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La comunidad judía celebra a partir de hoy la festividad de Sucot

Por Gustavo Beron
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Itongadol.-Luego de la celebración de Rosh Hashaná y de Iom Kipur, Sucot es la festividad en la que se honra el camino que recorrieron nuestros antepasados por el desierto, tras la salida de Egipto.

“En Sucot salimos de nuestra casa permanente y entramos en la sucá. Es un hogar de otro tipo. Un hogar que no se sostiene por la fuerza de sus paredes, sino por el significado que simboliza y representa”, expresó en su mensaje el Gran Rabino de AMIA, Eliahu Hamra, para destacar el valor de esta fiesta que se extiende hasta el 2 de octubre.

“La sucá enseña que el hogar no es solamente una construcción. El hogar son las personas. El hogar es el sentido de pertenencia, la responsabilidad y el amor”, señaló.

Sucot y la verdadera construcción del ser humano: “Los rodeó y los construyó”

Por el Gran Rabino de AMIA Eliahu Hamra

El mes de Tishrei (primer mes del calendario hebreo) es un proceso de construcción del ser humano. Las festividades de Rosh Hashaná, Iom Kipur y Sucot forman un proceso único y completo: el ser humano se descubre a sí mismo, se corrige y, finalmente, aprende cómo construir su vida de manera que todo aquello que asumió sobre sí pueda mantenerse a lo largo del tiempo.

En Rosh Hashaná regresamos al comienzo de la Creación, al día en que fue creado el ser humano.

El ser humano fue creado como individuo, pero no está destinado a permanecer solo. La Torá enseña que la persona no es solamente un individuo. También es hijo, pareja, padre o madre, parte de una familia, de una comunidad y de un pueblo. El hombre fue creado como individuo para saber que tiene valor, pero no fue creado para vivir solo.

Si en Rosh Hashaná la persona se pregunta ¿quién soy?, en Iom Kipur se pregunta ¿quién quiero ser?

Es un día en el que la persona se observa a sí misma, examina sus caminos y busca cambiar. Descubre que no está atada a su pasado; puede reconstruirse.

Pero aquí surge una pregunta aún más profunda: ¿Cómo se mantendrán las decisiones de Rosh Hashaná y de Iom Kipur? ¿cómo se transformarán los deseos y las aspiraciones en una realidad permanente?

Y aquí llega Sucot.

La Torá nos ordena trasladar nuestra permanencia durante los días de la festividad a la sucá, como recuerdo de las sucot en las Hashem hizo habitar al pueblo de Israel durante la salida de Egipto.

Como está escrito en la sección de las festividades “Para que sepan las generaciones de ustedes que en Sucot hice habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto.”

En el Talmud, aparece una discusión entre los Sabios acerca del significado de este versículo: según Rabí Akiva, se refiere a las verdaderas sucot en las que se sentaron los hijos de Israel en el desierto; mientras que según Rabí Eliezer, “eran las nubes de gloria”: la sucá que construimos es un recuerdo de las nubes de gloria que rodearon y protegieron al pueblo de Israel en el desierto.

Los rodeó y los construyó

Sobre el pueblo de Israel en el desierto, Moshé dijo en uno de sus últimos discursos, en la parashá Haazinu: “Lo encontró en una tierra desierta… lo rodeó, lo hizo comprender, lo protegió como a la niña de sus ojos.” (Devarim 32:10)

Rashi explicó: “– Los rodeó con las nubes de gloria. Los construyó– les dio Torá y entendimiento”. Y el Bejor Shor agregó: “Los rodeó – con las nubes de las Sucot. Los construyó– en el sentido de construcción y entendimiento.”

Aquí encontramos una idea fundamental: Hashem rodea al ser humano y, a partir de ese entorno, el ser humano se construye.

Primero: “– los rodeó”. Y después: “– los construyó”.

La Providencia Divina que se manifestó sobre el pueblo de Israel en el desierto no fue solamente una protección externa; fue la creación de un entorno en el que el ser humano podía crecer y construirse.

Y esta es una de las enseñanzas de la sucá. Primero, el entorno; después, la construcción. Hashem no solamente protege a la persona, la rodea, sino que crea para ella una realidad dentro de la cual puede crecer y construirse.

Y este es también uno de los grandes fundamentos de la vida: para proteger algo valioso, hay que crear a su alrededor un entorno que lo proteja.

No alcanza con tener buena voluntad y tomar buenas decisiones. Una persona que desea adquirir conocimientos profesionales o espirituales debe, primero, construir para sí misma una rutina, amistades y un entorno que la ayuden a mantener esos deseos y decisiones.

La sucá como entorno

La sucá no es solamente el lugar donde la persona cumple una mitzvá (precepto). Es un entorno. La persona come allí, estudia allí, conversa allí, recibe invitados allí y se alegra allí. Toda la vida entra dentro de ese espacio que la rodea.

La sucá enfatiza y enseña que la vida no consiste solamente en decisiones internas. Necesita un marco que permita que esas decisiones puedan mantenerse.

En Sucot la persona sale de su casa permanente y entra en una construcción temporaria. Deja por un momento las paredes, las posesiones, la seguridad y todo aquello que construyó con sus propias fuerzas, y entra en un lugar que le recuerda:

No vives solo en el mundo. Estás rodeado. Rodeado por la Providencia de Hashem. Rodeado por tu familia. Rodeado por personas. Rodeado por una comunidad.

Y a partir de ese entorno, el ser humano se construye. No alcanza con querer: hay que construir un entorno.

Aquí se encuentra uno de los grandes fundamentos de la vida. A veces una persona piensa que todo depende de la voluntad: quiero ser una persona mejor, quiero conservar mis valores. Pero la vida enseña que no siempre alcanza con querer.

Este es otro aspecto profundo de la elevación espiritual contenida en “Los rodeó”. Quien quiere conservar algo, debe rodearlo. Quien quiere construir algo debe generar y crear a su alrededor las condiciones que le permitan crecer.

Hashem rodeó a Israel con las “nubes de gloria” para protegerlos en el desierto y luego les dio el contenido de la Torá y la comprensión, como está insinuado en la palabra “Los construyó”, desde el saber.

De aquí aprende la persona que también necesita crear para sí misma sus propias “nubes de gloria”: un hogar, una familia, una comunidad y buenos hábitos, para proteger sus contenidos y valores personales.

La sucá: El auténtico hogar

En Sucot salimos de nuestra casa permanente y entramos en la sucá. Es un hogar de otro tipo. Un hogar que no se sostiene por la fuerza de sus paredes, sino por el significado que simboliza y representa.

La sucá enseña que el hogar no es solamente una construcción. El hogar son las personas. El hogar es el sentido de pertenencia, la responsabilidad y el amor.

La persona no puede construirse sola. Debe crear un entorno que sea un ancla, que preserve y garantice el contenido interior de su personalidad y la construcción de su dimensión espiritual.

Porque el verdadero cambio no consiste solamente en decidir quiénes queremos ser, sino en crear el entorno que nos ayude a sostenerlo. Y quizás esa sea la gran enseñanza de Sucot: Hashem nos recuerda que nadie crece solo.

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