Escrito por Moisés Waisberg y el Rab Osher Farkash
Cuando el exilio se vuelve intolerable
La urgencia por la Redención como la notamos claramente en el Rebe, nos demuestra que en un sentido muy real, el exilio es intolerable.
Cuando el Rebe sufrió el infarto y le preguntaron cómo mantuvo la compostura con semejante dolor, su respuesta fue: me dolió menos que el dolor que me da el galut.
¿Acaso podemos entender esto? La intención de este ensayo es esclarecer un poco el tema a la medida de mi capacidad:
La “nada” donde nada falta
El mundo como sabemos se crea como algo a partir de la nada. Y está explicado en Jasidut que la nada, ese “ain”, representa donde nada falta, se trata del deleite más sublime y excelso que puede existir. Aun por encima del “Gan Edén”.
Y aún así, desde esa “nada” Hashem deseó crear un mundo, y para eso ocultó Su Presencia todo-saturante, dando lugar a seres que se perciben autónomos.
En otras palabras, el deseo Divino no nació desde una falta, sino desde el espacio más completo, desde la realidad más íntegra, desde esa “nada” donde nada faltaba.
Y, si no faltaba nada, ¿para qué creó Hashem el mundo?
El valor que no nace de una falta
Las personas tenemos la tendencia a valorar aquello que nos falta, pero el verdadero valor es intrínseco, la verdadera riqueza radica en ese algo que posee un valor absoluto y eterno, no en función a la falta que satisface, sino a la grandeza esencial que tiene.
Ese valor eterno es Hashem mismo. La razón por la que creó el mundo y atravesó el ocultamiento que se requiere para ello, fue con el fin de darnos su Ser. Su deseo es que Sus hijos, Am Israel, podamos tener un vínculo radiante y claro con Él, sin ningún disfraz, vestimenta o protocolo.
El deseo escondido del alma
Ahora bien, nuestras almas divinas ansían fervientemente ese vínculo, de modo que si lográramos cavar más profundo en nuestro propio ser, nos encontraríamos con un deseo ardiente de perdernos en el Ser Divino.
Las klipot, las “cáscaras”, se encargan de encubrir esa ansia interior, haciéndonos creer que lo que nos moviliza es la plata, el poder, el prestigio, los placeres, etc. cuando en verdad, nuestra única motivación es perdernos en el Ser Divino.
Quiero aclarar, la idea no es desintegrarnos en lo Divino, es encontrarnos a través de perdernos, en otras palabras, ese anhelo ardiente debe ser compensado por un discernimiento de que el Ser Divino irradia en las dinámicas más triviales del mundo material.
Vivir aquí sin quedar atrapados aquí
El Pirkei Avot dice: “contra tu voluntad vives, contra tu voluntad mueres” – porque nosotros tenemos ese anhelo de perdernos en lo divino, y contra nuestra voluntad aceptamos funcionar aquí en el mundo inferior. Pero también cuando nos acoplamos, surge la necesidad de acordarnos que no estamos atrapados en las dinámicas mundanas, sino que somos más altos, el mundo nos necesita no nosotros a este.
El anhelo por Mashiaj
El anhelo por Mashiaj es el anhelo por ese valor divino que motivó al Altísimo a crear un vacío para crear el mundo. Es un anhelo por tomar la sed existencial de un alma en vuelo y saciarla al revelar el Ser Divino que permea todo y a todos.
Sea la Voluntad Divina que no tengamos que esperar más, que inmediatamente se manifieste el Rey Mashiaj y nos redima.
Sucot: un abrazo para ese anhelo
Si el alma anhela encontrarse con Hashem, Sucot nos invita a vivir ese encuentro aquí, en el mundo material. Salimos de la seguridad de nuestra casa y entramos en la sucá, bajo un techo sencillo. Allí descubrimos que Su presencia nos rodea: la sucá es como un abrazo de Hashem.
Tishrei comenzó con Rosh Hashaná y Iom Kipur, días de reverencia y cercanía profunda. Continúa con Sucot y Simjat Torá, días de amor y alegría. No dejamos atrás la conexión alcanzada en Iom Kipur; la llevamos a la mesa, a las conversaciones y a cada momento compartido en la sucá. La alegría es mutua: la de Hashem con Su pueblo y la de Am Israel con Hashem.
También tomamos las cuatro especies, distintas entre sí, y las reunimos para cumplir una sola mitzvá. Nos recuerdan que en Am Israel hay distintas formas de servir a Hashem y que todos somos necesarios. Al unirnos, revelamos una unidad que abraza nuestras diferencias.
Así, Sucot da una respuesta concreta al anhelo del alma: encontrar a Hashem en una mitzvá que involucra todo nuestro cuerpo, en la alegría compartida y en la unión con otros. Llevemos esa luz durante todo el año y preparemos juntos la alegría completa de la Gueulá, con Mashíaj Tzidkeinu.
Reflexión de United for Eternal Peace incorporada al artículo original de Moisés Waisberg. Inspirada en el mensaje de Sucot compartido por United for Eternal Peace.

