Inicio NOTICIAS Entrevista. Rabino argentino Daniel Ben Ytzjak, habitante de Jerusalem: “Vivir en Israel es mucho más maravilloso que peligroso”

Entrevista. Rabino argentino Daniel Ben Ytzjak, habitante de Jerusalem: “Vivir en Israel es mucho más maravilloso que peligroso”

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Itongadol/AJN.- (Por Roxana Levinson, desde Israel. Especial para AJN/Itongadol). El rabino Daniel Ben Ytzjak llegó a Israel desde Argentina hace 30 años. Desde entonces vive en Jerusalem, 15 de esos años en la Ciudad Vieja. En diálogo con AJN, Ben Ytzjak describe la vida cotidiana entre el mercado árabe y el barrio armenio, y cómo se transforma ante una ola de violencia. Los cuestionamientos, las dudas y el orgullo de ser israelí y vivir en Jerusalem.

-¿Cómo es la vida en la Ciudad Vieja, donde entre el barrio árabe y el judío casi no hay separación?

-La vida es absolutamente normal. Normal en los términos de vecindad, tanto con la gente judía como con el mundo árabe y por supuesto que con los armenios. Ningún tipo de problema. Desde ir a comprar a un almacén árabe o a una farmacia armenia, o que tus hijos salen a primera hora de la mañana y vuelven a la una de la madrugada, sin ningún tipo de problema.

-¿Por qué uno elige vivir ahí?

-Uno lo elige igual como decide dejar tu país de nacimiento en algún momento y venir a vivir a Israel. La misma pregunta se puede hacer, por qué ahí, por qué complicarte la vida, cuando en realidad estás viviendo en Argentina, en una situación que en aquel momento era un poquitito más normal que ahora. Sería como una segunda Aliá (inmigración a Israel). Cuando nosotros vinimos a Israel mi esposa estaba en el séptimo mes de embarazo y vinimos con la intención de que todos nuestros hijos nacieran en Jerusalem. Es un tema de ideología, un tema de educación, así me educaron. Siempre vi a Jerusalem como un ideal personal y mis cinco hijos, gracias a Dios, nacieron en Jerusalem. Durante 15 años viví fuera de la Ciudad Vieja y después 15 años adentro de las murallas, y eso se puede entender como nuestra segunda Aliá. La idea también fue que nuestros hijos pudiesen absorber el ambiente de lo que es la Ciudad Vieja, el Kotel no como un lugar turístico sino como algo muchísimo más cotidiano. Puedo decir que es un orgullo, para el que entiende lo que estoy diciendo, que otros judíos del mundo vengan a visitar el lugar donde uno vive.

Es algo extraordinario. La vivencia, el Shabat, la paz que hay en el Shabat, en las festividades, es como estar viviendo en la historia de
Israel. Dentro de la historia de la historia.

-¿Y qué pasa con toda esa paz y todo ese clima cuando de pronto se desata una ola de violencia como la que estamos viviendo ahora, pero que no es la primera?

Lo que uno hace, básicamente es cambiar la rutina, porque cuando entrábamos y salíamos de la Ciudad Antigua, siempre lo hacíamos por el mercado, atravesando el barrio árabe. En esos días, lo que uno se dice a uno mismo y uno le aconseja a los hijos es tomar caminos alternativos, que pueden ser un poquito más largos, pero no buscar problemas. El problema no llega hasta tu casa, sigue existiendo una diferencia marcada por el ejército. Te marcan un límite que te indica que la situación no está calma y hay que esperar unos días, a veces unas semanas. Pero no hay un enfrentamiento abierto y uno no puede salir de su casa.

Por supuesto que se escuchan disparos, se escuchan bombas, se escucha cuando hay problemas en el Monte del Templo. Uno abre la ventana y escucha todo eso, o subis a la terraza de tu casa y lo ves. Ves movimiento policial, ves helicópteros. Pero si no te involucras en todo eso, tu día a día es prácticamente normal.

-¿Es decir que cuando sale de su casa debe pensar por dónde ir para que no lo acuchillen?

-Es cierto, pero creo que en los últimos días lo está diciendo la gente de Kiryat Gat, Petaj Tikva, Yafo y Tel Aviv. Debo confesar que ésta es la primera vez que pienso – y por una cuestión exclusiva de defensa personal – que es una lástima que no tengo la formación como para llevar un arma, simplemente para poder defenderme. Porque hoy, en cualquier semáforo, como pasa en otros lugares donde quizás te pueden robar en el semáforo, aquí ves pasar una persona y pensás si te va a atacar. Son pensamientos que no los tuve durante 30 años y últimamente sí, y no me parece que sea más que prudencia sana, porque la situación ha derivado en eso.

En estos 30 años, te planteaste alguna vez: ¿Cuánto estoy arriesgando a mis hijos? ¿Estoy haciendo lo correcto?
Siempre. Fue una conversación bastante frecuente con mi esposa. Muchas veces hablamos sobre si tenemos derecho o no a poner a nuestros hijos en una situación ciertamente de riesgo. Pero creo que también, junto con eso, uno siente el orgullo de asumir ese riesgo.

El orgullo de ser parte de un pueblo que no se deja vencer y que sigue habitando ciudades donde, desde el exterior te miran como si fueses un loco. Pero ésa es la historia de Israel, nuestra historia.

Hoy en día, la persona que elige quedarse en Israel y vivir una vida normal, sin duda que está arriesgando, y de algún modo es parte de un ejército en el que cada uno ocupa un lugar diferente. Algunos con las armas y otros ayudando a que la rutina continúe, porque eso es lo que los terroristas quieren cambiar.

-En medio de este panorama tan negro, ¿En qué punto podemos encontrar la esperanza de que esta situación vaya a mejorar o alguna vez se resuelva?

En primer lugar, yo no veo un panorama únicamente negro. Vivir en Israel es muchísimo más maravilloso que peligroso. Volvería a elegir vivir donde vivo y hacer lo que hice con mi vida. Quien es consciente de lo que hace, como lo somos mi familia y yo, puede ver también lo maravilloso que es vivir en esta tierra. La mayor parte del pueblo de Israel a lo largo de su historia no tuvo la posibilidad de vivir en la tierra de Israel. Que uno sí la tenga, me parece que eso es… muchísima luz, no únicamente oscuridad.
Con respecto a dónde encontrar la esperanza, yo soy una persona de fe, soy una persona creyente. No te digo que esto se va a resolver. En base a las fuentes judías, no creo que esto se vaya a resolver con un acuerdo entre dos partes, o entre cinco o por una vía diplomática. Yo creo que esto no tiene un arreglo. Hay problemas que se pueden solucionar y hay problemas con los que uno tiene que aprender a vivir. Y éste es un problema que creo que tenemos que aprender a vivir con él. No veo que ni Estados Unidos, ni Rusia ni Europa, ni ninguno de los grandes señores del mundo en este momento puedan proponer algo que sea factible.

Y esto vale tanto para nosotros como para ellos. También para los palestinos, que tienen sus intereses. Yo no estoy juzgando esos intereses y creo que ellos tienen derecho a tener su independencia, su país, lo que sea. Hay que diferenciarlo del terrorismo. El mismo derecho que tenemos nosotros lo tienen ellos, pero no creo que ellos tengan la misma voluntad que han tenido nuestros fundadores. No creo que ellos tengan un Shimon Peres, ni un Ben Gurion, y no creo que hayan tenido nunca ninguno de esos estadistas, humanistas, gente que ve y veía el mundo de un modo diferente. En la historia moderna yo no veo que ellos lo tengan y no creo que lo vayan a tener.
Es mucho más fácil vivir como víctima que construir un país, dirigirlo, tener un ministerio de Salud, tener hospitales, tener escuelas, etc, etc. Es más fácil estar en una posición de “no podemos, no nos dejan” y recibir ayudas, por supuesto millonarias, de todo el mundo.

-¿Le diría a la gente que venga a visitar Jerusalem hoy?

¿A visitar? Les diría que vengan a vivir, que se queden.

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