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United for Eternal Peace: La prueba que revela quién es el judío

Por Iton Gadol
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Por Rab Osher Farkash

¿Por qué aparecen pruebas cuando queremos acercarnos?

Nos encontramos analizando la Parashá de Reé. Hoy vamos a detenernos en un pasuk profundamente relacionado con esta época del año y con algo que, de una u otra manera, nos afecta a todos: las pruebas, los nisionot.

La Parashá nos ofrece una perspectiva muy profunda para comprender el sentido de las pruebas. ¿Por qué, precisamente cuando una persona intenta mejorar su vínculo con Hashem, comienzan a surgir obstáculos? ¿Por qué, en ocasiones, quienes no parecen conducirse correctamente viven con amplitud, tranquilidad y riqueza, mientras que aquel que se esfuerza por acercarse a Hashem debe atravesar desafíos?

La Parashá describe que podría aparecer un profeta que realizara señales y prodigios, y que luego intentara convencer al pueblo de abandonar el camino de Hashem. Una situación semejante podría generar una duda muy fuerte: si esa persona hace milagros y parece tener éxito, tal vez sea ella quien se encuentra en el camino correcto.

Sin embargo, la Torá responde:

“Ki menasé Hashem Elokeijem etjem ladáat hayishjem ohavim et Hashem…”
“Porque Hashem, su Di-s, los está poniendo a prueba para saber si aman a Hashem…”.

Y unos versículos más adelante agrega:

“Ajarei Hashem Elokeijem teileju…”
“Detrás de Hashem, su Di-s, caminarán…”.

Y finalmente:

“Ubo tidbakún”.
“Y a Él se apegarán”.

Pero aquí surge una pregunta esencial: ¿a quién se refiere la palabra “ladáat”, “para saber”? ¿Quién necesita saber? ¿Acaso Hashem necesita realizar una prueba para descubrir lo que hay en el corazón de una persona?

¿Quién necesita saber?

Hay quienes explican que Hashem prueba a la persona para saber dónde se encuentra espiritualmente, como un maestro que examina a sus alumnos para descubrir cuánto aprendieron.

Sin embargo, grandes comentaristas como el Rambam, el Rambán y el Ibn Ezra no aceptan esta explicación de manera literal. Hashem conoce perfectamente el corazón del judío. No necesita someterlo a una prueba para descubrir quién es.

Más aún: vemos que cuanto más elevada es una persona, mayores pueden ser sus pruebas. Abraham Avinu, por ejemplo, atravesó diez pruebas sumamente difíciles. Evidentemente, no fue porque Hashem dudara de su fidelidad o porque desconociera su grandeza.

Entonces, ¿para qué fue probado?

El Rambán explica que el conocimiento no es para Hashem sino para la propia persona. Hashem conoce la fidelidad que existe dentro del corazón de Abraham y dentro del corazón de cada judío. Sin embargo, desea que esa fidelidad no permanezca únicamente como una fuerza potencial, sino que se manifieste en la práctica.

No es lo mismo poseer un buen corazón que convertir ese buen corazón en una acción concreta. No es solamente el lev tov, sino también el maasé hatov.

Cuando la bondad y la fidelidad ocultas en el alma se expresan mediante una acción, la persona alcanza una dimensión mucho más profunda. Ya no se trata únicamente de lo que podría haber hecho, sino de lo que realmente hizo. Por eso también se hace merecedora de una recompensa superior.

La prueba, según el Rambán, permite que la persona descubra y revele las fuerzas que llevaba dentro de sí.

Que el mundo descubra quién es el judío

El Rambam adopta otra postura.

Él rechaza con firmeza la idea de que Hashem necesite la prueba para adquirir algún conocimiento. Hashem lo sabe todo. Por eso, el Rambam sostiene que la palabra “ladáat” se refiere al mundo: la prueba existe para que el mundo sepa quién es el judío.

El mundo debe contemplar cómo un judío no duda de Hashem ni de Moshé. Debe observar cómo permanece firme incluso cuando parece que el éxito se encuentra del otro lado. Cuando todo a su alrededor intenta convencerlo de que abandone su camino, él continúa aferrado a Hashem.

Entonces se revela ante todos por qué ese judío merece el amor, el cariño y la bondad de Hashem.

Con esta idea, el Rambam explica la Mishná de Pirkei Avot que enseña que Abraham Avinu fue sometido a diez pruebas «para mostrar cuán amado era Abraham frente a Hashem». No era para que Hashem descubriera quién era Abraham, sino para hacer saber al mundo por qué Hashem lo amaba tanto.

Al verlo permanecer firme frente a cada desafío, todos pudieron comprender la grandeza de Abraham y el motivo de su relación tan especial con Hashem.

Esta misma idea aparece alrededor de la Entrega de la Torá. Después de la gran revelación en el monte Sinaí, Moshé le dijo al pueblo que no tuviera miedo, porque Hashem había realizado todo aquello “baavur nasot etjem”, para ponerlos a prueba.

El Rambam explica que, gracias a la Entrega de la Torá, quedó implantada en el judío una firmeza absoluta. Desde ese momento, el judío recibió la fuerza para permanecer fiel durante todos los momentos oscuros y difíciles del exilio.

La omisión de Rashi

Cuando estudiamos el comentario de Rashi sobre nuestro pasuk, surge algo llamativo: Rashi no explica nada. No aclara quién necesita saber ni sobre quién recae la palabra “ladáat”.

¿Cómo puede ser que Rashi no se refiera a una pregunta tan esencial?

En un farbrenguen de 1987, el Rebe explicó que, cuando Rashi no comenta algo, puede deberse a una de dos razones: o la respuesta es evidente dentro del sentido simple del texto, o Rashi ya la explicó anteriormente.

En la historia de la Akeidá de Itzjak encontramos la respuesta.

Rashi explica que la prueba de la Akeidá llegó, entre otras razones, como respuesta a la acusación del Satán. El Satán argumentó: “¿Por qué tienes tanto cariño por Abraham? Le concediste un hijo a los cien años y, aun así, no demostró suficientemente su gratitud”.

Hashem respondió: “Yo te mostraré quién es Abraham para Mí”.

Entonces llegó la prueba de la Akeidá.

Más adelante, cuando Abraham se apresuró a cumplir la orden y Hashem le dijo que no tocara a Itzjak ni le hiciera el menor daño, el versículo declara:

“Atá yadati ki yeré Elokim atá”.
“Ahora sé que eres temeroso de Di-s”.

Rashi explica: “Ahora tengo qué responderle al Satán y a las naciones que se preguntan por qué te tengo tanto cariño”.

Es decir, “ahora sé” no significa que Hashem recién descubrió quién era Abraham. Significa: ahora todos podrán saberlo. Ahora el mundo comprenderá a qué se debe este amor tan profundo.

Por lo tanto, Rashi sigue el mismo camino que el Rambam: la prueba viene para revelar ante el mundo quién es realmente el judío.

Caminar detrás de Hashem aun cuando no hay claridad

Ahora podemos comprender mejor nuestro pasuk.

Hashem permite que aparezca un falso profeta que realiza señales extraordinarias. Permite que, por un instante, parezca que el otro lado posee más fuerza, más éxito o incluso cierta supremacía.

¿Por qué?

“Ladáat”. Para que se sepa.

Para que, precisamente en ese momento, el judío permanezca firme y se revele su verdadera grandeza. Para que quede demostrado que su relación con Hashem no depende de milagros visibles, de comodidad material ni de que todo resulte comprensible.

Por eso la Torá continúa diciendo:

“Ajarei Hashem Elokeijem teileju”.
“Detrás de Hashem caminarán”.

A veces no vemos el rostro. No percibimos claridad ni una Presencia Divina abierta. Vemos únicamente la “espalda”, aquello que queda oculto y que no logramos comprender.

Sin embargo, incluso en esas circunstancias, el judío continúa caminando detrás de Hashem. No se desvía, no abandona su camino y no rompe su vínculo.

Y entonces alcanza:

“Ubo tidbakún”.
“Y a Él se apegarán”.

Precisamente cuando no hay claridad, pero el judío continúa avanzando, se revela la profundidad de su apego a Hashem.

Sin embargo, todavía queda una pregunta: todo esto es hermoso, pero ¿por qué es tan importante que el mundo sepa quién es el judío? ¿Es necesario que Hashem permita semejantes desafíos únicamente para demostrar que existe una relación íntima y especial entre el pueblo judío y Él?

También esta pregunta debe estar respondida dentro de Rashi.

La misión de revelar a Hashem en el mundo

El Rebe Rashab explica que la respuesta se encuentra en el primer comentario de Rashi sobre la Torá.

Rashi comienza preguntando: ¿por qué la Torá inicia con el relato de la Creación? La Torá es, ante todo, un libro que enseña al judío cómo servir a Hashem. Aparentemente, debería haber comenzado con la primera mitzvá entregada al pueblo judío: la mitzvá de consagrar el nuevo mes, relacionada con la salida de Egipto.

Rashi responde que la Torá comienza con la Creación porque, cuando las naciones del mundo acusen al pueblo judío de haber robado la Tierra de Israel, podremos responderles que Hashem creó el mundo, que toda la tierra le pertenece y que Él decidió entregarnos esa tierra.

Pero esto tampoco parece sencillo. ¿Acaso la Torá dedica todo el extenso relato de la Creación únicamente para responder a una acusación de las naciones?

La respuesta es que el judío no se encuentra en el mundo para vivir solamente para sí mismo. Su misión es cumplir la Torá, realizar las mitzvot y convertir este mundo en un hogar para Hashem.

Y puesto que esa es la finalidad de toda la Creación, Hashem desea que el mundo mismo reconozca y acepte esta misión. No quiere que la santidad sea impuesta únicamente desde arriba o por la fuerza. Quiere que el mundo colabore con el judío, que se vuelva receptivo a la Presencia Divina y que reconozca la verdad de su propósito.

El refinamiento del mundo no puede permanecer como una realidad externa. Debe permear la existencia misma del mundo.

Por eso Hashem permite las pruebas. No solamente para que el judío descubra sus fuerzas, sino para que el mundo contemple su fidelidad, reconozca la grandeza de su alma y comprenda por qué Hashem lo ama de una manera tan especial.

Esta idea se encuentra también en el corazón de Rosh Hashaná.

En Rosh Hashaná no nos limitamos a pedir una vida buena y dulce. Coronamos a Hashem como Rey del mundo entero:

“Meloj al haolam kuló bijvodeja”.
“Reina sobre el mundo entero con Tu gloria”.

“Veyedá kol paul ki Atá pealtó, veyavín kol yetzur ki Atá yetzartó”.
“Que toda criatura sepa que Tú la creaste y que todo ser comprenda que Tú lo formaste”.

“Veyomar kol asher neshamá beapó: Hashem Elokei Israel Mélej, umaljutó bakol mashalá”.
“Que todo aquel que posee un alma declare: Hashem, Di-s de Israel, es Rey, y Su reinado gobierna sobre todo”.

Desde el mes de Elul, cuando el Rey sale al campo y recibe a cada persona con amor y cercanía, comenzamos a prepararnos para esta coronación. No buscamos únicamente acercarnos personalmente a Hashem, sino lograr que Su reinado sea reconocido dentro del mundo entero.

Todas las pruebas atravesadas a lo largo de la historia han revelado quién es el judío, cuán profundo es su vínculo con Hashem y hasta dónde alcanza su ferviente devoción.

Y puesto que ya se ha demostrado tanto, puesto que el pueblo judío ha permanecido fiel a Hashem frente a innumerables desafíos, ha llegado el momento de que no sea necesaria ninguna prueba adicional.

Sea la Voluntad Divina que no tengamos que atravesar otro desafío para demostrar nuestra grandeza interior. El mensaje ya fue transmitido con absoluta claridad.

Ha llegado el momento de que la luz divina deje de permanecer oculta y se manifieste de forma radiante, abierta y evidente; que veamos únicamente un bien revelado, con la venida inmediata de nuestro Justo Mashiaj y la Redención verdadera y completa. Amén.

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