La Sociedad Hebraica Argentina (SHA) le entregó el Premio Javer, distinción que la institución otorga a quienes colaboran con la obra que ella realiza, a su ex presidente José Scaliter, “en reconocimiento por su trayectoria invalorable e incansable labor como dirigente voluntario de nuestra casa y su compromiso con el Estado de Israel".
Scaliter presidió Hebraica por dos períodos consecutivos, desde fines de 2000 hasta fines de 2004, y un año después fue sancionado por un polémico Tribunal de Honor de la institución. Ese hecho convirtió al acto de anoche, miércoles, en una reivindicación del homenajeado, algo que el actual titular de la entidad, Oscar Olender, dejo bien en claro en su discurso, el primero de la noche.
“Acá estoy -como presidente de la institución, pero más que ello, como Oscar Olender persona- pidiendo lo que corresponde: disculpas a toda la familia Scaliter”, aunque “sé que no alcanza”.
“Cuando asumí -recordó-, el 28 de octubre de 2008, realicé la primera manifestación pública referente a mi intervención en el caso, y estoy tratando de decirlo claramente: fue injusto lo que hicimos.”
“Lo hago por exclusiva necesidad personal y porque se encuadra en la ética de lo justo para la cultura judía. Desde mi perspectiva personal, nunca debió existir la sanción. Agraviamos injustamente a toda la familia Scaliter, a sus amigos, a sus compañeros de los consejos de aquella época y a la misma institución”, continuó Olender, quien aseguró que actuaron de un modo “emocional y no racional”.
Antes, el actual titular de la SHA reconoció que “los resultados de una gestión -si no hubo dolo ni malas intenciones- se critican y se tratan de corregir, y no son pasibles de sanciones” porque “si los desaciertos fueran punibles, ya mismo pueden empezar por este presidente”.
A su turno, Guillermo Borger, presidente de la AMIA, institución de la cual Scaliter es hoy vicepresidente 2º, planteó que el reconocimiento del error cometido se estaba efectuando en el mes de elul, durante el cual deben evaluarse los actos realizados y disculparse por los desaciertos que afectaron a un tercero.
“Creo que es un momento doblemente válido para reflexionar juntos y agasajar a un javer.”
El siguiente orador fue Alejandro Filarent, ex presidente del Club Náutico Hacoaj, quien manifestó que Scaliter es un “mench”, palabra en ídish que significa “hombre”, pero cuya acepción se convierte en un elogio a un ser humano por sus valores personales.
También hablaron Henry Cooper, ex directivo de Hebraica durante la presidencia de Scaliter; Ernesto Spitz, actual miembro de la Comisión Directiva y secretario de la agrupación interna de la institución a la cual pertenece el homenajeado; y Marcos Barnatán, vicepresidente de la SHA. Cada uno con sus fundamentos, los tres aseguraron que ese reconocimiento era una forma de unir y pacificar a la masa societaria.
Luego de destacar la relación que mantiene con Scaliter a partir del momento en que asumió como vicepresidente de la AMIA, el Gran Rabino Shlomo Benhamú se refirió a la importancia de que reine la paz en las instituciones comunitarias.
Finalmente, José Scaliter les agradeció a todos los presentes por acompañarlo en esos momentos; a Silvana, su esposa, y a sus hijos, Magalí, Ariel, Natalia, Adrián y Cintya, por brindarle su cariño y comprensión; a la Sociedad Hebraica Argentina, por otorgarle el Premio Javer, y “a su presidente Olender, por su actitud”.
El agasajado tuvo palabras de recuerdo y reconocimiento para con Gilbert Lewi z”l, “uno de los grandes presidentes de esta casa, ejemplo de solidaridad y dignidad”, quien “siempre estuvo a mi lado” y “seguramente estaría feliz de compartir este momento conmigo”.
“Tenía dudas de cómo encarar mis palabras -admitió Scaliter-. Una opción era hablar desde el enojo y el resentimiento, pero no es mi estilo. La otra era destacar mi larga actuación como askán (dirigente voluntario) de esta casa, con logros y fracasos, pero prefiero obviar esas referencias.”
“Mi dificultad para encontrar las palabras justas residía en que tenía que hablar con referencia a situaciones que no debieron haberse producido, si hace seis años, un grupo de dirigentes de esta institución no se hubiese dejado encandilar por un discurso cargado de soberbia, intolerancia y revanchismo”, prosiguió.
Scaliter aseguró que “sobre esto tenemos que hablar, para que nunca más se repitan hechos de esta naturaleza en una institución judía”.
“Debemos trabajar con humildad y respeto” porque “los compañeros con los cuales tenemos desacuerdos o proyectos comunitarios distintos no son nuestros enemigos”.
“Nuestros desacuerdos, por más profundos que sean, no deben significar la deslegitimación de un grupo de judíos por otro”, sino que “debemos buscar los puntos de consenso y respetar las ideas de los demás”, continuó Scaliter.
“Nuestra tarea es encontrar los medios para incluir a todos dentro de las organizaciones comunitarias, respetando sus diferentes visiones de la vida y el judaísmo, sin que esto signifique acordar con las mismas. Ése es el concepto real de comunidad”, aleccionó.
El acto se llevó a cabo en el Café Literario de la sede Capital de Hebraica y también estuvieron presentes, el presidente y el vicepresidente 3º de la DAIA, Aldo Donzis y Alberto Hammerschlag; el secretario general, el tesorero y el prosecretario 1º de la AMIA, Julio Schlosser, Bernardo Zugman y “Tommy” Saieg, respectivamente; los ex titulares de la Organización Hebrea Argentina Macabi José Furmanski, Jacobo Nabel y Bernardo Zabusky; y el presidente del Gran Templo de la calle Paso, Pedro Buki, además de directivos, ex directivos y socios de la SHA.
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