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United for Eternal Peace – Un miedo que despierta: Shoftim, Elul y la guerra interior

Por Iton Gadol
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Shiur del Rab Farkash

Nada que temer

Nos encontramos analizando la Parashá de Shoftim, y vamos a contemplar un tema que está profundamente relacionado tanto con el mes de Elul como con la época que estamos viviendo en Israel y en el mundo.

Después de hablar de los jueces, los policías, los reyes y los profetas, en la segunda mitad de la Parashá la Torá se ocupa de las guerras que el pueblo judío debía librar para defenderse de los pueblos que lo rodeaban. A pesar de que pedimos a Hashem que no haya guerras —como ocurrió en los tiempos del rey Shlomó—, la realidad es que en muchas generaciones el pueblo judío tuvo que enfrentarse a ellas.

Al comienzo del capítulo 20, la Torá dice que cuando salgamos a la guerra contra nuestros enemigos y veamos caballos, carros y un ejército aparentemente superior al nuestro, no debemos sentir miedo:

“Porque Hashem, tu Di-s, está contigo, Él que te hizo subir de la tierra de Egipto”.

Luego la Torá describe cómo se preparaba espiritualmente al pueblo antes de salir al combate. Primero se acercaba el Cohen especialmente designado para la guerra y les decía:

“Escucha, Israel: ustedes se acercan hoy a la batalla contra sus enemigos. Que no se ablande vuestro corazón; no teman, no se asusten ni se aterroricen ante ellos, porque Hashem, vuestro Di-s, es Quien va con ustedes, para luchar por ustedes contra sus enemigos y salvarlos”.

Después hablaban los policías. Decían que quien hubiera construido una casa y todavía no la hubiera inaugurado debía regresar; lo mismo aquel que hubiera plantado un viñedo y todavía no hubiera disfrutado de sus frutos, y aquel que se hubiera casado con una mujer y todavía no hubiera compartido con ella.

Y finalmente los oficiales agregaban una cuarta declaración:

“¿Quién es el hombre que tiene miedo y cuyo corazón se ablanda? Que vaya y regrese a su casa, para que no derrita el corazón de sus hermanos como el suyo”.

Vivimos también nosotros una época en la que, aun esperando milagros, sabemos que existen desafíos reales. Precisamente por eso debemos recordar las palabras de la Torá: Hashem lucha por nosotros. Él nos elevó de Egipto y Él continúa acompañándonos en cada desafío.

Pero hay algo muy profundo escondido en ese último versículo.

¿De qué miedo está hablando la Torá?

Rashi comenta las palabras “el que tiene miedo y cuyo corazón se ablanda” y trae dos explicaciones.

Rabí Akiva dice que debe entenderse literalmente: se trata de alguien que siente miedo de la guerra, que no puede soportar la visión de las espadas desenvainadas y del peligro que tiene delante.

Rabí Yosei HaGlili, en cambio, explica que ese hombre tiene miedo de sus pecados. Teme que, al encontrarse en una situación de peligro, sus transgresiones provoquen que sea juzgado y castigado.

Rashi agrega algo sorprendente: según esta segunda explicación, las otras tres categorías —el que construyó una casa, plantó un viñedo o se comprometió con una mujer— fueron mencionadas también para proteger la dignidad del pecador. De esta manera, cuando alguien regresara del frente, nadie sabría si lo hacía debido a uno de esos motivos o porque temía a causa de sus pecados.

Pero aquí surgen varias preguntas.

En primer lugar, ¿qué dificultad encuentra Rashi en el versículo? Parece completamente lógico que en una guerra haya personas que tengan miedo.

En segundo lugar, si Rashi ya explica, siguiendo a Rabí Akiva, que se trata simplemente de miedo a la guerra, ¿por qué necesita traer también la explicación de Rabí Yosei HaGlili?

Además, ¿por qué Rashi especifica que la persona teme “una espada desenvainada”? Eso parece evidente en el contexto de una guerra.

Y finalmente: ¿por qué Rashi menciona expresamente los nombres de ambos Rabinos?

La respuesta está escondida en el orden mismo de los versículos.

El primer mensaje del Cohen fue precisamente: “No tengan miedo”.

Entonces, si había que decir que aquel que sí tuviera miedo debía regresar a su casa, esa advertencia tendría que haber venido inmediatamente después.

El Cohen tendría que haber dicho: “No tengan miedo; pero aquel que de todos modos tenga miedo, que regrese”.

Sin embargo, la Torá no lo presenta así.

Primero habla el Cohen. Después los policías mencionan al que construyó una casa, al que plantó un viñedo y al que se comprometió con una mujer. Y solamente al final agregan:

“El que tiene miedo y cuyo corazón se ablanda, que regrese a su casa”.

¿Por qué dejarlo para el final?

Rabí Akiva y Rabí Yosei: dos maneras de entender el miedo

Rabí Akiva responde que aquí estamos hablando de otro miedo.

Al comienzo, cuando el Cohen habla con los soldados y los prepara para salir a la guerra, les dice que no deben tener miedo. Están todavía a cierta distancia del enemigo. Escuchan palabras de emuná, de fortaleza, de seguridad en Hashem.

Pero después comienza otra realidad.

El ejército avanza. El enemigo aparece delante de ellos. Ven las armas. Ven las espadas desenvainadas. Lo que antes era una idea ahora está delante de sus ojos.

No es lo mismo escuchar un discurso acerca de no tener miedo que ver la espada del enemigo frente a uno.

Entonces puede aparecer un miedo nuevo.

Por eso Rabí Akiva entiende que la Torá esperó hasta aquí. Después de todas las instrucciones anteriores, los oficiales agregan una última advertencia para aquel cuyo corazón ahora, frente a la realidad concreta de la batalla, comienza a debilitarse: que regrese y no debilite también el corazón de sus hermanos.

Sin embargo, esta explicación tiene una dificultad: del pshat de los versículos no parece necesariamente que haya pasado un lapso de tiempo entre el discurso del Cohen y estas últimas palabras de los policías. Parece que todo forma parte de una misma preparación antes de la batalla.

Por eso Rashi trae también la explicación de Rabí Yosei HaGlili.

Según él, se trata efectivamente de otro tipo de temor, pero no porque apareció más tarde, sino porque su origen es completamente diferente.

El Cohen ya habló del miedo al enemigo.

Aquí estamos hablando del miedo provocado por los propios pecados.

Una persona puede pensar: “Yo sé lo que hice. Sé dónde fallé. ¿Cómo voy a entrar ahora en una situación de peligro? ¿Quién sabe si mis propias faltas no se conviertan en una acusación contra mí?”.

Y por eso este miedo aparece al final.

Porque si la Torá hubiera dicho directamente que quien teme por sus pecados debe regresar, esa persona habría quedado avergonzada delante de todos. Todos habrían sabido por qué se retiraba.

Por eso primero aparecen las otras tres categorías. Así, quien regresa debido a sus pecados queda “camuflado” entre los demás y su dignidad permanece protegida.

Ahora entendemos por qué Rashi necesita traer ambas explicaciones.

Pero todavía queda una pregunta más profunda: ¿por qué Rabí Akiva no acepta la explicación de Rabí Yosei HaGlili?

Aquí aparece un punto maravilloso.

Rabí Akiva era alguien que constantemente buscaba y resaltaba el mérito del pueblo de Israel.

Rabí Yosei HaGlili dice que la persona tiene miedo de sus pecados. Pero Rabí Akiva podría responder: si un judío ya siente temor por sus pecados, si le duele aquello que hizo y le preocupa haberse alejado de Hashem, eso mismo ya es el comienzo de la teshuvá.

Tal vez todavía no hizo una teshuvá completa. Tal vez todavía no cambió todo en la práctica. Pero algo dentro de él ya despertó.

Ya no está indiferente.

Ya le importa.

Ya siente que algo no está bien.

Para Rabí Akiva, eso mismo tiene un enorme valor. El temor por el pecado ya constituye el inicio del camino de regreso y, por lo tanto, esa persona puede salir a la guerra confiando en Hashem.

Rabí Yosei HaGlili, en cambio, exige algo más.

El Rebe explica que a lo largo de la Guemará encontramos en Rabí Yosei HaGlili una especial importancia por los detalles concretos de las cosas.

No basta con sentir.

La teshuvá debe bajar a la práctica.

Hay que analizar qué está mal, rectificarlo, cambiar conductas concretas y transformar la vida en sus detalles.

Por eso Rashi menciona los nombres de ambos Rabinos. No son simplemente dos interpretaciones diferentes del versículo; representan dos dimensiones del proceso de teshuvá.

Rabí Akiva habla del despertar.

Rabí Yosei HaGlili habla del cambio.

Elul comienza despertando

Y aquí llegamos al mes de Elul.

El Tur enseña que desde Rosh Jodesh Elul se comienza a tocar el Shofar, recordando aquellos cuarenta días en los que Moshé ascendió nuevamente al Har Sinai para recibir las Segundas Tablas, días que se convirtieron para todas las generaciones en días especiales de misericordia y cercanía divina.

¿Y qué versículo cita el Tur en relación con el Shofar?

“¿Acaso se tocará el Shofar en una ciudad y el pueblo no temblará?”

El Shofar viene a provocar ese temblor.

A sacudirnos.

A despertarnos del letargo espiritual.

Ese es precisamente el punto que encontramos en Rabí Akiva.

Antes de cambiar, uno tiene que despertar.

Antes de reparar una conducta, uno tiene que percibir que hay algo que necesita ser reparado.

Antes de hacer teshuvá, tiene que aparecer dentro de nosotros una pequeña incomodidad, un temblor, la sensación de: “No estoy donde debería estar”.

El Rambam expresa esta misma idea al explicar el significado del Shofar:

“Despierten, dormidos, de vuestro sueño; levántense, adormecidos, de vuestro letargo”.

Y solamente después continúa:

“Regresen en teshuvá, mejoren vuestros actos…”

Primero despertar.

Después cambiar.

El Shofar de Elul no comienza presentándonos una lista de errores. Primero lanza un sonido simple que penetra más allá de las palabras y nos dice:

Despierta.

Algo dentro de ti tiene que moverse.

Después vendrá la reflexión. Después el vidui. Después examinaremos nuestra conducta y corregiremos los detalles.

Rabí Akiva nos habla del primer momento.

Rabí Yosei HaGlili nos recuerda que no podemos quedarnos allí.

El despertar debe convertirse en transformación.

Como decía el Rebe Rayatz acerca de Elul: en Elul a un judío le cuesta continuar durmiendo tranquilamente hasta tarde. Algo dentro de él lo despierta y le dice:

“Despierta. Es Elul. Sé un mentch”.

No tengas miedo de la guerra

Todo esto tiene también una dimensión profundamente personal.

Así como existe una guerra física, existe una guerra espiritual.

Cada persona tiene su propio combate con el yetzer hará, con su alma animal, con sus hábitos, sus miedos y sus limitaciones.

Y también allí puede entrar el miedo.

Uno piensa:

¿Quién soy yo para transformar mi vida? ¿Cómo voy a refinar mi alma animal? ¿Cómo voy a aportar algo para refinar el mundo? ¿Cómo voy a acercar a otro judío a Hashem si yo mismo todavía tengo tanto que corregir? ¿Cómo voy a enfrentar esta guerra espiritual siendo tan pequeño, tan limitado y tan imperfecto?

Y Rabí Akiva responde algo extraordinario:

Ese sentimiento mismo puede ser el comienzo de tu victoria.

Si te preocupa estar lejos de Hashem, es porque Hashem te importa.

Si te duele no estar donde deberías estar, es porque algo dentro de ti ya despertó.

El temor que el judío siente no es solamente temor al castigo, sino temor a la distancia que el pecado genera entre él y Hashem—, y ese es el primer paso de la teshuvá.

Pero Rabí Yosei HaGlili viene después y nos recuerda:

No te quedes con el sentimiento.

Pregúntate qué debe cambiar. Una Mitzvá más. Un hábito menos. Una relación que reparar. Una conducta que mejorar. Un momento más de estudio. Un poco más de Tefilá. Un poco más de sensibilidad hacia otra persona.

Elul comienza con un sonido que despierta el corazón, pero debe terminar transformando nuestros actos.

Y al mismo tiempo, frente a las guerras que nos rodean —tanto las físicas como las espirituales— la Torá nos transmite un mensaje eterno:

“No se ablande vuestro corazón… porque Hashem, vuestro Di-s, va con ustedes para luchar por ustedes contra sus enemigos y salvarlos”.

Es natural sentir temor. Pero no debemos permitir que el temor nos paralice.

Debemos recordar quién camina con nosotros.

Hashem te elevó de Egipto. Hashem acompaña al pueblo judío en todo momento. Y Hashem puede elevarte también de todos tus propios “Egipto”, de todas tus limitaciones, temores y desafíos.

Sea la Voluntad del Altísimo que en este mes de Elul tengamos una victoria total frente a todos nuestros enemigos, tanto externos como internos; que el sonido del Shofar nos despierte a una teshuvá verdadera y profunda; y que se revele plenamente el verdadero “Aní LeDodí VeDodí Lí”, el amor incondicional y eterno entre nosotros y Hashem.

Y que todo esto culmine inmediatamente con la llegada de nuestro Justo Mashiaj y la verdadera y completa Redención. Amén. Ken Yehí Ratzón.

Escrito por:
Rabino Moisés Waisberg.

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