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AJC. Latinos y judíos, en el ojo de la tormenta de odio en la campaña electoral, Por Dina Siegel Vann*

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 Itongadol (para Haaretz).- Los judíos latinos en Estados Unidos han seguido la campaña presidencial de este año tanto con expectación como también con un mal presentimiento.

La expectación viene del creciente empoderamiento de la comunidad hispana, ya que los más de 55 millones de ciudadanos latinos podrían potencialmente resultar en 28 millones de votos el 8 de noviembre. Entre ellos, hay alrededor de 200.100 a 227.000 judíos latinos, es decir, de tres a cinco por ciento de los 6,7 millones que integran la población judía de Estados Unidos. Una población que se siente parte integral tanto de la comunidad latina como de la judía.

El mal presentimiento viene de la retórica que señala a los latinos de forma despectiva y que proyecta desprecio por los inmigrantes. Nadie siente esta amenaza más que los judíos latinos en los Estados Unidos. Al fin y al cabo, entendemos mejor que otros el peligro que representa la retórica del odio que degrada a un grupo en particular. Los judíos latinos nos sentimos estigmatizados por cuenta doble debido al histórico antisemitismo que forzó a nuestras familias a emigrar a Latinoamérica en primer lugar, y a las voces anti-latinas que han crecido en estridencia en Estados Unidos durante este año.

Esta mezcla tóxica, así como el intento de conectar a los migrantes con el terrorismo, plantea para el próximo presidente de los Estados Unidos el desafío de devolver el genio a la botella. Con el liderazgo necesario, será imperioso reparar los desmejorados vínculos con países Latinoamericanos amigos y relacionarse positiva y productivamente con las diversas poblaciones latinas en Estados Unidos.

Un factor positivo es que los judíos latinos pueden ejercer de embajadores entre las comunidades judía y latina. Este rol ha sido destacado en un estudio sin precedentes del AJC dedicado a los judíos latinos en Estados Unidos, publicado a principios de este año. El mismo sugiere que la mayoría de los judíos latinos en Estados Unidos no se identifican con el término “Americano” cuando se refieren a sí mismos, prefiriendo en cambio, el gentilicio de sus países de origen. Los judíos latinos, incluso aquellos nacidos en Estados Unidos, mantienen fuertes vínculos con los países en América Latina que dieron la bienvenida a sus familias en dos olas, luego de la Primera y Segunda Guerras Mundiales.

Yo misma vivo esa identidad dual, ya que soy tanto mexicana como estadounidense. Mi madre nació en México de padres judíos que escaparon de Polonia en 1924. Ellos no pudieron ingresar a los Estados Unidos debido a sus leyes migratorias restrictivas, pero sí pudieron radicarse en México, en donde dos presidentes sucesivos alentaron la inmigración de los judíos perseguidos en Europa y el Medio Oriente. Mi padre es un judío estadounidense de primera generación, cuyos padres llegaron de Lituania a principios del 1900, pasaron por Ellis Island y se asentaron en Nueva York. Veterano de la Segunda Guerra Mundial, asistió a la universidad gracias a la “G.I. Bill” –o Ley del Soldado Desmovilizado–, y viajó a México para su trabajo post-doctoral, en donde conoció a mi madre, con quien luego se casó. Mi marido y yo inmigramos a los Estados Unidos en 1997 con nuestras dos hijas. Yo, como la mayoría de los 35 millones de mexicoamericanos, tengo familia a ambos lados de la frontera.

No debemos perder de vista el hecho de que México y Estados Unidos son socios estratégicos. Tal como señalara la Secretaria de Relaciones Exteriores de México, Claudia Ruiz Massieu, en su discurso el pasado mes de junio durante el Foro Global del AJC en Washington, las economías mexicana y estadounidense están crecientemente entrelazadas. “Estados Unidos se beneficia, en mucho, de las relaciones económicas con México”, añadiendo que, en igual medida “el pueblo estadounidense se beneficia inmensamente de la presencia de mexicanos en este país”.

Dado que las comunidades judía y latina comparten experiencias de inmigración, juntos podemos abogar por la reparación de un sistema inmigratorio roto. La esperanza reside en que el Congreso formule una solución que equilibre una política inmigratoria generosa y humana con la atención a los requerimientos de la seguridad nacional.

Mirando hacia adelante, los judíos latinos jugarán un rol crítico en el avance y profundización de las interacciones, la comprensión mutua entre latinos y judíos en los Estados Unidos, y la promoción de vínculos más sólidos con América Latina.

A partir de las experiencias históricas que nos unen y el sentido de destino compartido, la comunidad judía está llamada a alzar la voz y manifestarse con claridad en contra de la demonización de nuestros hermanos latinos.

*Dina Siegel Vann es la Directora del Instituto Belfer para Asuntos Latinos y Latinoamericanos del AJC – @AJCLatino

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