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De la Copa América a la Gueulá: despertar la Chispa Divina que hay dentro de nosotros

Por Iton Gadol
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Por Lorena Sued, de United for Eternal Peace

Durante la final de la Copa América entre Argentina y Colombia, el 14 de julio de 2024, mientras leíamos la Parashá Balak, me encontraba de vacaciones en Miami junto a mi familia. Mientras millones de personas estaban concentradas en el partido, una pregunta no dejaba de acompañarme: ¿es posible transformar un evento deportivo en una oportunidad para acercar más luz al mundo?

Recordé entonces una enseñanza del Rebe: la diferencia entre golá (exilio) y Gueulá (Redención) es la letra Alef. La palabra golá (גולה) se transforma en Gueulá (גאולה) cuando se le agrega la Alef, que representa al Alufo shel Olam, el Dueño y Creador del universo. Cuando incorporamos a Hashem en nuestra vida cotidiana y revelamos Su presencia dentro del mundo material, el exilio mismo se transforma en Redención.

Un acontecimiento capaz de reunir a millones de personas también podía convertirse en un espacio de elevación espiritual, respeto y conexión con el Creador.

Con muy poco tiempo, escribí una reflexión con la esperanza de que pudiera ser leída antes de la final. Moví todos mis contactos e hice todo lo posible para que llegara al estadio, pero finalmente no fue posible. Sin embargo, comprendí que cuando una persona intenta revelar más luz en el mundo, ningún esfuerzo se pierde.

Poco tiempo después supe de un encuentro entre Donald Trump y el Primer Ministro de Israel en Mar-a-Lago. Surgió entonces la idea de entregarles aquella reflexión. En ese contexto nació el nombre Mode Ani, un nombre que parecía haber llegado Min Hashamaim.

La reflexión fue impresa y enmarcada para ser obsequiada a Donald Trump —quien aún no había sido reelegido presidente— y al Primer Ministro de Israel. Ese mismo día aparecieron las panderetas que acompañarían el mensaje.

Las primeras panderetas fueron diseñadas con la imagen de un león, símbolo de Yehudá, de la realeza judía y de la futura Redención. Más adelante llegó un video en el que un león se transformaba en el Tercer Beit Hamikdash. El mensaje era claro: la imagen del Beit Hamikdash debía formar parte del proyecto. Así nació una nueva pandereta, uniendo el león y la visión de la Gueulá.

Posteriormente también se prepararon panderetas y un cuadro de Mode Ani para el presidente Javier Milei, con el deseo de compartir un mensaje universal de gratitud, bondad y conexión con Hashem.

Con el tiempo se hizo evidente que el Mode Ani, el león, las panderetas y el Beit Hamikdash transmitían un mismo mensaje: revelar la Presencia Divina en el mundo y prepararnos activamente para la Gueulá.

Esa semana leíamos la Parashá Balak, donde Bilam proclama: “Hen am kelaví yakum” —“He aquí un pueblo que se levantará como un león” (Bamidbar 23:24).

La palabra Hen tiene guematría 55. De manera significativa, Mode Ani también tiene guematría 55. En la enseñanza jasídica, el número cinco está asociado con los cinco niveles del alma: Néfesh, Rúaj, Neshamá, Jaiá e Iejidá. La Iejidá, el quinto nivel, expresa la unión esencial e inseparable del alma con Hashem.

El número 55 simboliza la revelación plena de esa dimensión interior. Cuando la Presencia Divina se revela dentro de nosotros y nuestra Chispa Divina ilumina nuestra vida, comenzamos a vivir una dimensión personal de Gueulá, incluso antes de la llegada de la Gueulá general.

El Mode Ani, la primera plegaria que pronunciamos al despertar, nos conecta directamente con esa esencia y despierta nuestra Chispa Divina. Quizás este sea también el significado más profundo de “Hen am kelaví yakum”. Para levantarnos como un león, con fuerza, dignidad y propósito, primero debemos estar conectados con nuestra esencia más profunda. La verdadera fuerza del león nace cuando la Presencia Divina se revela dentro de nosotros.

Esta idea conecta profundamente con las panderetas de Miriam. Nuestros Sabios enseñan que Miriam preparó sus panderetas incluso antes de la salida de Egipto, convencida de que Hashem realizaría milagros. Cuando llegó la Redención, ella ya estaba lista para cantar y agradecer.

El Rebe enseñó que somos la generación de la Gueulá. Así como Miriam preparó sus panderetas, nosotros también debemos prepararnos desde ahora, viviendo con conciencia de Redención, revelando la Chispa Divina dentro de nosotros y transformando el mundo a través de una mitzvá más y un acto más de bondad.

Quizás este sea uno de los mensajes más importantes de nuestra generación: la Gueulá no es solamente un acontecimiento futuro; comienza cuando revelamos la Presencia Divina dentro de nosotros.

Cada mañana, al decir Mode Ani, despertamos nuestra Chispa Divina y recordamos quiénes somos realmente. Cuando vivimos con esa conciencia y la expresamos a través de mitzvot, actos de bondad y gratitud, agregamos la Alef —el Alufo shel Olam— a nuestra realidad cotidiana y transformamos la golá en Gueulá.

Cada persona posee dentro suyo una Chispa Divina. Cuando esa chispa se revela, el exilio personal comienza a transformarse en Gueulá, y el mundo entero se acerca un paso más a la Redención completa.

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