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Entrevista con el nuevo Presidente de la Universidad Ben-Gurión, Prof. Daniel Chamovitz

Por MD
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El Prof. Daniel Chamovitz nació en Estados Unidos, y en 1981 llegó a Israel para hacer un año de Servicio Social en el Kibutz Ketura ubicado en el desierto del Néguev, en la zona denominada Aravá. Es allí donde florece su amor por Israel y el sur del país. La idea de ser kibutznik maduró rápidamente, al mismo ritmo con que aprendió a manejar el tractor. Pero de alguna forma, las cosas se fueron desarrollando de distinta manera. Tal vez el Kibutz Ketura perdió un compañero de gran calidad, pero el mundo de la ciencia ganó un brillante investigador, pionero en el área de las ciencias de la vegetación.

El 1 de enero de 2019 el Prof. Chamovitz asumió su cargo como Presidente de la Universidad Ben-Gurión del Néguev, y con él, seguramente la Universidad seguirá creciendo. «La UBG tiene una misión diferente del resto de las universidades del país – expresa. Debe aspirar a la excelencia en la investigación, sin comprometer ni restar valor a su capacidad para influir en el entorno geográfico en el que se encuentra, al mismo tiempo que va identificando el potencial local y su concretización. Los estudiantes son nuestro gran patrimonio. Yo veo un futuro de productiva cooperación mutua. Con nuestras fuerzas combinadas, continuaremos siendo un equipo ganador.

El punto de partida del séptimo Presidente de la UBG fue la ciudad en la que nació, Aliquipa, Pensylvania, no lejos de Pittsburg. Su árbol genealógico tiene múltiples raices médicas: Su padre, su hermana y sus tres tíos son médicos. No es de extrañar que en su juventud estuviera seguro de que un delantal blanco y un estetoscopio serían partes inseparables de su vida profesional. «Estaba convencido de que yo también sería médico, es algo genético en los judíos estadounidenses», dice, confirmando este «diagnóstico».

Afortunadamente, para el mundo de la flora y la fauna, las cosas no salieron de acuerdo con los planes originales. Estando en el Kibutz Ketura, como conductor de tractores, Daniel notó algo extraño. «Me encontraba en el campo de alfalfa, y observé que cuando la alfalfa se corta, vuelve a crecer», recuerda, «pero cuando el trigo se corta, no vuelve a crecer. En ese momento, no entendía nada ni de la ciencia de las plantas ni de agricultura, pero ese fue para mí un momento «eureka». Cuando estás sentado sobre un tractor, tienes mucho tiempo para pensar. Pensé que si pudiéramos entender por qué la alfalfa vuelve a crecer y el trigo no, podremos alimentar a todo el mundo. Y tal vez este conocimiento no es menos importante que tener otro médico en la familia».

Al finalizar su año de Servicio Social en el Kibutz Ketura, Chamovitz regresó a la Universidad de Columbia. «Pero allí no hay estudios de Botánica, así que «me pasé» a la Universidad Hebrea de Jerusalén», menciona con sencillez. «Y allí fui atraído por una ciencia fundamental, la genética de plantas». Entusiasmado por el nuevo mundo que descubrió, el prometedor investigador de plantas continuó el doctorado en genética de plantas en la Universidad Hebrea de Jerusalén (UHJ) y en poco tiempo comprendió que ésta era su verdadera vocación. «Hice un doctorado bastante exitoso en la UHJ y continué con un postdoctorado en Yale». Fue allí donde se forjó la reputación que lo llevó nuevamente a Israel. Como miembro facultativo de la Universidad de Tel-Aviv, ganó la prestigiosa Beca Alon, que el Consejo de Educación Superior de Israel otorga a jóvenes investigadores destacados.

Una llamada telefónica sorprendente
De las circunstancias interesantes que lo llevaron hasta la UBG, el profesor Chamovitz recuerda: «Hasta hace poco fui Decano de la Facultad de Ciencias de la Vida en la Universidad de Tel Aviv. Hace unos meses, recibí una llamada telefónica de uno de los profesores eméritos de la facultad: Tengo que hablar con usted – escuché en su voz al otro lado de la línea. Le dije que no podía, que no tenía tiempo. Pero él llamó nuevamente a mi secretaria y argumentó que debía hablar conmigo ese mismo día. Acepté que viniera a las 7:30 pm. Entró en mi oficina y me dijo: Danny, voy a decirte algo que cambiará tu vida – ¿qué opinas sobre ser Presidente de la Universidad Ben-Gurión?. Ése fue el comienzo. Actuaba como representante del Comité de Detectado de Personal Académico. Una cosa llevó a la otra, y dos meses después, el Comité Ejecutivo de la Universidad me eligió como el nuevo Presidente».

¿Con la comida se despierta el apetito?
«Tuve una gran influencia a nivel de la ciencia básica, no estoy restando importancia a mis logros, pero quería ver qué podía hacer para influir en toda la comunidad en general. Me pregunté qué pasaría si tomáramos fitogenetistas y personas que orientan la política de salud pública, dietistas e ingenieros, y los reunimos para reflexionar sobre lo que se puede hacer en cuestiones de alimentación a nivel mundal. Así fue como se creó el Programa del Centro Manna para Seguro Alimentario y Seguridad en la Universidad de Tel-Aviv, primero en su género en Israel.

Cuando recibió la proposición de presentarse al Comité encargado de la búsqueda de nuevo presidente de la UBG, «se le prendió la lamparita»: «Recordé que mi romance con Israel realmente comenzó en el Sur. En mis reuniones con los miembros del comité, sentí que mi misión académica, mi deseo de ser un miembro de un kibutz en el sur del país, y la realización del sueño sionista, todo se aúna . Luego llamé por teléfono a dos jóvenes miembros facultativos de la UBG, que anteriormente había tratado de persuadir para que vinieran a la Universidad de Tel-Aviv, pero que preferían la UBG. Les pregunté su opinión sobre el potencial de la UBG. Ambos dijeron que hay un gran potencial aquí, un futuro fantástico, y agregaron: «Necesitamos un presidente que nos lleve a un nivel internacional». Uno de ellos me dijo: «Dany, es una pena que no seas tú, pero tu futuro está asegurado en Tel-Aviv». Todos estaban convencidos de que otra persona sería presidente. Después de tener un encuentro con el Comité y con algunos miembros del Senado Universitario, y un pequeño examen de conciencia – me di cuenta de que aquí es donde veo mi futuro. Así es como llegué a la UBG.

Con respecto al nivel internacional, ¿cómo ve, por ejemplo, el fortalecimiento de la relación con la fuerza china?
Yo realmente creo que una universidad moderna tiene que mirar hacia el este y no hacia el oeste para desarrollar sus relaciones internacionales. Muchos estudiantes del Lejano Oriente están desesperados por estudiar aquí, especialmente en áreas de alta tecnología, y alentar esta tendencia nos ayudará a avanzar en nuestros objetivos. Me alegró descubrir que se establecieron amplias relaciones académicas entre la UBG y las Universidades de China. Vamos por buen camino.

¿Puede usted señalar una institución académica que podría servir de modelo para la UBG?
Una universidad que se acerca a los 50 años de existencia, no necesita imitar ningún modelo. Es lo suficientemente madura como para definirse a sí misma sobre lo que quiere y lo que aspira a ser, y mi papel como Presidente será afinar estas definiciones.

Cuéntenos sobre los objetivos que usted se ha señalado para su Presidencia en la UBG.
«La UBG se encuentra hoy en una posición única y especial para asumir un papel de liderazgo a nivel nacional e internacional. La Universidad abarca distintos campos académicos, tales como ciencias naturales, ingeniería, humanidades, y ciencias sociales. Además, ha desarrollado programas profesionales, y ha logrado atraer a excelentes investigadores para que den comienzo aquí a sus carreras académicas. Es una universidad basada en la excelencia, tanto en investigación como en enseñanza. Nuestra capacidad para influir en la sociedad deriva de nuestra reputación académica, y cuanto más reconocida sea, más significativa será nuestra influencia. Aparte de esto, hay necesidad de innovar la modalidad de la enseñanza. La forma en la que yo estudié para obtener el primer título hace 20 años no es adecuada a lo que la realidad exige actualmente. Tenemos que estar preparados para los cambios que permitan a los estudiantes progresar más rápido y avanzar en las direcciones que ellos quieran. Esto también forma parte de la excelencia académica».

¿Cuál es su mensaje para el plantel administrativo y para el equipo técnico?
«Su dedicación y profesionalidad son cruciales para el éxito y la prosperidad de la Universidad. Trabajaré con ellos con plena cooperación para promover nuestros objetivos y metas».

¿Cómo ve el rol social de la universidad?
«Debemos ser como un faro orientador, y no la «torre de marfil» del sur. Tenemos que influir en el sistema educativo y en la sociedad. Ya se está haciendo ésto de manera excelente en la UBG».

¿Cómo podemos conseguir que más estudiantes de sectores poco privilegiados se inscriban aquí?
«Cuando hablo de excelencia, no quiero decir que solo debamos aceptar estudiantes con una puntuación psicométrica de 750 o más. Debemos influir en el nivel de la educación secundaria, para que podamos guiar a los estudiantes de los sectores más débiles a un nivel que les permita lograr el requisito pre-académico. Cuando aceptamos a alguien en la Universidad, debemos ayudarlo a tener éxito. El Rector y yo tendremos que definir prioridades. Tendremos que decidir en qué campos podemos tener la influencia más grande y más rápida. Y de allí, ya fluirá hacia otras cosas».

Usted proviene de las Ciencias Naturales y tiene un extenso conocimiento científico. ¿Cómo encaja la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales con su idea de promover la investigación en la Universidad?
«Cuando hablé sobre la excelencia en la investigación, también me refería, por supuesto a Humanidades y Ciencias Sociales. En la Universidad de Columbia, donde estudié, había un plan de estudios básico (Curriculum Core). Los cursos más importantes que estudié en toda mi carrera académica fueron dos: Uno, La Civilización Contemporánea, curso obligatorio para todos los estudiantes de la universidad. Comienza con Platón y finaliza con Marx. Este curso me enseñó a pensar, a analizar, y a ser crítico. El segundo curso importante que estudié fue Introducción a la Escritura Científica y Académica, también curso obligatorio. Estoy convencido de que estos dos cursos contribuyeron mucho a mi éxito como biólogo «.

¿Cómo clasifica la excelencia académica? ¿Cómo reconoce el potencial?
«Comenzaré con el potencial. Es difícil definir ‘potencial’, pero cuando existe, lo ves, sabes qué es. Cada profesor tiene un estudiante de quien dice: «Este estudiante tiene potencial». Lo sientes aunque sea difícil de medir. En cuanto a la excelencia, no soy políticamente correcto: No hay lugar para publicaciones mediocres. Cuando me convertí en Decano, declaré que no tomo en cuenta artículos publicados en una revista cuyo nivel es inferior al Q1, a menos que el autor pueda convencerme de que su artículo es importante. Yo espero que al menos la mitad de los artículos estén en el 10% superior en su área. Estamos en el mundo académico. Si no tenemos ambiciones y altos estándares, no avanzaremos «.

Para concluir, ¿cómo cree que se puede convencer a egresados destacados a que continúen los estudios de posgrado en nuestra Universidad?
Yo escucho a los amigos de mis hijos que estudian aquí, y muchos de ellos, no piensan seguir aquí sus estudios de posgrado, sino orientarse hacia otras instituciones académicas en Israel. Y me pregunto: Yo, como Preidente, ¿qué puedo hacer para motivarlos a ser parte del futuro de la UBG y del futuro del sur del país? Mi respuesta es: Tenemos que seguir trabajando, a nivel departamental y a nivel facultativo, para seguir desarrollando la sensación de pertenencia. Y comprometernos todos en pro del

¿Puede contarnos algo sobre otras decisiones que fueron para Ud. un cambio de vida?
«Nací en un pequeño pueblo de los EE. UU. que tenía 15,000 habitantes. Era el único judío en mi escuela. El día de apertura de la temporada de caza de ciervos era día de vacaciones escolares … Mi padre era el médico del pueblo. Yo tenía dos trayectorias de vida completamente separadas: De lunes a viernes iba a la escuela, único judío que hace todas las cosas como cualquier estadounidense, y los fines de semana era secretario del movimiento juvenil ‘Yehuda Hatzair’ en Pittsburg. Estos eran como dos círculos de vida diferentes, como si la vivieran dos personas distintas por separado. Finalmente me di cuenta de que tenía que emigrar a Israel, porque no estaba dispuesto a vivir esta vida ‘esquizofrénica’ «.

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