Shiur del Rab Osher Farkash
Espías, libaciones, Jala y Tzitzit
La Perashá de Shlaj inicia con el episodio de los espías enviados por Moshé antes de la conquista de Israel. La Torá nos cuenta que los doce hombres que Moshé seleccionó eran todos kesherim, personas aptas para la misión y de gran estatura espiritual. Sin embargo, su conducta no fue la esperada, y diez de ellos reportaron negativamente sobre la tierra, diciendo que era imposible conquistarla. El pueblo entero lloró amargamente ante el reportaje de esos diez espías y Di-s se enfureció con todos, prometiendo que no entrarían a la tierra y que morirían en el desierto durante un período de cuarenta años. Solo Yehoshua y Calev, que se mantuvieron leales a la misión, entrarían a la tierra y tomarían posesión de ella.
La segunda mitad de la Perashá menciona las libaciones de vino que debían acompañar a las ofrendas del Templo. Luego habla sobre la Mitzvá de las mujeres de separar una porción de la masa, llamada jala, y ofrecerla al Cohen. La Perashá finaliza con la Mitzvá de Tzitzit.
Ahora bien, la Perashá entera se denomina Shlaj, que significa “envía” y recae sobre los emisarios que Moshé mandó a la tierra de Israel. ¿Qué relación existe entre ese nombre y los diversos temas que aparecen en la Perashá?
¿Moshé confiaba en los espías o no?
La Perashá comienza con las palabras “envía para ti hombres…”, sobre lo que Rashi comenta: “envía para ti”, es decir, “según tú criterio. Yo – Di-s – no te lo estoy ordenando”. Cuando analizamos ese comentario de Rashi, surge la pregunta: hasta ese momento, Di-s siempre le ordenó a Moshé claramente qué debía hacer. Sin embargo, en esta ocasión le dijo “envía para ti”, “según tú criterio; Yo no te ordeno enviarlos”. ¿Acaso Moshé no se percató de que algo andaba mal? Siempre Di-s le decía exactamente qué hacer, pero en este caso lo había colocado en sus manos. No obstante, Moshé no se frenó sino, todo lo contrario, él procedió a escoger a los hombres más capaces del pueblo, a los líderes de las doce Tribus, para que exploraran la tierra.
Ahora bien, por un lado, Moshé validó la idea de enviar a los espías, pero por el otro, él rezó por Yehoshua para que se salvara de su consejo. Siendo así, debemos entender, ¿si Moshé eligió a los hombres más capaces del pueblo para la misión, por qué rezó por Yehoshua para que Di-s lo “salvara del consejo de los espías”? Y ¿si él sabía que iban a fracasar en la misión, por qué los envió de todos modos?
También debemos entender, si todos los hombres que escogió Moshé eran de gran nivel espiritual, ¿cómo cayeron tan bajo? ¿Cómo llegaron a dudar de la capacidad de Di-s de hacerlos conquistar la tierra? Y por el otro lado, ¿cómo el pueblo, después de todos los milagros que habían presenciado, dudaron de Di-s e hicieron caso al reporte negativo de los espías?
¿Espías o emisarios?
Para resolver todas estas preguntas, debemos comprender lo siguiente: todos estamos acostumbrados a llamar a los hombres que eligió Moshé para explorar la tierra con el nombre de “espías”. Sin embargo, si miramos cautelosamente, descubrimos que la Torá no menciona nunca la expresión meraglim, “espías”. La Torá dice “envía hombres y que exploren la tierra”, en hebreo, “veyaturu et haAretz”. En otras palabras, Moshé nunca envió espías, él envió exploradores.
Cuando Di-s le dijo a Moshé “envía para ti”, pidiéndole que tomara responsabilidad e iniciativa al respecto, Moshé se alegró enormemente. Moshé sabía que la relación entre los judíos y Di-s posee dos aspectos: a) haremos, y b) escucharemos. Es decir que, por un lado, el judío debe atenerse plenamente a cumplir la voluntad de Di-s; pero por el otro lado, Di-s desea que el judío involucre su inteligencia y se esfuerce por comprender el plan Divino de manera que él, por su propio criterio, elija servirlo. En otras palabras, existe el elemento de obediencia absoluta, pero existe también la idea de ejercer el libre albedrío y elegir correctamente empleando nuestra propia inteligencia y raciocinio.
Ahora que los judíos se preparaban para entrar en la tierra de Israel, debían ejercitar el nishmá, “escucharemos”; tenían que actuar según su discernimiento, y hacer lo correcto basados en su análisis personal. Cuando Di-s le dijo a Moshé “envía para ti”, Moshé entendió que era el momento de utilizar su propio raciocinio en aras del servicio Divino. Que no se trataba de recibir órdenes claras y específicas, sino de tomar decisiones a consciencia, basado en su propia intuición y análisis. Eso no representaba algo negativo, al contrario, era la señal de que se aproximaba una nueva era, en la que el ser inferior emplearía su capacidad personal para hacer del mundo un hogar para el Creador.
El Rambán explica que la idea de enviar a los espías era que la conquista de la tierra de Israel siguiera un sistema natural. Es decir que la misión de esos hombres era explorar la tierra para determinar el camino ideal de conquistarla. En otras palabras, su misión no consistía en determinar si podrían conquistar la tierra, sino cómo debían hacerlo. Ellos debieron permanecer alineados a Moshé y estar absolutamente seguros de que se podía conquistar, pero al tomar un rol de espías y analizar si era o no posible conquistarla, perdieron su norte y terminaron haciendo caer a todo el pueblo.
Por eso el nombre de la Perashá es Shlaj, que representa a un Sheliaj, un “emisario”; porque la Torá nos enseña que el error de esos diez hombres fue que asumieron el rol de espías, creyendo que debían actuar sofisticadamente y apoyarse exclusivamente en su inteligencia. La realidad es que eran Shlujim, debían pensar por sí mismos y esmerarse por entender solos, pero siempre alineados al plan de Moshé.
El error de los espías
Con respecto al reporte negativo de los espías, el Jasidut explica que esos diez hombres poseían un nivel espiritual muy elevado. Su preocupación de entrar en Israel era que temían que las responsabilidades terrenales les impidieran desenvolverse en su rol espiritual y crecer en su servicio Divino.
En otras palabras, ellos sentían que para servir óptimamente al Creador era necesario permanecer apartado del mundo material, en el desierto, donde la ropa crecía con ellos y el alimento descendía del cielo. En cambio, al entrar en Israel y ocuparse de las cuestiones terrenales como arar, sembrar, cosechar, etc. perderían la capacidad de servir a Di-s correctamente.
Los espías sentían que era imposible lidiar con la realidad física y simultáneamente progresar en el ámbito espiritual. Es por eso por lo que su error comenzó en el momento en que Di-s le dijo a Moshé, “envía para ti – según tu criterio”. Ellos no deseaban trascender el sistema de obediencia pura, con el fin de pensar por sí mismos y trabajar dentro del orden natural. Querían obedecer con anulación y humildad y ser constantemente guiados por Di-s sin margen de error. Sin embargo, el plan Divino es que el hombre santifique la realidad material y sirva a Di-s dentro del mundo natural, asegurándose de conservar su lealtad y compromiso, pero al mismo tiempo, ejerciendo su libre albedrío para servir plenamente la voluntad Divina.
Nosotros nos encontramos antes de entrar en Israel con Mashiaj; tenemos que estar conscientes de que Di-s desea que tomemos iniciativa. No podemos esperar a que todo nos lo dejen claro, debemos emplear nuestra mente y corazón para actuar con cordura y criterio, pero siempre alineados al plan Divino. En otras palabras, debemos reconocer que la conquista es segura, pero que está en nuestras manos determinar el cómo, tomar responsabilidad y pensar con claridad para diseñar un plan de acción óptimo y apropiado.
De los doce emisarios, solo dos se mantuvieron alineados al plan Divino, Yehoshua y Calev. No obstante, hay una gran diferencia: Moshé rezó por Yehoshua, en cambio, Calev se dirigió a la tumba de los Patriarcas a rezar por su propia iniciativa. Eso fue lo que le permitió abrir los ojos y reconocer que “la tierra era muy, muy buena”.
De arriba hacia abajo
Ahora podemos entender cómo el nombre de la Perashá, Shlaj, concuerda con todos sus temas: el tema de las libaciones de vino consistía en que además del sacrificio, que era consumido por un fuego celestial, se requería de las libaciones, es decir, de verter el vino de arriba hacia abajo. Eso representa el concepto de trabajar dentro del mundo, de introducir la Divinidad en los recipientes de la creación. Por eso Di-s le dijo a Moshé que empleara su criterio para enviar a los espías, lo que indica que debemos permear de santidad la realidad cotidiana, sirviendo a Di-s dentro de los parámetros de la naturaleza.
El concepto de separar la jala para el Cohen también está vinculado con la noción de hacer del mundo una morada para Di-s. Así como la harina es fragmentada, pero a través del agua se torna en una sola masa; asimismo nosotros debemos ser como el agua, que “desciende de un lugar alto a uno bajo”, para permear de Divinidad la realidad terrenal y de ese modo, unificar el mundo fragmentado hasta hacer de éste un hogar para el Ser Divino.
Finalmente, la Mitzvá de Tzitzit alude a la idea de servir a Di-s con iniciativa. La Torá dice que, si la persona viste una prenda de cuatro esquinas, debe colocarle flecos. Sin embargo, el judío toma iniciativa y se pone una ropa con cuatro esquinas con el fin de cumplir el precepto de Tzitzit. Eso es similar a la iniciativa de Moshé de mandar a los emisarios.
La enseñanza para nosotros es que debemos ser Shlujim, emplear nuestros talentos y facultades en aras de hacer del mundo un hogar para Di-s; pero siempre alineados con la perspectiva superior y anulados a nuestro líder, el Rebe.
Sea la voluntad Divina que, a través de conducirnos de este modo, podamos rápidamente conquistar la tierra de Israel y el mundo entero, para que sea evidente que “no existe nada aparte de Di-s”, con la llegada de nuestro Justo Mashiaj y de la ansiada Redención.
Desgrabado y resumido por Rab. Moisés Waisberg

