Inicio LATINOAMERICA Alberto Fernández recibe a la DAIA en medio de un rebrote del antisemitismo y tras el voto contra Israel en la ONU

Alberto Fernández recibe a la DAIA en medio de un rebrote del antisemitismo y tras el voto contra Israel en la ONU

Por Iton Gadol
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Agencia AJN.- Si no hay otra cancelación de último momento, el presidente argentino, Alberto Fernández, recibirá hoy, lunes, a las 17 hs., a las máximas autoridades de la DAIA, por primera vez tras un año y medio de gestión, en medio de un rebrote del antisemitismo a nivel local y global y tras su falta de condena al terrorismo palestino, que incluyó críticas al accionar defensivo de Israel, todos ellos temas muy sensibles y que generan una generalizada preocupación en la comunidad judía. Un improvisado diálogo por Whatsaap el pasado viernes logró generar el interés de ambas partes para el encuentro de hoy.

Este encuentro se produciría con una demora inédita, ya que es tradición que las flamantes autoridades se reúnan en forma protocolar con los representantes políticos de esa colectividad a poco de asumir sus funciones, pero esta vez ello no se llevó a cabo dado el particular encono que el kirchnerismo, principal factor de poder del gobernante Frente de Todos, tiene con esa entidad por ser querellante en la causa por presunto encubrimiento de imputados iraníes del atentado a la AMIA, que tiene como acusados a la actual vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y varios funcionarios, allegados y simpatizantes.

Ese trasfondo motivó -y aún lo hace- numerosos cruces, agresiones y «operaciones periodísticas» por parte de sectores del kirchnerismo. No obstante se supo de algunos encuentros que el presidente de la DAIA, Jorge Knoblovits, mantuvo con el oficialismo, Wado de Pedro y Sergio Massa entre ellos, y que pudo haber facilitado el encuentro de hoy.

En tanto, desde la comunidad judía han tratado de diferenciar al kirchnerismo de una especie de «histórico peronismo racional y pro occidental», con el cual se puede dialogar e incluso tener buenas relaciones, el cual lideraría -o al menos, eso pretenden- Alberto Fernández, quien ha tenido un vínculo con altibajos con la colectividad.

De hecho, su primer viaje al exterior lo hizo a Israel, para participar en un megaevento internacional por el Día de Rememoración de las Víctimas de la Shoá, en el 75° aniversario de la llegada del Ejército Rojo soviético al complejo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau.

En esa oportunidad, el presidente argentino mantuvo una extensa y fructífera reunión privada con el primer ministro hebreo, Benjamín Netanyahu.

Paralelamente, en Buenos Aires se hacía un acto al mejor estilo kirchnerista: comparar la Shoá con la última dictadura militar y menospreciar a la DAIA al compartir su lugar con instituciones muy minoritarias a modo de cuestionamiento de su representatividad.

Casi un mes después, ese gesto iba a verse compensado con el postergado encuentro protocolar con Alberto Fernández, pero este fue suspendido a último momento “por cuestiones de agenda”, con la incumplida promesa de una pronta reprogramación que nunca se dio.

Por esos días se decía que Fernández no había podido soportar la presión de su vicepresidenta para que no levantara el virtual veto impuesto a esa entidad judía.

Para aventar cualquier sospecha de antisemitismo, el Gobierno afianzó y se mostró muchas veces públicamente con la AMIA, en una reedición de la táctica empleada por Néstor Kirchner en su momento y que trajo a la memoria la creación de la OIA en tiempos de Juan Domingo Perón.

En su primer discurso ante la Asamblea Legislativa, el mandatario expresó varios conceptos que fueron bien recibidos por la comunidad judía, y también hubo encuentros y acciones de mucha exposición de diferentes ministerios y provincias tanto con instituciones judías como con el propio Estado de Israel, sobre todo en virtud del gran éxito que este tuvo en el manejo de la pandemia del nuevo coronavirus COVID-19.

Asimismo, esta plaga generó un brote de antisemitismo e hipótesis conspirativas que no fue abordado con demasiado énfasis por las autoridades y parecía diluirse con el paso del tiempo y la aparición de otros temas y necesidades en la agenda hasta la reciente andanada de ataques y bombardeos de terroristas palestinos, que lo hizo revivir.

El presidente de la DAIA alertó en varias oportunidades sobre el crecimiento del antisemitismo en Argentina, manifestado con pintadas y grafitis en diversos puntos del país, y aclaró que si bien este aumento se dio a nivel mundial, él se ocupa de lo que ocurre en particular en la Argentina.

Lejos de una argumentada posición ecuánime frente al conflicto, el Gobierno nacional criticó a Israel, no censuró la agresión fundamentalista e incluso avaló una investigación sobre presuntos crímenes de guerra por parte del primero, cuyo resultado sesgado es más que previsible.

Ello se dio al tiempo que una delegación de expertos del hospital Hadassah y el Instituto Biológico de Investigación capacitaba sobre el manejo de la pandemia y evaluaba la posibilidad de desarrollar aquí la vacuna BriLife, y otra alcanzaba acuerdos sobre tratamiento de aguas y otros proyectos en las provincias de Tucumán, Córdoba y Buenos Aires. Acuerdos e intercambios tecnológicos difundidos la semana pasada por el KKL, la ONG que tiene a su cargo los acuerdos entre Israel y la Argentina.

Otro de los golpeados fue el propio embajador Sergio Urribarri, quien no sabía cómo defender la posición oficial mientras su personal era víctima de los misiles y él mismo se había esmerado tanto por potenciar las ya excelentes relaciones bilaterales y las vacunas israelíes para los argentinos. Por estas horas, Urribarri fue citado por la Cancillería israelí para dar explicaciones por el voto de la Argentina en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, al igual que los representantes de los otros 23 países que también votaron por la apertura de una investigación por supuestos crímenes de guerra.

En respuesta se conocieron los repudios de la Organización Sionista Argentina y de la DAIA, en la dura voz pública de su presidente, Jorge Knoblovits, y una gestión privada del titular de su Consejo Federal, Fabián Neiman, quien por ser tucumano cuenta con el respeto y la estima del gobernador de esa provincia, Juan Manzur, a quien Fernández suele escuchar.

Un intercambio por WhatsApp y una conversación entre el referente judío del Interior y el mandatario nacional el viernes fueron la génesis del encuentro de hoy.

Eso explica la presencia de Neiman en la Casa Rosada, junto con Knoblovits -que también es secretario general del Congreso Judío Latinoamericano (CJL)-, el secretario general, Alejandro Zuchowicki, y el tesorero, Marcos Cohen, quienes tratarán de hacerle entender al Presidente y al canciller, Felipe Solá, cuál es la realidad en Medio Oriente, por qué es incorrecto criticar a Israel y avalar -aunque sea tácitamente- el terrorismo palestino en un país que sufrió dos atentados que costaron más de un centenar de muertos y muchos más heridos y daños materiales, y cómo todo ello alimenta el antisemitismo y afecta el diálogo interreligioso, entre otros aspectos.

La aspiración sería obtener mucho más que las fotos, ya sea una declaración o conferencia de prensa conjunta que refleje ese eventual cambio -o reajuste- de opinión.

Llama la atención la decisión del presidente Alberto Fernández de encontrar en la DAIA el diálogo que no surge espontáneamente con la embajada de Israel en Buenos Aires.

No obstante, fuentes comunitarias temen que Fernández vuelva a ceder a las renovadas presiones del kirchnerismo, que tiene tensiones tanto con la DAIA como a Israel, y cancele la reunión a último momento, o bien que les diga lo que quieren escuchar, pero después no lo cumpla, o aún peor, que como «compensación» dicte alguna medida que afecte a la comunidad judía o a su representación política en particular.

A estas horas los acuerdos entre Israel y Argentina en vacunas y tratamiento del agua siguen siendo la señal de un interés bilateral que ambos países sostienen hace años y desean mantener pese a los chispazos y expresiones que el Presidente desearía dejar atrás. Para algunos dirigentes optimistas, la realidad de una cooperación entre ambos países se impone como única realidad.

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