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ORT. Estrategias para el aula. ¿Preparados para el secundario?

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Cuando los alumnos dejan de ser los gran des de la primaria para transformarse en los más chicos de la secundaria, dan un paso importante que llega junto con el comienzo de la adolescencia: cambios internos y externos, de carácter y de referentes, conviven con novedades en la escuela.

 
Anticipar todos esos cambios, trabajando sobre la autonomía y el sentido de responsabilidad de los estudiantes, son claves con las que padres y docentes pueden contribuir a ese vital proceso. ¿Cómo acompañar a los chicos? En este informe de Clarín Educación, algunas respuestas.
 
En primer lugar, el pasaje de la escuela primaria a la secundaria supone un duelo: “Perdemos un lugar donde compartimos duran te seis o siete años la experiencia escolar con un grupo de pares”, afirma Laura Malonakis, licenciada en Educación y directora de la especialización en Docencia Universitaria en la Universidad Nacional de Quilmes. La nueva etapa implica, también, cambios profundos “vinculados al logro de mayores niveles de autonomía en la organización del trabajo escolar, los niveles de exigencia y la inserción en un nuevo ámbito con otra cultura institucional”.
 
Mientras que durante la primaria los cambios llegan gradualmente (por ejemplo, los alumnos pasan de tener una única maestra a dos o más docentes en los últimos grados), el ingreso al nivel medio demanda un combo de adecuaciones rápidas por parte de los chicos.
 
Entre ellas, Laura enumera:
* rutinas personales y familiares
* el grupo de pares (cuando el estudiante cambia de escuela, pasa de un grupo con una historia en común a otro en el que aún no hay lazos de afecto y contención)
* las normas disciplinarias
* el “registro” de cada uno de los diez o doce docentes (qué esperan, cuáles son sus estrategias de enseñanza, cómo y qué evalúan)
* un mayor nivel de responsabilidad (incluso en la asistencia)
 
El trabajo de primaria
 
Anticipar estas situaciones y brindarles herramientas para esa nueva etapa es parte de la tarea de los docentes de los últimos años de primaria. “Desde lo emocional, el cambio es fuerte, pero darles herramientas para estudiar y desempeñarse ante el trabajo es la mejor ayuda. Si tienen recursos académicos, les resultará más fácil”, asegura Estela D’Amico, directora de inicial y primario del Instituto Tognoni, de Palermo. “El objetivo es que terminen 7° trabajando de forma autónoma, especialmente hábitos de responsabilidad”, agrega Silvia Cardelli, maestra de Matemática y Ciencias Naturales de 7º grado. Para llegar a esa autonomía, por ejemplo, desde 5º el colegio trabaja en el manejo de agenda para que los chicos puedan planear activida des con diferentes plazos.
 
El proyecto de articulación del Tognoni, una de las muchísimas primarias que no tienen secundario, surgió para brindar “una experiencia de aproximación” al nivel medio. En 6°, reúnen a los padres con rectores que exponen sus proyectos educativos. En 7°, organizan visitas a los colegios, los alumnos comparten una clase con los chicos de 1° año y, a veces, llega un profesor a dar alguna clase. “Esto calma muchas ansiedades, ven que un profesor es un maestro, no un cuco. Es una experiencia que gusta mucho”, comenta Estela. También hay charlas con directivos o preceptores y un taller de “articulación para el cambio”. Así, tratan de acompañarlos en la elección de la escuela y los inducen a contar por qué la eligieron.
 
En la Escuela N° 21, del barrio porteño de San Cristóbal, Marcelo Montenegro, maestro de Lengua y Sociales de 7º, asesora a cada uno de sus alumnos –y sus padres– en la elección de la nueva escuela. “Hablo mucho con ellos, les explico que tienen que cumplir con todas las áreas. Los preparo para que elijan tranquilos. Hay que acompañar también a los padres en el cambio, porque se ponen más nerviosos que los nenes, que recién caen en noviembre o diciembre”.
En el segundo semestre, se impone una exigencia más parecida a la de 1° año. Marcelo estima que “la mitad de los chicos están preparados para el cambio”. Y dice que con los otros trabaja con sus padres, con los demás maestros y con ellos mismos para que adquieran herramientas “no de contenidos sino de fortaleza para afrontar un lugar y un grupo nuevo”. 
 
Por otra parte, muchas veces la elección de una escuela secundaria es un motivo de presión. Graciela Leguizamón, psicóloga especializada en niños y adolescentes, plantea que, para evitarlo, “el niño o adolescente participe de la búsqueda y elección de la escuela”, analizando con sus padres las posibilidades o eligiendo entre opciones previamente seleccionadas por los padres.
 
Los cambios de la adolescencia
 
Mientras los chicos atraviesan la adolescencia y van convirtiéndose en alumnos secundarios, necesitan que se les dé tiempo para poder ir asimilando los cambios.
 
En esta etapa, los adolescentes buscan individualizarse para descubrir su propia identidad, atraviesan grandes cambios corporales, el descubrimiento de la sexualidad, el desarrollo hormonal y experimentan cambios emocionales y sociales, puntualiza Graciela. “Lo complejo, a nivel emocional, es asimilar todo el movimiento que se produce alrededor cuando además, internamente, también hay movimiento: de repente no hay estabilidad en ningún lado”. Es fundamental que los chicos tengan el espacio para expresar lo que están sintiendo frente a todo este proceso.
 
Lo ideal es acompañar esta etapa de la adolescencia y la secundaria desde diversos lugares. Que los padres estén presentes es fundamental, e incluso si están preocupados pueden acercarse a la escuela y consultar. La escuela también debe acompañar porque
los chicos pasan mucho tiempo y suelen buscar su grupo de pertenencia allí, donde hay otros en la misma situación que ellos. Por eso es central que la escuela contemple alguna forma de sostén emocional: adultos que observen las necesidades de los chicos.
 
Al llegar al secundario 
 
Cómo y con qué herramientas llegan los chicos al secundario es algo muy variable y depende tanto de cómo trabajó la escuela con el alumno como de la actitud de cada alumno frente a su educación, entre otras cosas. Al comenzar 1º año, es común que los chicos demanden lineamientos para manejarse y hagan muchas preguntas sobre cómo y qué hacer a cada profesor. Pero, generalmente, hacia la mitad del ciclo lectivo suelen entrar en ritmo, conocer el manejo de la escuela y el de cada profe. Solo necesitan tiempo para adaptarse.
 
Mercedes Miguel, directora de Planeamiento Educativo de la Ciudad de Buenos Aires, dice que “la crisis escolar en 1° y 2° año, en el ingreso al nivel, es por el choque de las modalidades de enseñanza y aprendizaje” de ambos niveles. Para trabajar este aspecto, “la mayoría de las escuelas secundarias manejan una instancia de nivelación durante el primer cuatrimestre”. De todos modos, es importante que durante el último grado los maestros vayan preparando a los chicos para que logren moverse con autonomía en la nueva escuela. En este período, los chicos también pierden la figura del maestro al que veían todos los días y los conocía, y se encuentran con varios profesores diferentes, cada
uno con su propia metodología. 
 
Para abordar estas modificaciones inherentes al cambio de nivel, las escuelas tienen diferentes estrategias. A la Escuela Técnica ORT, de Belgrano, llegan alumnos de 180 escuelas primarias porteñas y bonaerenses. El director ejecutivo de la institución, Adrián Moscovich, asegura que los chicos llegan muy bien preparados. Uno de los ejes de la escuela para acompañar a sus 5600 alumnos es el seguimiento a cargo de asistentes educativos (licenciados en educación, psicólogos o psicopedagogos) que reemplazan al preceptor. El objetivo es ver al alumno como un todo: cómo se vincula con sus compañeros, cuál es la relación con los profesores, cómo desarrolla habilidades en unas materias y en otras no. La meta es que “todo alumno reciba una buena educación para mejorar su futuro; un alumno de 4 no va a ser de 10 pero tenemos que
lograr que, en base a su esfuerzo, sea de 6 al egreso. Él, estudiando y nosotros, enseñando”.
 
Adrián sostiene que estos objetivos se pueden lograr si los chicos ven la escuela como un lugar de oportunidades, un lugar para querer. “Hay que generar ese confort en el alumno para que la escuela sea oportunidad y que ir a la escuela esté bueno: Te espero, te voy a cuidar para tu futuro”, es lo que hay que transmitirles. Este acompañamiento se vuelve central durante la adolescencia: “Cuantos más seamos los que estamos cerca del adolescente, mejor”, sostiene.
 
La realidad con la que trabaja la profesora de matemática Gabriela Balmaceda, del Liceo 1 de Recoleta, es distinta: “Los contenidos que traen los chicos son variados, algunos se acuerdan de poco, otros de mucho, otros directamente dicen no sé nada”. Gabriela cuenta que la mayoría de los chicos vienen de la gestión pública y que nota entre ellos la diferencia de niveles: “Voy al raso y después voy complejizando:  alrededor del 60% responde a lo básico, otros dicen que nunca lo vieron; es como que ya tienen una negación sin siquiera mirar”.
 
La escuela forma parte del Proyecto 13, que se aplica en 19 escuelas medias de la Ciudad para sumar horas extra de clase (clases de apoyo, tiempo para proyectos especiales y talleres) y tutorías a cargo del profesor. Así y todo, no es raro que a mitad de año algunos chicos hayan decidido abandonar una materia, y Matemática suele estar primera en la lista. “Yo siempre les digo que se puede levantar, que vengan a la clase de apoyo”, dice Gabriela. Pero algunos van y otros “no hacen nada”. 
 
A veces, ese no hacer nada puede vincularse con “la falta de elementos para iniciar la exploración de esta etapa”, explica Laura Malonakis. Muchos estudiantes son la primera generación en la familia que ingresa a este nivel. Uno de los desafíos de la “nueva secundaria” –argumenta– es cómo brindar estrategias a las familias que carecen de saberes disponibles sobre la cultura de la escuela secundaria, para que puedan acompañar a sus hijos en esta nueva exploración.
 
Finalmente, el reto principal es que toda la comunidad educativa se prepare para recibir a los chicos en un espacio efectivamente inclusivo que los contenga, en el que puedan crecer, creer y formarse.
 
TESTIMONIO 1
 
GABRIELA BALMACEDA
3 AÑOS DE DOCENCIA
PROFESORA DE MATEMÁTICA EN EL
LICEO 1 JOSÉ FIGUEROA ALCORTA
RECOLETA
 
* En cuanto al comportamiento, a principios de 1º año esperan demasiadas guías: ¿subrayo? ¿pongo título? ¿eso hay que copiarlo? Esas son costumbres que traen; tienen poca autonomía para manejarse. Creo que en los últimos grados debería haber una preparación para esa independencia.
 
* Es difícil que hagan silencio o se queden quietos, son muy movedizos. Tienen una atención limitada: como mucho media hora, después la mayoría se cansa. Mientras explico en el pizarrón hay quietud, pero cuando empiezan a ejercitar se distraen. A veces vuelvo al pizarrón para centrar la atención. Pero me gusta que cada uno trabaje a su tiempo.
 
* A mitad de año entran en cierto ritmo, van entendiendo el funcionamiento de la escuela y el manejo con cada profesor.
 
 
TESTIMONIO 2
 
ESTELA D´AMICO Y SILVIA CARDELLI
30 Y 20 AÑOS DE DOCENCIA
DIRECTORA Y MAESTRA DE 7° GRADO
INSTITUTO AMBROSIO TOGNONI
PALERMO
 
* El objetivo es que terminen 7° trabajando de forma autónoma, especialmente hábitos de responsabilidad, por eso exigimos el cumplimiento de las tareas. A partir de 5° trabajamos con el manejo de agenda: se piden trabajos prácticos con fecha de entrega.
 
* El proyecto de articulación es un trabajo diario con los chicos. Les vamos exigiendo más en todo sentido para que el cambio no sea tan radical, sino gradual.
 
* Los profesores de nivel medio tienen menos tiempo con los chicos, la capacidad de escucha es más limitada, entonces aparece la figura del tutor.
 
TESTIMONIO 3
 
ADRIÁN MOSCOVICH
22 AÑOS DE EXPERIENCIA
DIRECTOR EJECUTIVO DE LA ESCUELA
TÉCNICA ORT
BELGRANO
 
* Recibimos alumnos de 180 escuelas primarias de la ciudad y del Gran Buenos Aires. Los alumnos llegan muy bien preparados, notamos un buen trabajo.
 
* Trabajamos con seguimiento de alumnos a cargo de asistentes educativos (licenciados en Educación, psicólogos o psicopedagogos) que están cerca del alumno en todos los aspectos: cómo se vincula con sus compañeros, su relación con los profesores, cómo desarrolla habilidades en unas materias y en otras no. Se ve al alumno como un todo; si hace falta apoyo, lo tiene en la escuela misma.
 
* Nos gustaría que desde los otros niveles concientizaran al alumno de que la escuela es un lugar de oportunidades, un lugar de confort. Que ir a la escuela esté bueno. Si el alumno siente confort, se relaja más y puede obtener mejores resultados.
 
* En el momento de la adolescencia, cuantos más seamos los que estamos cerca del adolescente, mejor será para él.
 
CONSEJOS PARA PADRES
 
1. Es primordial que los padres se hagan un tiempo para escuchar a los chicos, para ver qué les pasa e incluso para poder ver más allá de lo que dicen.
 
2. Además de escucharlos, es importante poner límites. Es como un barrilete: si le doy mucha soga se cae; con poca soga, no vuela.
 
3. Acercarse a la escuela. La colaboración conjunta entre familia y escuela es buena para los chicos. Es necesario que la familia le exija al colegio y viceversa. En esta etapa los chicos están expuestos a una gran presión social por crecer, que muchas veces no respeta sus tiempos internos de desarrollo.
 
4. Es necesario que los padres estén atentos para orientarlos, ya que esta presión llega tanto de los grupos de pares como de los medios de comunicación. Es fundamental evitar la sobreexpectativa, porque siguen siendo chicos. 
 
5. Es importante que el chico participe en la elección de la escuela, con la contención de la familia. Lo ideal es hacer la búsqueda juntos y analizar las opciones. Ellos pueden elegir; solo necesitan que los orientemos, los acompañemos y los guiemos en esa búsqueda. Como padres, es central diferenciar qué cosas tienen que ver con las necesidades de nuestros hijos y cuáles con nuestras propias necesidades y deseos.
 
ESTRATEGIAS PARA EL AULA
 
1. Enseñar las técnicas de estudio. A partir de 4º grado, es posible comenzar a presentar diferentes técnicas de estudio e ir sumando nuevas en cada grado. La idea es hacerlo justamente cuando empiezan a estudiar.
 
2. Ejercitar el sentido crítico. Es la manera de que cada uno sepa diferenciar qué quiere y qué no quiere para sí mismo. Esto se vuelve fundamental en la adolescencia, cuando será de gran ayuda tener más autonomía. 
 
3. Dar tiempo. Es importante que los docentes y directivos de las escuelas secundarias dediquen un tiempo para la adaptación de los nuevos estudiantes.
 
4. Ofrecer un espacio de escucha. Sea bajo la figura del preceptor, del tutor o de asistentes educativos, lo importante es que los chicos tengan un espacio abierto, a cargo de educadores que los contengan, para expresarse.
 
5. Trabajar sobre los hábitos. En general, los chicos no tienen el hábito de estudiar en casa e incluso, muchas veces, tampoco el de hacer la tarea. Pero es necesario que dediquen un tiempo para rever las clases y ejercitar.
 

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