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Se abrió la polémica: un filme muestra a Hitler lloroso, acorralado y sensible

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Hitler llora. Besa a Eva Braun. Coquetea con su secretaria. Y acaricia al perro, Blondi. Sesenta años después del final de la Segunda Guerra, el cine alemán acaba de romper su tabú más arraigado. Adolf Hitler es protagonista de Der Untergang («La caída»), un filme que da una mirada íntima, algo caricaturesca y polémica al personaje más traumático de la historia alemana.

En dos horas y media que no se hacen largas, el filme relata los últimos días del Tercer Reich, desde el cumpleaños de Hitler, el 20 de abril, hasta el 2 de mayo de 1945. El productor y guionista Bernd Eichinger hizo una reconstrucción histórica basada en el libro Der Untergang, del biógrafo Joachim Fest. También se centra en las memorias de la secretaria de Hitler, Traudl Junge, convertidas en best-séller poco antes de su muerte, en 2002.

Pero «¿se puede mostrar el lado humano de un monstruo?», se pregunta el diario Bild, que ha vertido ríos de tinta sobre esta película que se estrena oficialmente el 14 de setiembre en el Festival de Toronto y el 16 en Alemania. El Frankfurter Allgemeine pone en duda que se pueda permitir —en un país donde están prohibidos los símbolos nazis— sentir simpatía por Hitler. El conservador Die Welt dice en cambio que la película es un ejemplo de «emancipación», «de que la historia ya no les cuelga del cuello a los alemanes».

«¿Los alemanes perdonaron a Hitler?», plantea por su parte el británico Daily Mail. Der Untergang parece reivindicar el sufrimiento de los alemanes en la Segunda Guerra, como hacía Günter Grass al presentar el drama de los desplazados en su novela Im Krebsgang, de 2002.

«El papel de los alemanes como víctimas fue parte de la última fase de la guerra. En ese sentido es legítimo representarlo. Pero sin olvidar la otra parte», declaró el historiador británico Ian Kershaw, autor de una monumental biografía de Hitler, a la cadena de televisión ZDF.

Pero a diferencia de Grass, la película de Eichinger presenta una visión parcial de la historia. Imágenes asociadas a las víctimas —las pilas de cadáveres en Auschwitz, la población de los países invadidos huyendo de sus casas— aquí refieren solamente a alemanes. El personaje que aparece como más valiente y más justo es un médico de las SS, una y otra vez bañado en sangre. La población civil sufre ataques permanentes del ejército rojo, que no se sabe por qué ni en qué condiciones bombardea Berlín.

«La guerra está perdida», dice Hitler, en una interpretación notable del actor suizo Bruno Ganz (el ángel de Las Alas del Deseo, de Wim Wenders). «Hagan lo que quieran», agrega frente a sus generales, lagrimeando, con una temblorosa mano presa del mal de Parkinson. La perspectiva de la película no sale del búnker de la Wilhemstrasse de Berlín, 250 metros cuadrados protegidos por paredes de casi cuatro metros de grosor. Hitler surge como el tirano delirante, que está dispuesto a perderlo todo y llevar al país a la catástrofe, mientras su joven secretaria encarna la «inocencia» de los alemanes comunes que se dejan seducir por su carisma.

La película adhiere ya desde el título a la tesis del historiador Joachim Fest de que lo sucedido en el ’45 no fue una liberación sino un apocalipsis. Y aunque pone en boca de Goebbels la frase «el pueblo así lo quiso», omite la complicidad con la causa nacionalsocialista no ya del ciudadano sino también de la elite y de la burocracia alemana.

Dirigida por Oliver Hirschbiegel, la película —calificada por algunos críticos de «Pasión según Hitler»— es una superproducción de 17 millones de dólares destinada al éxito. Por eso choca aún más que no se mencione para nada el Holocausto. Sólo se sabe de la locura racista nazi por alguna arenga de Hitler en contra del «veneno judío». También hay momentos de ironía: el juez que casa a Hitler con Eva Braun le pide el documento al «führer» para comprobar que es «ario puro».

En Alemania nadie se había atrevido a poner a Hitler como protagonista de un filme desde G.W. Pabst en 1954 con Der Letzte Akt («El último acto»). Y los temores de quienes creen que habrá afluencia neonazi a los cines parecen justificados.

En Der Untergang, los seis millones de judíos asesinados salen mencionados en los títulos del final. Ni siquiera entonces se habla de los países invadidos ni del genocidio nazi, simplemente se toma nota de los 50 millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial.

2004-09-09 / Clarín

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