Agencia AJN.- La vida de la familia Bongart, de Karmiel, cambió para siempre. Todo comenzó el 7 de Octubre, cuando su hija mayor, Sofia, fue asesinada en un refugio cerca de Beeri y continuó en febrero, cuando su padre, Vladislav, se quitó la vida al no poder soportar el peso de su dolor.
Pero en lugar de recibir el apoyo que necesitaban, Anna y su hija menor, Evelina, libran ahora una agotadora batalla con las compañías de seguros. Debido a tecnicismos y a la letra chica, el sistema se niega a cubrir el saldo restante de la hipoteca de su casa, dejándolas con una deuda de cientos de miles de shekels/dólares y un doble duelo que no cesa.
Hasta aquel fatídico día, el matrimonio Bongart vivía el modesto sueño israelí. Anna y Vladislav, quienes emigraron de Ucrania en 2006, trabajaron durante años para construir un hogar acogedor en Karmiel y brindarles un buen futuro a sus hijas.
Con el dinero que habían ahorrado con tanto esfuerzo, compraron un pequeño departamento, que para ellos era mucho más que una simple posesión: representaba la seguridad y la estabilidad de la familia.
La noche del 6 de octubre, Bongart, de 21 años, fue a la fiesta Nova en Reim con su amiga Liraz Nissan. Tras el inicio del ataque terrorista, ambas lograron esconderse en un refugio cerca de Beeri.
Sofía consiguió enviarles su ubicación a sus padres, pero poco después el refugio se convirtió en una trampa mortal: los terroristas palestinos dispararon y lanzaron granadas en su interior.
Nissan murió en el acto y Bongart se escondió durante horas bajo el cuerpo de su amiga.
Alrededor de las 11.30 hs intentó escapar, pero fue asesinada a tiros. Ambas fueron enterradas juntas en el cementerio de Karmiel.
El asesinato de Sofía cambió la vida de la familia para siempre. Vladislav, de 48 años, obrero de producción en Rafael, luchaba por liberarse de la culpa y la profunda añoranza. Dos veces por semana visitaba la tumba de su hija y depositaba rosas rojas.
El 21 de febrero, cuando Anna regresó a casa, lo encontró muerto.
«Vladislav y Sofía tenían una relación muy cercana y afectuosa. Además del dolor por la pérdida de su hija, lo abrumaba la culpa por no haber ido a buscarla esa mañana. La idea que podría haberla salvado nunca lo abandonó», contó Maya Sharban, amiga de la familia.
Anna se quedó solo con Evelina, quien padece un trastorno de estrés postraumático grave y lucha por salir adelante desde la tragedia.
«Se quedaron solas: Anna, Evelina y el dolor. Anna tiene que estar disponible para su hija las 24 horas del día, e incluso cuando está trabajando, a menudo tiene que dejarlo todo para estar a su lado. Es una realidad diaria imposible», dijo Sharban.

Además del profundo dolor, tiene que lidiar con una compleja y agotadora lucha financiera: la pareja tenía una hipoteca que habían pagado ininterrumpidamente desde 2017. Justo un mes antes de la muerte de Vladislav, la agencia de seguros Menorah se puso en contacto con ellos y les ofreció reducir el costo de la prima.
La pareja, que estaba sumida en un profundo duelo y tenía dificultades con el idioma, no comprendió que el cambio a la nueva compañía creaba un nuevo período de condicionamiento de un año en caso de muerte por suicidio.
Tras la muerte de Vladislav, ambas compañías rechazaron el reclamao: Menorah alegó que aún no había transcurrido el período de preaviso requerido y la anterior compañía respondió que la póliza anterior se había cancelado tras el cambio.
Ello dejó a la familia con el saldo restante de la hipoteca, de aproximadamente 370.000 skekels (unos 125.000 dólares), sin cobertura de seguro.
Menorah explicó que por sensibilidad ante las circunstancias excepcionales, hace unos meses le ofreció 50.000 shekels (unos 17.000 dólares) para ayudarla.
«No pido misericordia, solo que alguien vea nuestra historia con empatía y no solo a través de cláusulas y letra chica. Hace veinte años emigramos a Israel y construimos una vida aquí. Trabajamos duro, ahorramos cada shekel, gastamos todas nuestras pensiones e indemnizaciones para comprar una pequeña casa. Durante años pagamos la hipoteca y el seguro, creyendo que en el momento más difícil habría alguien que nos apoyaría», dijo Anna Bongart al Canal 12 de la televisión israelí.
La abogada Maya Itkin, que la representa en nombre de la asistencia jurídica del Ministerio de Justicia, explicó: «Desde el principio, ya en noviembre de 2023, gestionamos todos los aspectos legales y burocráticos del caso con los ministerios, bancos y autoridades gubernamentales, pero precisamente donde se requiere justicia y sensibilidad humana, con las aseguradoras y el organismo regulador nos topamos con una barrera infranqueable. Contactamos con las aseguradoras, el supervisor de seguros e incluso con el Comité Interministerial del Ministerio de Vivienda, pero todas las consultas fueron archivadas. Anna sufrió una pérdida incalculable. Es difícil comprender cómo un caso tan excepcional puede quedar desamparado de esta manera».
La propia Anna subrayó: «Entiendo que todo se pueda hacer siguiendo procedimientos rígidos, no culpo a nadie, pero me pregunto si dentro de todo este sistema hay espacio para la compasión. Para un banco o una aseguradora, el saldo de la hipoteca puede ser solo un número en una computadora, para mí es toda la realidad».
En medio de esta lucha desesperada, la familia decidió lanzar una colecta para ayudar a Anna y Evelina a pagar su hipoteca, financiar tratamientos esenciales de salud mental y garantizarles un hogar seguro.
«No podemos devolverles a Sofía ni a Vladislav, pero podemos darles la oportunidad de empezar de nuevo sin esta pesada carga financiera», afirmaron los organizadores de la campaña.
Anna concluyó con un emotivo y personal llamamiento al público y a quienes toman las decisiones: «No busco regalos ni pido un trato especial, solo no tener que seguir luchando sola después de todo lo que mi familia ha pasado. Si hay alguna manera de aliviar esta carga, aunque sea un poco, me permitirá centrarme en lo más importante que me queda en la vida: criar a mi hija e intentar construir un futuro para ella, a pesar de todo lo que hemos perdido por el camino».

