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AMIA/Encubrimiento. Fuerte cruce entre Beraja y Kollmann en un careo y declaró un ex agente de inteligencia

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 Itongadol/AJN (Por Lic. Claudio Gustavo Goldman, desde Tribunales).- Finalmente se llevó a cabo ayer, jueves, el dos veces postergado careo pedido por el imputado ex presidente de la DAIA Rubén Beraja con el testigo Raúl Kollmann, en el marco del juicio oral y público por encubrimiento de autores o cómplices del atentado a la AMIA, en el cual ambos mantuvieron sus dichos, pero al periodista se lo vio más tranquilo y seguro, lo cual no significa que fuera veraz, ya que es difícil que una persona conserve la calma cuando es acusada falsamente.

Por la mañana había declarado el ex agente inorgánico de la desaparecida Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) Julio Posse, cuyo testimonio se había anunciado secreto y finalmente no lo fue, para desconcierto de las partes, el público y la prensa, el cual continuó una vez culminada la audiencia.

¿Qué había dicho Kollmann sobre Beraja?

“Tuve una reunión con Beraja en su oficina del Banco Mayo (que también encabezaba hasta su liquidación, en 1998) y me dijo que la comunidad debía disculparse con (el Presidente de la época, Carlos) Menem porque le había hecho mucho daño, pero no lo publiqué para protegerlo porque era muy ‘en falsa escuadra’ y le tenía cariño”, aseguró el colega el 1º de septiembre, en la 50ª audiencia, ante los constantes cuestionamientos de la defensora del primero, Valeria Corbacho, quien acto seguido reclamó confrontar a ambos cuando los jueces lo determinasen.

Si bien “había un gran clima de disconformidad antes del acto por el aniversario de 1997, me sorprendió el discurso de Laura Ginsberg en nombre de los familiares (de víctimas), que denunció lo que se veía desde el primer día: que los dirigentes de la AMIA y la DAIA tenían una posición blanda y condescendiente y no eran firmes a la hora de exigir respuestas”, e incluso “por la tarde fueron a pedir disculpas a la Casa Rosada; eso ya fue demasiado”, recordó con evidente molestia.

La decepción de la defensa de Beraja con el testigo venía de antes, cuando dijo no recordar varias de sus críticas al Gobierno y la investigación, incluso en una entrevista que él le habría hecho, o cuando calificó a la denuncia de irregularidades y obstrucciones efectuada por la AMIA y la DAIA en 1997 como “una evaluación de cuatro juristas -(Raúl) Zaffaroni, (Ricardo) Gil Lavedra, (León Arslanián y Andrés D’Alessio)- que pidieron las autoridades comunitarias, con 50 ó 70 páginas de suaves críticas”.

¿Qué había dicho Beraja sobre Kollmann?

El ex presidente de la DAIA ya había comparecido en tres audiencias, y en la del 29 de septiembre aseguró: “Es falso y con total alevosía que le hayamos pedido disculpas al gobierno o que lo haya propuesto no sé por qué, como aseguró con mala fe el periodista”.

“Con esta descabellada imputación quieren crear el mito de que estaba todo el tiempo con (el destituido juez Juan José) Galeano y los fiscales (para esa época, Eamon Mullen y José Barbaccia) como si nada hubiese tenido que hacer en mi vida”, se defendió el ex titular de la DAIA.

“Lo más grave es la traición a la historia, mintiendo sin medir las consecuencias: Kollmann habló de ‘un librito’ en referencia a la única denuncia contra funcionarios públicos que se hizo antes de este juicio, y dijo que era suave porque usa los parámetros de los medios y no los jurídicos; la hicieron prestigiosos juristas, con más de 170 pedidos de medidas de prueba”, destacó.

El periodista “creó una figura que es mentira: un entramado de dirigentes comunitarios y funcionarios judiciales; debería medir cuál fue su papel en estos hechos: pareció sincero cuando dijo que se involucró en el libro con Lejtman -seguramente llevados por la buena fe- para hacer un aporte a la investigación y sacar su tajada; así descubrí que Telleldín tenía un interés económico y que ése fue el germen del pago” de los 400.000 dólares de fondos reservados de la desaparecida Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) para que acusara -se presume que falsamente- a policías bonaerenses, alegó Beraja.

“Fue una decisión imprudente e inoportuna por iniciativa de ellos”, insistió.

“Con todo lo que le veníamos diciendo al Gobierno desde 1994, ¿cómo alguien puede pensar que podíamos pedirle disculpas? Esto me irrita: exigíamos respuestas”, afirmó el presidente de la DAIA entre 1991 y 1998.

“Kollmann nada le creía al Gobierno, pero eso sí”, deslizó con perspicacia.

“No sé por qué afirmó que me tenía cariño si siempre tuvimos una relación funcional, y me habría gustado que declarase delante mío (que le dije que la comunidad judía debía pedirle perdón a Menem porque le había hecho daño) y no cuando me había retirado”, lo desafió Beraja.

¿Qué dijeron ambos ayer?

Sentado uno al lado del otro, en la sala AMIA de los tribunales federales de Comodoro Py 2002, Kollman y Beraja se cruzaron duramente después que un secretario del Tribunal Oral Federal Nº 2 leyera fragmentos contrapuestos de sus declaraciones anteriores.

“Me mantengo en mis dichos: creo que fue la única vez que fui al Banco Mayo y lo esperé en el despacho de su (entonces) vocera, Débora Levy, en un piso alto; después tuvimos un diálogo largo, en el cual estuvimos solos”, precisó el primero.

“Recuerdo esa frase (sobre las disculpas que presuntamente la comunidad judía debía pedirle a Menem) y mi respuesta sobre que la Argentina había sufrido tal cantidad de muertos, pero no lo publiqué porque era una conversación entre nosotros y no una entrevista”, justificó.

“Le tenía afecto a Beraja porque lo respetaba como dirigente, e incluso en 1998 publiqué que una parte de la comunidad opinaba que no era exigente y estaba demasiado ‘pegado’ al Gobierno para salvar su banco, y otra decía que era un gran directivo”, refirió el periodista para negar cualquier tipo de animosidad.

El imputado “se ofende conmigo por una opinión generalizada”, se quejó.

“Es falso lo dicho por Kollman: esa supuesta conversación en mi despacho jamás existió y no me queda otra que acusarlo de mentiroso; lo respeto como periodista, pero como testigo ha faltado a la verdad”, le espetó el ex presidente de la DAIA, que no aclaró si lo había recibido en otra oportunidad, dada la precisión de la descripción del periodista respecto de los detalles del lugar.

“Siempre tuvimos opiniones contrapuestas por diferencias ideológicas, pero me enoja porque es un hecho aberrante: ¿cómo una víctima va a pensar en pedirle disculpas a quien debía cuidarla, como responsable de la seguridad pública?”, refutó.

Beraja dijo haberse convencido de una presunta intencionalidad aviesa del periodista cuando su colega Román Lejtman lo calificó de “sicario” y denunció que “una pregunta de una querella (por la de Ginsberg, actual titular de la Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA, a cargo de Omar Dib) le hizo recordar que se había salteado una línea del libreto”, la referida a esa controvertida conversación entre ambos.

“Kollmann desprecia el trabajo de la dirigencia porque no integra la comunidad” judía, lo descalificó.

Asimismo, “Corbacho, que está conmigo hace poco tiempo, enseguida pidió un careo sin consultarme, ya que (el testigo) mencionó esa charla cuando yo había tenido que salir por cuestiones de salud, porque sabía que era un absurdo; no es usual que un abogado haga eso…”, enfatizó el imputado.

“No vi que Beraja se había ido, e integro la comunidad: voy a un club judío (por el Náutico Hacoaj) y mis hijos también lo son”, le contestó Kollmann, que enfatizó que “él no es quién para decir” qué persona forma parte de la colectividad.

“Hay una flagrante contradicción porque cuando declaró dijo que lamentaba que yo no estuviese…”, lo cruzó el ex presidente de la DAIA.

“No lo sabía cuando empecé a decirlo, lo advertí después”, aclaró el periodista antes de que la jueza Karina Perilli, presidenta del tribunal por esta quincena, diera por concluido el careo sin permitir la intervención de las partes.

El inorgánico que llevó el celular

Por la mañana, Posse ratificó haber llevado al Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal N° 9, entonces a cargo de Galeano, un teléfono celular “descartable” el 5 de julio de 1996, el cual entregó a personal del mismo y luego le llegó al agente Carlos Molina Quiroga, cuyo testimonio estaba previsto para ayer, pero debió ser pospuesto debido a que se encuentra de viaje.

Ese aparato luego le fue provisto al último poseedor conocido de la camioneta-bomba, Carlos Telleldín, y a través del mismo, su entonces concubina, Ana María Boragni, le confirmó que había cobrado la primera cuota de 200.000 dólares de fondos reservados de la SIDE para que el primero afirmara -se presume que falsamente- que les había entregado la Trafic a policías bonaerenses.

Entre imprecisas idas y vueltas, el ex colaborador de la SIDE y servicios de inteligencia de otros países (Alemania, Francia y los Estados Unidos, además de la DEA, sigla en inglés de la Administración para el Control de Drogas) relató que trabajaba para el sector especializado en terrorismo internacional denominado “Sala Patria”, cuyo jefe operativo, el fallecido imputado y mayor retirado del Ejército Alejandro Brousson, le hizo llegar ese teléfono, que previamente había comprado a un proveedor habitual del organismo, a su pedido.

“Te van a llamar; cuando suene, golpeás la puerta y lo entregás”, le indicó con Luis Ruidíaz, su habitual chofer, lo cual cumplió después de haber atendido el llamado.

“Esperé en el pasillo hasta que me lo devolvieron, al mediodía, pero no vi a los fiscales”, aseguró Posse en beneficio de los ex funcionarios, quienes afirman que no asistieron a la indagatoria de Telleldín ni sabían que le habían pagado para cambiar su versión.

Luego se quedó con ese celular, además de “información secreta recolectada trabajando para la SIDE, sobre todo en la Triple Frontera”, adonde lo enviaron por varios años como informante sobre diversos temas y no solo el atentado a la AMIA, reconoció al borde de la autoincriminación.

Sin embargo, después que entraran a la casa del ex comisario bonaerense Luis Vicat, procesado por desviar la investigación y le encontraran información vinculada a la causa, el testigo se asustó y pidió que se llevaran todo, lo cual ocurrió.

No obstante, desde entonces “vivo con temor a que allanen mi casa”, admitió.

Allí había una agenda donde figuraban el sospechoso empresario descendiente de sirios Alberto Jacinto Kanoore Edul y Juan José Ribelli, sobreseído como cabecilla de la “conexión local”, a quienes Posse afirmó no haber investigado.

En la instrucción había declarado que Brousson le ordenó hacerlo respecto del ex comisario bonaerense, pero esta vez aclaró que no lo logró.

Por otra parte, el testigo reveló que en la SIDE se decía que el ex subsecretario y posterior denunciante de muchas de las irregularidades que derivaron en este proceso, Claudio Lifschitz, llevaba “información cambiada” al juzgado.

Al término de este testimonio, Diego Álvarez, defensor de Galeano, anunció que éste se encuentra en condiciones de responder las preguntas que el juez Jorge Gorini le había formulado la semana pasada, cuando el tribunal lo considere pertinente.

Antes de concluir la audiencia, José Ubeira, por la querella de los ex policías bonaerenses, solicitó que el juicio se interrumpa durante la feria judicial de enero, lo cual los magistrados dispusieron ante la falta de oposición del resto de las partes.

El debate continuará el jueves, con la ampliación de indagatoria solicitada por el ex fiscal Mullen.

Desmentida de Memoria Activa

Fuentes de Memoria Activa aprovecharon un cuarto intermedio para acercarse a AJN y desmentir que esa entidad haya funcionado “los dos primeros años” en el estudio de Alberto Indij, tal como el vicepresidente 1º de la DAIA afirmara en una entrevista con esta agencia.

“No habremos tenido más de una reunión allí”, aclararon al día siguiente de haber denunciado que la representación política de la comunidad judía los había citado a una reunión, que finalmente no se realizó por la ausencia de los dirigentes.

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