara era una pantalla de actividades que no debía hacer, pero con esos contactos estaba cubierta ante la Justicia” porque “Menem y su hermano taparon cosas”, y si bien con el transcurso de su explicación parecía que se refería solo a irregularidades administrativas, luego agregó que ambos “desviaron la causa” del atentado, lo cual fundamentó en su experiencia en el lugar, su relación con los protagonistas y una “investigación” personal que encaró porque “quería saber qué pasó”, dado que lo “afectó mucho la situación” de la familia, ya que se “comportó excelentemente bien” con él, si bien más adelante precisó que su pesquisa se limitó a leer publicaciones en Internet.
 
Por otra parte, Kanoore Edul “era lavador de cuerpos y miembro del Centro Islámico y tenía una excelente relación con los Yoma y una muy fluida y directa con la embajada de Siria”, agregó Gardiner, que nada pudo aportar sobre el vínculo entre su hijo y Menem y dijo no haber hablado con la familia sobre el atentado, aunque en 1995 el imputado lo invitó a su negocio para charlar, delante de su hermana, Alicia, porque “estaba muy asustado y preocupado por que lo investigaban” por ese tema.
 
“Saqué fotos de la reunión con mi celular porque empecé a sospechar de él; era uno blanco que me robaron cuando me quedé dormido tomando un café en una estación de servicio”, explicó, pese a que para esa época esos aparatos no contaban con cámara.
 
“Se lo conté a Nisman, pero no le hablé de mis sospechas sobre Kanoore Edul; tuvieron que romper cinco veces mi declaración por malas interpretaciones”, recordó el testigo.
 
El imputado “tuvo una camioneta Mercedes Benz, después la Ford F100 (sic) del atentado y después otra Mercedes Benz”, informó Gardiner, quien se refirió al vehículo utilizado en el ataque a la Embajada de Israel y no al de la AMIA, aunque después cambió su versión por el rodado correcto: “conocí la Trafic blanca”, pero generó más dudas sobre su verosimilitud.
 
El testigo pudo haberse confundido, dado que hay exactamente una década entre los dos episodios más controvertidos, si bien insistió una y otra vez con vincularlos temporalmente; ser un mitómano o haber buscado vengarse de quien fuera tesorero de una entidad cuyo presidente un día le informó que ya no le “podían pagar”, además de probables incumplimientos laborales que Gorini no le permitió relatar, pero éstas no son más que conjeturas que difícilmente puedan corroborarse.
 
Por lo pronto, el próximo lunes declararán tres ex policías federales que se desempeñaron en el Departamento de Protección del Orden Constitucional: Carlos Heise, José Portaluri y Humberto Almerich.

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