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Natalie Portman rechaza el \’Nobel judío\’ y se distancia del gobierno de Netanyahu

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 Itongadol.- La premio Oscar ha decidido no asistir a la entrega de premios para mostrar su desacuerdo con las medidas de "violencia, corrupción, desigualdad y abuso de poder" tomadas por el actual primer ministro de Israel.

Es algo más que el enfrentamiento entre una de las actrices más famosas del mundo, Natalie Portman y el actor más importante en el escenario político de Israel, Benjamín Netanyahu.

La decisión de la actriz israeloestadounidense de no acudir a Israel para recibir el Premio Génesis (el "Nobel judío") para que nadie lo considerara como apoyo a Netanyahu, que iba a dar un discurso en la ceremonia escenifica, el cisma cada vez mayor entre el país gobernado por la derecha y amplios sectores de la comunidad judía estadounidense tradicionalmente identificados con el centroizquierda.

Mientras aumenta el apoyo en EE.UU a Israel como muestra el último sondeo de Gallup, las élites judías liberales se distancian cada vez más. Portman es la cara mediática de una generación que ha heredado el amor al Estado judío pero que, a diferencia de sus padres y abuelos, se va alejando debido al profundo desacuerdo en asuntos como el conflicto palestino o el monopolio ortodoxo en temas religiosos.

El choque ideológico y cultural se extiende a la esfera interna judía. Por un lado, el Gobierno en Jerusalén en el que dos de sus seis partidos integrantes son jaredim (ultraortodoxos). Por otro, la importante presencia del movimiento reformista en la diáspora hebrea norteamericana.

Nacida en Jerusalén en 1981, Portman no se imaginaba la tormenta que iba a provocar. Dado que un primer comunicado a la organización hizo que el movimiento propalestino BDS (a favor del boicot cultural, político y económico a Israel) le convirtiera prácticamente en su embajadora, Portman aclaró: "Elegí no asistir porque no quiero que parezca que respalde a Netanyahu, que iba a pronunciar un discurso en la ceremonia. Del mismo modo, no formo parte del movimiento BDS y no lo apruebo".

La estrella judía, que estudió en la Universidad Hebrea de Jerusalén y tiene amigos y familiares en Israel, se declara admiradora de la gastronomía, teatro, ciencia, literatura, tecnología y cine del país que abandonó con su familia cuando tenía tres años. Otra cosa muy distinta es su opinión sobre el rumbo político que los israelíes han tomado en la última década. Tras las elecciones del 2015, se declaró "muy contraria a Netanyahu y decepcionada de que ha vuelto a ser elegido".

"Como me preocupo por Israel, estoy en contra de la violencia, la corrupción, la desigualdad y el abuso de poder", señaló este fin de semana sin especificar a qué se refirió en primera instancia cuando habló de "últimos acontecimientos" para justificar su ausencia. ¿La actuación militar ante las protestas palestinas en Gaza en la frontera israelí? ¿El plan, ahora estancado, de expulsar a miles de inmigrantes ilegales y refugiados que piden asilo?

No se sabe. Lo que sí lo está claro es que Portman preferiría que el Gobierno israelí estuviera encabezado por sus admirados Amos Oz y David Grossman. De hecho, en el 2015 debutó como directora al llevar al cine la gran obra autobiográfica de Oz, Una historia de amor y oscuridad, que rodó en Jerusalén en torno a creación de Israel hace 70 años.

Ante la ola de críticas en Israel, los seguidores de Portman recuerdan que su gesto viene de su amor al país. "No es Roger Waters", aclaran en alusión al cantante de Pink Floyd que es conocido por su campaña internacional de boicot contra Israel. Según él, "para acabar con la ocupación de los territorios palestinos y defender el derecho del regreso de los refugiados a su tierra expulsados en el 48 y 67".

"Portman, en Israel nosotros criticamos a Netanyahu sin pausa. También tú lo hiciste en el pasado y pese a que un representante del primer ministro está en el jurado se te concedió el premio. Tu no colaboras en la crítica sino que ayudas a la campaña de demonización contra Israel. Ayudas a los que no luchan por un Israel más humano y liberal sino simplemente por su destrucción", opina el articulista Ben Dror Yemini, que añade: "Quien ama a Israel debe entender que Israel es una democracia y no debe boicotearla. Y quien boicotea colabora con los que odian a Israel y con el movimiento de boicot que se opone a la existencia de Israel".

El diario Haaretz, por su parte, censura la furiosa crítica de varios ministros denunciando que "no saben diferenciar Israel de Netanyahu". "Su decisión de no llegar es una importante postura política que contrasta con el silencio de artistas israelíes. Portman utiliza su posición cultural para criticar las políticas israelíes", elogia el rotativo de izquierdas que además cita al decepcionado director de la Fundación del Premio, Stan Polovetz. "Portman no es la que ha arruinado la fiesta sino el gobierno de Netanyahu que pinta de negro los logros del pueblo judío y enturbia la relación del judaísmo mundial con Israel".

De momento, Portman se queda sin el premio y sus dos millones de dólares, y sin la simpatía generalizada israelí que tenía antes. Israel, por su parte, se queda sin la presencia y glamour de la ganadora del Oscar siendo consciente que su gesto es más poderoso y viral que sus posteriores explicaciones y matices. No es la crítica de una actriz más de Hollywood sino, como avisan algunos medios israelíes, "de una de las nuestras".

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