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Una estrategia de salida de la crisis climática. El aporte israelí

Por IG
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Itongadol/AJN (Por Yoed Magen*/El Observador).- En los últimos meses el mundo entero ha estado lidiando con la pandemia del coronavirus. Esta crisis representa uno de los mayores desafíos de la humanidad en décadas. Y, sin embargo, después de un tiempo relativamente corto, caracterizado por la incertidumbre, es probable que pronto tengamos una vacuna o solución médica que nos permita convivir con ese virus. Pero a la vuelta de la esquina nos espera un desafío global, más significativo y que está lejos de ser resuelto, que podría tener un impacto devastador sobre nuestro futuro: el cambio climático.

La crisis del coronavirus, por más desafiante que parezca, tiene un alcance limitado en comparación con la crisis que se prevé que cause el cambio climático. La manera en que los países se enfrentaron con el Covid-19 nos deja algunas lecciones importantes, la más notable es que cuando la humanidad se siente bajo una amenaza real y tangible los países actúan y rápido. Esto es precisamente lo que se requiere ahora para enfrentar la alarmante crisis climática.

La época de la pandemia se ha caracterizado por una cooperación internacional rara vez vista antes. Esta buena voluntad debe ser aprovechada para ahora forjar políticas globales sostenibles para detener el cambio climático. En los próximos años se espera que, a raíz de la actual crisis, la economía se torne más amigable con el medio ambiente.

El discurso público está inundado de llamados a la acción, protestas, objetivos a largo plazo y debates agotadores en los comités de acción climática, pero paradójicamente las soluciones prácticas permanecen ausentes. Estas soluciones son críticas para la escasez de lluvias y para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero, al igual que para adaptarse al cambio climático y sus implicaciones.

En los últimos años Israel se está convirtiendo en un líder mundial en innovación climática y tendrá un rol clave para posicionarse como proveedor de soluciones globales. Su ubicación al borde del desierto, las circunstancias que rodearon su creación, así como la capacidad innovadora y emprendedora, sumado a su creatividad, se han combinado para desarrollar un número ilimitado de soluciones en el campo ambiental.

La agricultura israelí, de renombre mundial, puede brindar algunas soluciones para enfrentar la escasez de alimentos y agua, así como los procesos de desertificación. La agricultura de precisión, el desarrollo de cepas resistentes a enfermedades de los cultivos, el uso de agua salada y muchos más, son excelentes ejemplos de cómo puede la innovación israelí contribuir con la solución.

El Centro Volcani, el instituto de investigación agrícola de Israel, desarrolló un método que minimiza la pérdida de granos en almacenes de «Silo» a sólo 0.5%. A nivel mundial, se pierde un porcentaje muy alto de semillas almacenadas debido a enfermedades, moho e insectos. Imagínense cuántas emisiones de gas de efecto invernadero y tierras agrícolas podrían haberse ahorrado si la pérdida de granos se redujera a estos números.

El agua es otra área donde Israel lidera a escala mundial. Nuestro país recicla casi el 90% de su agua residual y la reutiliza en la agricultura. Piensen en las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación ambiental y la destrucción del ecosistema que podrían haberse evitado si otros países reciclaran a este ritmo.

Israel lidera el camino de reforestación de áreas semiáridas. Más de cien años de experiencia le han aportado conocimientos invaluables sobre cómo plantar bosques y preservarlos en regiones con poca precipitación. En momentos en que el mundo está considerando programas de plantación de árboles a gran escala, como un método para mitigar las implicaciones de la crisis, este pequeño país tiene mucho para ofrecer.

Israel también posee tecnologías avanzadas y una amplia experiencia en el campo de las energías renovables. La compañía Eco Wave Power ganó un premio en la conferencia climática de Madrid el año pasado al desarrollar una tecnología que permite producir energía a partir de las olas del mar.

Dichas prácticas y tecnologías deberían formar parte de una política global que apunte a enfrentar la crisis climática.

El mundo tiene que aprovechar las lecciones aprendidas de la crisis del Covid-19, para consolidar hoy una estrategia de salida que enfrente al cambio climático. Hay momentos en la historia en que se nos presenta la oportunidad de actuar para mejorar la vida de nuestros pueblos. La crisis climática es uno de esos momentos.

* Embajador de Israel en Uruguay.

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