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Israel, Gran Bretaña y Malvinas: cómo el reclamo argentino quedó en medio de la escalada diplomática

Por Gustavo Beron
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Las Malvinas terminaron ocupando un lugar inesperado en una de las mayores crisis diplomáticas entre Israel y el Reino Unido. La disputa por los asentamientos desembocó en el cierre del consulado británico en Jerusalem y la expulsión de representantes británicos del Centro Internacional de Apoyo a Gaza.

Itongadol/Agencia AJN.- La cuestión de las Islas Malvinas quedó incorporada en las últimas semanas al creciente enfrentamiento diplomático entre Israel y el Reino Unido. El punto de partida más reciente fue una publicación de Yair Netanyahu, hijo del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien afirmó que “las Islas Malvinas pertenecen a Argentina”, pero el tema tiene antecedentes en la propia diplomacia israelí y terminó siendo utilizado por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, como argumento para reclamar sanciones contra Londres. La escalada culminó con el anuncio de Israel del cierre del consulado británico en Jerusalem.

La intervención de Yair Netanyahu se produjo a fines de agosto, cuando publicó en X que “las Islas Malvinas pertenecen a Argentina”, en medio de sus críticas al Gobierno británico y después de que trascendiera que Estados Unidos analizaba revisar su posición sobre la soberanía del archipiélago.

No se trató, sin embargo, de la primera vez que el hijo del primer ministro israelí se pronuncia sobre el archipiélago. En septiembre de 2025 había escrito también en X: “¡Reconozco las Islas Malvinas como parte de Argentina!”.

El vínculo entre Israel y la cuestión Malvinas tiene además un antecedente oficial y se produce en el marco de la estrecha relación que el Gobierno de Javier Milei construyó con Israel desde el inicio de su gestión. El Presidente argentino convirtió al Estado judío en uno de sus principales aliados internacionales, realizó varias visitas al país y mantuvo una relación cercana con el primer ministro Benjamin Netanyahu, además de expresar reiteradamente su respaldo a Israel en el contexto de la guerra contra Hamás.

Esa relación bilateral fue destacada por el propio Gobierno israelí. En diciembre de 2025, el canciller Gideon Sa’ar se refirió al proyecto petrolero Sea Lion, impulsado por la empresa israelí Navitas Petroleum junto con la británica Rockhopper Exploration. Tras el rechazo del Gobierno argentino a la explotación de hidrocarburos en el área, Sa’ar aclaró que Navitas es una compañía privada y que el Estado de Israel no participa de sus actividades. Al mismo tiempo, reconoció que la soberanía de la zona es objeto de disputa entre la Argentina y el Reino Unido y sostuvo que Israel mantiene una relación “especial, sólida y estrecha” con la Argentina bajo el liderazgo de Milei, a quien definió como un presidente especialmente apreciado por el pueblo de Israel.

Dos meses después, en febrero de 2026, Sa’ar volvió a utilizar el conflicto por las Malvinas como argumento en una confrontación con el Reino Unido durante una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En respuesta a cuestionamientos británicos sobre la presencia israelí en Cisjordania, el canciller comparó la cuestión con las Islas Malvinas y recordó que Londres tampoco había resuelto su disputa de soberanía con la Argentina.

En paralelo, la relación entre Israel y el Reino Unido comenzó a deteriorarse de manera cada vez más marcada por la situación en Cisjordania. La violencia de colonos contra palestinos aumentó durante 2026 y se convirtió en uno de los principales argumentos utilizados por Londres para endurecer su política hacia Israel.

Según cifras de organismos de seguridad israelíes difundidas por medios locales, durante los primeros seis meses del año se registraron 660 incidentes cometidos por colonos, frente a 405 en el mismo período de 2025, lo que representa un incremento del 63%. Los ataques contra las fuerzas de seguridad israelíes también aumentaron, mientras que seis palestinos murieron y 140 resultaron heridos durante el primer semestre.

Estos episodios se produjeron en paralelo a una mayor presión internacional sobre la política israelí en Cisjordania. En agosto, el Gobierno británico calificó de “inaceptable y destructivo” el avance israelí sobre el proyecto de construcción en E1, al considerar que podría afectar la continuidad territorial de Cisjordania y las posibilidades de una solución de dos Estados.

En ese contexto, el canciller británico Ed Miliband anunció un paquete de medidas contra los asentamientos israelíes. Londres prohibió el comercio con productos provenientes de los asentamientos y anunció sanciones contra personas y empresas vinculadas con su expansión. Miliband acusó además a colonos violentos de llevar adelante una “limpieza étnica” de palestinos y afirmó que el Gobierno israelí había hecho la vista gorda ante esa situación.

El Reino Unido aclaró que las medidas no constituyen un boicot general a Israel y que continuará comerciando con productos israelíes dentro de la Línea Verde. Sin embargo, Londres también anunció restricciones adicionales relacionadas con empresas y personas que faciliten la expansión de los asentamientos, así como medidas sobre determinadas exportaciones.

Fue entonces cuando la cuestión de las Malvinas volvió a aparecer, esta vez de manera mucho más directa en la respuesta política israelí. Ben-Gvir afirmó que “es hora de que el Estado de Israel reconozca públicamente que las Islas Malvinas son territorio argentino ocupado” y acusó a los británicos de explotar los recursos petroleros del archipiélago.

El ministro vinculó explícitamente su reclamo con el proyecto Sea Lion, que involucra a Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, y llamó a Netanyahu a reconocer la soberanía argentina sobre las islas e imponer sanciones al Reino Unido mientras continuara lo que calificó como “ocupación”.

La posición de Ben-Gvir adquirió una dimensión particular porque el proyecto petrolero se convirtió en uno de los principales puntos de contacto entre los intereses económicos israelíes y la disputa territorial entre Buenos Aires y Londres. La Argentina rechaza la explotación de hidrocarburos en las aguas circundantes a las Malvinas y el Gobierno de Milei anunció sanciones contra empresas vinculadas con esas actividades.

La referencia a Malvinas quedó así integrada a una ofensiva más amplia contra Londres. Tras reclamar el reconocimiento de la soberanía argentina sobre las islas, Ben-Gvir pidió además cerrar el consulado británico en Jerusalem, retirar las visas de diplomáticos británicos y revisar las actividades de instituciones del Reino Unido en Israel y en los territorios palestinos.

En su planteo, las medidas británicas contra los asentamientos y la cuestión de la representación diplomática británica en Jerusalem formaban parte de un mismo conflicto político. El ministro sostuvo que Israel debía responder con medidas que excedieran las diferencias vinculadas exclusivamente con Cisjordania.

La respuesta israelí finalmente llegó con el anuncio del canciller Gideon Sa’ar. El funcionario informó que, junto con Netanyahu, había decidido cerrar el consulado británico en Jerusalem, expulsar a representantes británicos del Centro Internacional de Apoyo a Gaza, respaldado por Estados Unidos, en Kiryat Gat, y poner fin al Equipo Británico de Apoyo en Ramallah, encargado de capacitar a miembros de las Fuerzas de Seguridad de la Autoridad Palestina.

Israel también anunció la prohibición de ingreso al país de 12 funcionarios electos y ciudadanos británicos a los que acusó de estar involucrados en actividades antisemitas y antiisraelíes.

Sa’ar calificó de “escandalosas y falsas” las acusaciones formuladas por Miliband contra Israel y sostuvo que las sanciones británicas respondían, entre otros motivos, a razones políticas internas vinculadas con el Partido Laborista. También acusó a Londres de interferir en los asuntos de un Estado soberano y advirtió que el Gobierno israelí no tendría otra opción que responder a las medidas que consideraba hostiles.

De esta manera, las Malvinas terminaron ocupando un lugar inesperado en una de las mayores crisis diplomáticas entre Israel y el Reino Unido de los últimos años. Lo que comenzó con una declaración de Yair Netanyahu y tenía antecedentes en las propias intervenciones de Sa’ar sobre la soberanía del archipiélago pasó luego al discurso de un ministro del Gobierno israelí, que utilizó el reclamo argentino como argumento para reclamar sanciones contra Londres.

En el medio quedó también el vínculo construido entre Milei e Israel, que le otorgó a la cuestión Malvinas una sensibilidad particular dentro de la relación bilateral. Mientras el Gobierno argentino mantiene su reclamo histórico de soberanía y enfrenta a las empresas vinculadas con la explotación petrolera en el área, Israel procura preservar sus vínculos con Buenos Aires sin asumir oficialmente una posición sobre la soberanía de las islas.

La disputa por los asentamientos, la violencia en Cisjordania y el proyecto E1 fueron ampliando el enfrentamiento entre Jerusalem y Londres hasta desembocar en una medida diplomática de alto impacto: el cierre del consulado británico en Jerusalem. Y en ese proceso, la cuestión de las Malvinas pasó de ser una referencia ocasional en declaraciones de funcionarios israelíes a convertirse en uno de los elementos utilizados públicamente dentro de la escalada con Gran Bretaña.

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