Por Rab Osher Farkash
La conexión entre Koraj y los obsequios de los Cohanim
La Perashá de Koraj nos cuenta la rebelión de Koraj y su grupo contra Moshé y Aaron. En la segunda mitad de la Perashá leemos acerca de los 24 obsequios que Di-s ordena a los judíos dar a los Cohanim. La idea es que como los Cohanim consagran su vida al servicio Divino y no se ocupan de buscar el sustento, los demás miembros del pueblo deben encargarse de darles de lo suyo para que no les falte nada. Además, los judíos reconocen que lo selecto le pertenece a Di-s y se lo dan a Sus agentes, que son los Cohanim.
Lo que debemos entender es cuál es la conexión entre la rebelión de Koraj y los obsequios de los Cohanim.
Rashi en su comentario ofrece una respuesta: como Koraj quizo debilitar el liderazgo de Aaron y anular a los Cohanim, Di-s deseó reforzar su poder a través de mencionar todos los obsequios que les corresponden.
Ahora bien, la respuesta de Rashi explica en forma general la relación entre los obsequios y el episodio de Koraj, pero no analiza el vínculo entre la rebelión de Koraj y el sentido de los obsequios a los Cohanim.
Entendiendo a Koraj
Koraj no era una persona común y envidiosa, sino, como dice el Midrash, él era un hombre sabio y piadoso. Solo que se equivocó en cuanto a su enfoque y cometió un error de juicio:
El Zohar explica que Koraj, siendo un Levi, funcionaba motivado por el Divino Atributo de Guevurá, severidad, el cual genera división y separación. En cambio Aaron como Cohen, era un hombre de Jesed, bondad y amor. Es por eso por lo que Aaron se ocupaba de elevar las velas, es decir, de elevar las almas judías que son “la vela de Di-s”, de modo que se despertara en ellos el anhelo por trascender y unirse con Di-s.
Koraj por su parte, apreciaba la importancia de separar, de mantener límites sanos. Sin embargo, él cometió un grave error, él asumió que la separación era un fin en sí mismo, es decir, que si Di-s había creado el concepto de límites era con el propósito de mantenerlos.
El segundo día de la creación, Di-s fijó el firmamento y separó las aguas de arriba, lo espiritual, de las aguas de abajo, lo mundano. Koraj pensó que esa división debía perdurar, que lo de abajo tenía que permanecer abajo y lo de arriba, mantenerse en lo Alto.
Lo cierto es que la división es con el fin de producir una unión superior. Se trata de cristalizar la definición de cada uno para que luego haya unión en vez de caos. Si todo está mezclado, eso no es armonioso sino caótico. La idea de crear separación y de definir las fronteras de cada ser, es precisamente darle su espacio para que posteriormente pueda coexistir con otros, fomentando una relación de paz y unión, en la que hay balance, equilibrio, colaboración, y donde uno se complementa a través del otro.
Un ejemplo de esto es cuando queremos calentar agua: si colocamos el agua en el fuego, se extingue el fuego. La forma de calentar el agua es con una separación, un recipiente de metal. Similarmente, la colocación de límites y fronteras sanas, es lo que permite que haya una unión armoniosa y funcional. Pero Koraj no entendió eso. Él pensó: “toda la congregación es santa, y Di-s mora entre ellos, ¿por qué ustedes se elevan…?”. En otras palabras, siendo que todos poseen un alma Divina, ¿para qué elevarse? ¿para qué ansiar trascendencia? ¿acaso no podemos servir a Di-s desde nuestra dimensión inferior, sin tratar de subir, sin buscar unirnos con lo de arriba? Él sostenía que la división era algo sagrado que debía conservarse tal cual. No entendía que se trataba de un proceso con el fin de luego unirse más íntimamente con la dimensión superior.
Ahora podemos entender una inconsistencia en las palabras de Koraj: ¿cómo pudo quejarse de que Aaron y Moshé sean elevados por encima del pueblo, si eso mismo es lo que él quería para sí?
La respuesta es justo lo que dijimos: Koraj sabía que Moshé y Aaron son superiores, su queja era por qué el pueblo debía buscar elevación. Para qué tenían que ansiar trascendencia si en el mundo inferior también brilla la esencia de Di-s.
La verdad es que Koraj tenía una buena intención, pero erró profundamente: Di-s no creó la división para conservarla, sino para luego superarla y fomentar una unión digna y genuina.
El sentido de los obsequios de los Cohanim
En base a todo esto, podemos entender la conexión con los obsequios a los Cohanim: la idea de esos regalos era que los judíos separaran una porción selecta de sus distintas posesiones y la dieran al Cohen. En otras palabras, el judío debía permanecer en el mundo y asegurarse de conservar sus bienes y de emplearlos en aras del cielo, mientras que solo un pequeño porcentaje tenía que entregarlo directamente a Di-s y elevarlo.
Aquí vemos la respuesta al error de Koraj: el judío se mantiene en el mundo, pero ansía elevarse. Se levanta a trabajar, lucha por servir a Di-s dentro de la naturaleza, pero simultáneamente se asegura de consagrar un porcentaje de todo lo suyo a Di-s, “todo lo selecto para Él”. Es decir que los obsequios a los Cohanim son la respuesta perfecta al error de Koraj, que el judío que está abajo, sí anhela trascender, y que aquél que está por arriba, es nutrido por los aportes de los que se encuentran debajo suyo.
La Perashá de Koraj suele caer en la semana del 3 de Tamuz. Esa es la fecha en la que el Rebe se elevó físicamente del mundo. Siendo así, debemos reconocer que el mensaje principal del Rebe en todos estos años, ha sido el de fusionar cielo y tierra, el de unir lo más alto con lo más bajo, logrando que ambos conserven su definición pero se alineen de forma plena y total.
Dos cánticos entonados por el judío
El 3 de Tamuz es también la fecha en la que Yehoshua detuvo el sol en Guibon con el fin de vencer en una de las guerras de la conquista de Israel. Sobre eso hay algo fascinante: el Tanaj cuenta que Yehoshua le dijo al sol “cállate” y de ese modo lo detuvo. Pues el sol, como todas las creaciones, canta a Di-s en cada momento, y el movimiento del sol en el cielo se produce a través de su canto. Cuando Yehoshua le ordenó a callar, se quedó quieto.
El Midrash relata que en ese momento, el sol se quejó con Yehoshua diciendo: “¿quién entonará mi canción a Di-s?” y este le respondió: “tu calla y yo cantaré en tu lugar”.
El Rebe explica algo poderoso al respecto: el sol representa el sistema natural, mientras que el judío simboliza la energía milagrosa, pues somos un pueblo milagroso. Siendo así, cuando el sol dijo “¿quién cantará mi canción” se refería a la energía Divina que se inviste en la naturaleza. El sol dio a entender que Yehoshua, siendo un judío, no podía transmitir eso, porque su conexión con lo Divino es sobrenatural.
Pero Yehoshua le respondió que no era así, que él cantaría la canción del sol. El mensaje para nosotros es fundamental: el judío no solo vive por encima de lo natural, sino que permea también la realidad creada y proyecta la esencia de lo más alto, dentro de lo más bajo.
Ese es el mensaje del Rebe y es lo que logramos cada vez que hacemos una Mitzvá, que empleamos los elementos mundanos como vehículos de santidad.
Sea la Voluntad Divina que ya mismo nos podamos reunir con nuestro Rebe, para continuar escuchando reveladamente sus enseñanzas. Que cada uno de nosotros se inspire a cumplir Mitzvot con alegría y regocijo, esmerándose por unir lo más alto con lo más bajo y que de ese modo, realmente pronto seamos meritorios con la verdadera y auténtica Redención, a través de nuestro Justo Mashiaj. Amén.

