Por Rab Osher Farkash
Moshé lo vio todo
Nos encontramos analizando la Parashá de Vezot Habrajá, que relata los últimos instantes de la vida de Moshé Rabeinu. Antes de partir de este mundo, reunió a todas las tribus de Israel para impartirles sus respectivas bendiciones.
La Torá relata que Hashem le mostró a Moshé todo lo que acontecería a lo largo de la historia del pueblo de Israel, hasta el último día, incluyendo la resurrección de los difuntos. Luego ascendió al Monte Nevo, donde Di-s mismo lo enterró. Sobre ese momento, la Torá declara algo extraordinario: «Nadie conoce hasta hoy el lugar de su sepultura.»
¿Por qué la Torá enfatiza que nadie sabe dónde fue enterrado Moshé? ¿Qué enseñanza encierra este misterio?
Entre el cielo y la tierra
La Guemará explica que quienes están abajo creen que la tumba de Moshé está arriba, mientras que quienes están arriba piensan que está abajo.
A primera vista, esta afirmación resulta enigmática.
El Maguid de Mezritch, basándose en el Zohar, ofrece una explicación profunda. Durante toda su vida, Moshé alcanzó cuarenta y nueve Portones de Sabiduría. Sin embargo, siempre anheló llegar al cincuentavo portón: el nivel más elevado de unión con Hashem, la revelación de la Yejidá, el punto más esencial del alma.
Por eso falleció precisamente en el Monte Nevo. La palabra puede leerse como «Nun bo»: «el cincuenta está en él». Es decir, aquel día Moshé alcanzó finalmente el Portón cincuenta.
El Alter Rebe agrega una dimensión aún más profunda. Explica que, en ese instante, Moshé alcanzó la virtud de la teshuvá suprema. Como afirma el Zohar: «Mashiaj vendrá para hacer retornar en teshuvá incluso a los tzadikim.» Esto significa que Moshé llegó a un nivel de apego a Hashem tan absoluto, que en él comenzó a revelarse la dimensión espiritual del Mashiaj.
El puente entre el Infinito y la creación
Ahora podemos comprender la enseñanza de la Guemará.
Las siete emociones del alma contienen, cada una, las siete restantes; en total, cuarenta y nueve combinaciones. Como es sabido, las emociones nacen del entendimiento (Biná). Por ello existen cuarenta y nueve formas de comprensión, correspondientes a esos cuarenta y nueve atributos emocionales.
Pero por encima de Biná se encuentra Jojmá, la Sabiduría.
La palabra Jojmá puede entenderse como «Coaj Má»: la fuerza del «¿qué soy yo?». Es la capacidad de anular el ego, de convertirse en ain, en transparencia frente al Infinito. Desde ese punto nace posteriormente el entendimiento.
Así, Jojmá constituye el puente entre el Infinito y el mundo de la comprensión.
Por eso la Guemará afirma que quienes están arriba creen que está abajo, y quienes están abajo creen que está arriba. Desde la perspectiva de los mundos superiores, Jojmá desciende para proyectar la luz infinita hacia la creación. Pero desde la perspectiva del entendimiento humano, parece encontrarse muy por encima de nosotros, pues es la fuente de toda comprensión.
Moshé, quien alcanzó el Portón cincuenta, se convirtió precisamente en ese puente viviente entre el Infinito y la realidad creada.
El primer y el último redentor
Ahora también se entiende por qué nuestros Sabios enseñan que Moshé es el primer redentor y el último redentor.
Esto no significa que Moshé sea el Mashiaj. Moshé pertenece a la tribu de Leví, mientras que el Mashiaj descenderá de Yehudá. Lo que comparten es la misma raíz del alma.
Mashiaj culminará aquello que Moshé inició.
La entrega de la Torá fue el comienzo de la revelación de la Divinidad en el mundo. Sin embargo, aquella revelación provino principalmente como una iniciativa desde lo Alto.
Durante todos los años de exilio, el pueblo de Israel ha trabajado para que esa misma verdad divina no permanezca únicamente como una luz celestial, sino que penetre y transforme la realidad misma del mundo.
Por eso nuestros Sabios señalan que Moshé más trece equivale numéricamente a Mashiaj.
El trece representa Ejad, «Uno».
La Alef simboliza al Amo del universo; la Jet, cuyo valor numérico es ocho, representa los siete cielos y la tierra; y la Dalet, cuyo valor es cuatro, alude a los cuatro puntos cardinales.
Ejad expresa precisamente el propósito de la Redención: que la presencia del Uno se revele en toda la creación, hasta los lugares más bajos y distantes.
Por eso Moshé contempló toda la historia antes de partir de este mundo. Su visión no fue solamente una revelación personal; fue la fuerza que otorgó a cada generación para cumplir su misión durante el exilio y continuar revelando la Divinidad dentro de la realidad.
Sea la Voluntad Divina que muy pronto podamos ver el cumplimiento de las palabras del Rebe Anterior: así como Moshé más «Ejad» equivale a Mashiaj, cuando el pueblo de Israel alcance un verdadero Ajdut, una auténtica unidad, esa unión impulsará la Redención verdadera y completa por medio de nuestro justo Mashiaj, muy pronto en nuestros días. Amén.

