Por Lorena Sued
Este 5 de Av coincidió exactamente con la final del Mundial, entrelazando la máxima atención global con la hilulá del Arizal (Rabí Itzjak Luria), uno de los grandes maestros de la Torá.
Av es el quinto mes desde Nisán, conectando con los cinco niveles del alma, donde el quinto y más profundo es la Iejidá: la esencia pura e inseparable de Hashem.
Pero Av también encierra una profunda paradoja espiritual: es el mes en el que fueron destruidos el Primer y el Segundo Beit HaMikdash, y al mismo tiempo es un mes de construcción, ya que en él nacerá Mashíaj y se reconstruirá el Tercer Beit HaMikdash.
Al Arizal se lo conoció como HaAri HaKadosh (“El Santo León”). El león, signo de este mes (Arié), representa la fuerza espiritual para levantarnos incluso desde la destrucción, revelar nuestra chispa divina y reconocer al Creador.
El despertar cotidiano del alma
Cada mañana nuestros sabios nos instruyen a pronunciar las primeras palabras del día:
“Mode Aní Lefaneja…”
Agradecemos al Creador por devolvernos el alma y concedernos una nueva oportunidad para cumplir nuestra misión.
Místicamente, la palabra Mode (מודה, “agradezco”) suma 55 en guematría:
* מ = 40
* ו = 6
* ד = 4
* ה = 5
Total: 55.
Este valor duplica el número cinco, recordándonos que cada despertar físico nos permite revelar el quinto nivel del alma: la Iejidá.
Un pueblo que se levanta como un león
El número 55 reaparece en la profecía de Bilam sobre el pueblo de Israel:
“Hen am kelaví yakum”
“He aquí un pueblo que se levantará como un león.”
La palabra Hen (הן, “he aquí”) suma exactamente 55 (ה = 5 + ן = 50).
Esta equivalencia une dos despertares.
Mode (55) representa el despertar individual.
Hen (55) representa el despertar colectivo.
Primero despierta la persona y luego el pueblo entero se levanta como un león.
Esa fuerza converge en Jerusalén y en el Beit HaMikdash, llamado Ariel (“El León de Hashem”), el lugar donde la Presencia Divina se revela con mayor intensidad.
Y justamente en el mes de Av, donde recordamos la destrucción, también se siembra la reconstrucción: del dolor surge la redención, y del exilio nace la luz de Mashíaj.
¿Una copa de Kidush o un Sidur?
El Rebe de Lubavitch enseñó que la luz espiritual es universal.
Al sugerir regalar un Sidur a un ministro canadiense en lugar de una copa de Kidush, transmitió que el Mode Aní puede ayudar a cualquier ser humano a comenzar el día reconociendo que la vida tiene un propósito divino.
Cuando el mundo entero mira hacia un mismo lugar
La final del Mundial reúne la atención de millones de personas alrededor del planeta. Pocas veces un mismo acontecimiento logra concentrar tantas miradas, emociones y expectativas de manera simultánea.
Si el mundo puede unirse durante noventa minutos para seguir un partido, ¡cuánto más grande sería dirigir, aunque sea por un instante, esa misma atención hacia el Creador, agradeciendo por el regalo de la vida al comenzar cada día!
No se trata de rechazar el Mundial, sino de elevar esa energía de unidad y transformarla en una oportunidad para recordar que todos compartimos un mismo origen y un mismo propósito.
El verdadero campeonato de la humanidad
El verdadero campeonato consiste en lograr que cada ser humano viva con el alma despierta y conectado al Creador del mundo.
Como decimos en United for Eternal Peace:
“La que sabe Alef, enseña Alef.”
Una persona despierta a otra, y un pequeño destello disipa mucha oscuridad.
Que el despertar individual nos conduzca al despertar de toda la humanidad, cumpliéndose la profecía de Zejaría:
“En aquel día Hashem será Uno y Su Nombre será Uno.”
Que sea con la pronta llegada de Mashíaj y la reconstrucción del Tercer Beit HaMikdash, el Ariel eterno.
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Nota:
Resulta interesante que, en la selección argentina, tanto el director técnico, Lionel Scaloni, como el capitán, Lionel Messi, compartan el nombre Lionel, cuya raíz proviene de Lion (“león”).
Esta coincidencia adquiere un simbolismo especial precisamente en el mes de Av, cuyo mazal es Arié (el león), y en el día de la hilulá del HaAri HaKadosh, “el Santo León”.
Además, el número 10 que lleva Lionel Messi evoca los Diez Mandamientos y las diez expresiones con las que Hashem creó el mundo, recordándonos que toda la creación posee un propósito espiritual.

