Por Yehuda Shurpin
Ilustración de Sefira Lightstone
Muchos dedican tiempo a visitar el cementerio antes de Rosh Hashaná, siguiendo una antigua costumbre establecida en el Código de Ley Judía.
¿Cuál es la razón de esta costumbre?
Algunos explican que el cementerio es el lugar de descanso de los justos, y que las oraciones allí ofrecidas son aceptadas con mayor facilidad. En esencia, le pedimos a D’s que nos conceda misericordia en virtud de los justos que allí reposan.
Pero el asunto va más allá.
Al analizar las prácticas observadas en los días de ayuno comunitario, el Talmud pregunta: «¿Por qué acudimos al cementerio [en un día de ayuno]?». Y ofrece dos respuestas: 1) «Es como decir: «Ante Ti, somos como los muertos»», y 2) «… para que los muertos pidan misericordia en nuestro favor».3
Según esta segunda razón, visitar las tumbas de los justos no se trata solo de adoptar la mentalidad adecuada reflexionando sobre nuestra propia mortalidad, ni tampoco únicamente de invocar el mérito de los justos. Es algo más: se trata de que ellos también oren y supliquen misericordia a D’s.
De hecho, en otra parte, los sabios nos dicen:
«¿Por qué se ocultó el lugar de sepultura de Moisés a los ojos humanos? Porque el Santo, bendito sea, sabía que en el futuro el Templo sería destruido y el pueblo judío sería exiliado de su Tierra. Quizás entonces acudirían a la tumba de Moisés, llorarían y le rogarían: «¡Maestro nuestro, levántate y ora por nosotros!». … Y Moisés se levantaría y anularía el duro decreto, pues los justos son amados incluso más tras su muerte que durante su vida».
En otras palabras, la oración en la tumba de los justos es tan poderosa que D’s ocultó el lugar de descanso de Moisés… ¡precisamente debido a ese poder!
A la luz de lo anterior, y de muchas otras fuentes presentes en el Talmud y el Zohar, surge una perspectiva más completa.
No obstante, algunos se esfuerzan por añadir una salvedad importante: no se debe dirigir la petición a los muertos mismos; simplemente le pedimos a D’s que nos conceda misericordia en virtud de ellos. En la práctica, la costumbre transmitida a través de las generaciones —que se remonta a cuando Caleb oró ante las tumbas de nuestros antepasados durante el episodio de los Espías, e incluso antes— es que los judíos han orado durante mucho tiempo en las tumbas de sus ancestros y de los justos, pidiéndoles que despierten la misericordia e intercedan a favor de los vivos ante D’s.
En otras palabras, existen esencialmente tres razones para visitar el cementerio: situarnos en el estado de ánimo adecuado respecto a nuestra propia mortalidad, evocar el mérito de los justos y lograr que las almas de los difuntos imploren misericordia a D’s.
Cuando alguien busca la misericordia de D’s en el lugar de descanso de un alma difunta, dicha alma se siente impulsada a elevar numerosas oraciones en favor de la persona arrepentida en las esferas celestiales. Al fin y al cabo, los difuntos son conscientes de los vivos y perciben su dolor.
De hecho, el Zohar afirma que, de no ser por las oraciones de los difuntos en favor de quienes habitan este mundo, el mundo no podría subsistir. Esto es especialmente cierto antes de Rosh Hashaná, momento en que el mundo es juzgado; las almas de nuestros antepasados imploran misericordia para nosotros.
Por esta razón, muchos tienen la costumbre de visitar el lugar de descanso de los justos en la víspera de Rosh Hashaná (Erev Rosh Hashaná). Entre ellos se encontraba el Rebe de Lubavitch, quien visitaba el Ohel de su suegro —el sexto Rebe— en la víspera de Rosh Hashaná, después del mediodía, para leer los miles de cartas y nombres recibidos de personas de todo el mundo e invocar así la misericordia en su favor.
Se considera un gran mérito orar ante las tumbas de los difuntos —y especialmente ante las de los justos— siempre que uno tiene una necesidad, pero muy particularmente antes de Rosh Hashaná. Esto se debe a que dicha práctica trasciende el mero hecho de situarnos en la disposición mental adecuada o de invocar el mérito de los justos; nos permite contar con su apoyo para que, mientras nosotros imploramos a D’s, ellos lo hagan junto con nosotros, ¡a fin de que todos merezcamos un año nuevo dulce!
Fuente: chabad.org

