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KKL crea nuevos medios de subsistencia en el corazón del desierto africano

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 Itongadol.- Como parte del proyecto “Furrows in the Desert”, los expertos del KKL comparten su conocimiento y experiencia acumulados. Turkana es una región en el norte de Kenia que sufre de pobreza e inseguridad nutricional. El conocimiento acumulado del KKL en agricultura sostenible en regiones áridas y semiáridas se utiliza allí para ayudar a una comunidad de pastoreo tradicional a crear nuevas fuentes de sustento en una región en vías de agotamiento.

Como parte del proyecto “Furrows in the Desert” (Surcos en el desierto), y con el apoyo del KKL Alemania, voluntarios de todo el mundo llegan para ayudar en la granja agrícola en Turkana.

Lena y Martín Parlasca, de Colonia, Alemania, regresaron recientemente del voluntariado durante medio año en Turkana. "Decidimos que antes de instalarnos, teníamos que ampliar nuestros horizontes en el extranjero", explicó Lena. "En lugar de viajar por todo el mundo en busca de experiencias, decidimos quedarnos en un lugar donde podríamos aprender y también ser catalizadores de cambio", añadió Martín.

Como parte del proyecto “Surcos en el Desierto”, los expertos del KKL comparten su conocimiento y experiencia acumulados sobre la agricultura en regiones desérticas con condiciones climáticas adversas, incluyendo la falta de agua. Ayudan a los habitantes locales a aprender a ganarse la vida trabajando en la tierra árida de Turkana y logrando la seguridad alimentaria.

Johannes Guagnin, de la División de Reforestación del KKL, explicó con mayor detalle: "Los habitantes de Turkana reciben capacitación agrícola, equipo y orientación profesional. La avanzada tecnología israelí también se utiliza para instalar bombas de agua con energía solar para irrigar los campos. Entre otros proyectos, KKL ayudó a crear una plantación de árboles de dátiles en Turkana".

Además de los dátiles, también se cultivan melones, sandías, berenjenas y okra. Estos no son cultivos con los que los locales estaban previamente familiarizados, por lo que los voluntarios tuvieron que enseñarles qué hacer con estas verduras y cómo cocinarlas. Esta importante iniciativa comenzó en 2010. Además del KKL, otros socios incluyen el proyecto israelí Brit Olam, la Misión Española, el Instituto Aravá y la estación de Investigación y Desarrollo Aravá. El proyecto de voluntariado en Turkana, en el que participan jóvenes de Alemania e Israel, se llevó a cabo con el apoyo del KKL Alemania.

 

Nuevas oportunidades
La pareja de los Parlasca, de 27 años, escuchó acerca de “Surcos en el desierto” por parte de un amigo de Martín que participó en el programa “greenXchange” apoyado por KKL Alemania con jóvenes y profesionales israelíes y alemanes. Lena y Martín solicitaron ser voluntarios en Turkana y fueron aceptados con los brazos abiertos. Martín tiene una maestría en economía agrícola y alimentaria y Lena es maestra en una escuela primaria. Un proyecto agrícola que también es educativo era perfecto para ellos.

Después de su paso voluntario, Lena y Martín llegaron a Israel para reportar al personal del Instituto Aravá sobre su trabajo en Turkana. Se encontraron con ellos en Sataf, cerca de Jerusalem, que es un sitio natural con manantiales y antiguas terrazas agrícolas restauradas por KKL. Bajo la sombra de una higuera, hablaron con ellos sobre la increíble experiencia que tuvieron.

En cuanto a la importancia del programa, Martín expresó: "La región de Turkana está pasando por una gran angustia y se espera que el cambio climático lo afecte adversamente. Si no queremos que los habitantes de Turkana dependan de nosotros para su suministro de alimentos, o para que se conviertan en refugiados, debemos enseñarles cómo hacer la agricultura para abrirles nuevas oportunidades".

Como personas que vivieron toda su vida en un país occidental avanzado, el encuentro con la pobreza y el hambre en Turkana no fue sencillo para ellos. Sin embargo, Lena y Martín se sumergieron en el duro trabajo como guías para entrenar a los agricultores. Al menos 18 personas participaron en el curso. Los participantes más jóvenes eran menores de 20 años y los mayores tenían más de 60.

Los pobladores de Turkana vivieron toda su vida como pastores, pero la dura sequía que azotó a la región les obligó a buscar otras maneras de apoyar a sus familias. Dejaron sus aldeas durante cinco meses y fueron a aprender agricultura, un campo nuevo para ellos. Ahora están utilizando los conocimientos adquiridos en sus granjas y se los están enseñando a sus compañeros de aldea.

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