Itongadol.- (Por Daniel Berliner, desde Israel)
Eyal Ostrinsky fue elegido presidente del Keren Kayemet LeIsrael (KKL) a principios de año y, en su primera entrevista con Itongadol, analiza la realidad de Israel y el mundo judío tras la masacre del 7 de Octubre. En este marco, enfatiza el compromiso con la lucha contra el antisemitismo —un tópico que parecía ajeno a la entidad hasta esta gestión— en base a su vasta experiencia y conocimiento de los desafíos de la Diáspora.
Se muestra como un hombre apasionado por su tarea y de enorme acción. Prueba de ello es su relato acerca del último Pésaj, cuando no dudó en ir a compartir el Séder en un refugio en el norte del país para acompañar a las familias que tan mal la pasaban por la guerra.
Ostrinsky relata su experiencia en diferentes espacios políticos y asegura que la volcará en su flamante cargo de presidente del Keren Kayemet.
A su vez se lo ve atento para poner sobre su mesa temas urgentes como el antisemitismo y la educación no formal, por eso asombra su enorme firmeza al abordarlos.
— Soy el presidente del Keren Kayemet LeIsrael. Lidero su directorio y todas sus actividades. Antes trabajé en la Organización Sionista Mundial: fui jefe de gabinete del vicepresidente. Y previamente trabajé muchos años en la política israelí: con Amir Peretz, que era presidente de Avodá y ministro de Economía; y antes con Eitan Cabel, que era presidente de la Comisión de Economía de la Knesset, y Danny Atar, que era presidente del KKL, de quien fui jefe de gabinete. Hace cinco meses asumí el cargo de presidente del KKL y tengo el enorme privilegio de liderar esta organización, sus actividades, su accionar, su política y también su visión. La considero una labor sagrada.
— ¿Estamos entrando en una nueva era tras la guerra?
— Creo que nuestro mayor reto hoy es la rehabilitación y resurgimiento de las localidades y comunidades de la Periferia de Gaza y el norte, y estamos haciendo un montón de cosas en ese sentido. Desde el 7 de Octubre, el KKL ha tomado numerosas decisiones para ayudar a las localidades, las comunidades, los residentes y las autoridades. Realizamos actividades educativas en hoteles para quienes fueron evacuados de sus hogares. E incluso ahora, con la guerra en el norte, hemos trasladado durante varios días a hoteles a 20.000 personas de la Línea de Confrontación, para que pudieran tener algo de calma, pero también hay que rehabilitarlas. También en el kibutz Nir Oz, donde tantas personas fueron secuestradas y asesinadas. Por cierto, muchos olim latinoamericanos sufrieron esos duros golpes… Allí, el KKL invirtió 75 millones de shékels (aprox. 25 millones de dólares) en la rehabilitación del kibutz, mediante la construcción de dos nuevos barrios. Además, estamos invirtiendo mucho para llevar gente nueva. En cada localidad, como los kibutzim Kfar Aza, Be’eri, Nahal Oz y Re’im, instalamos soluciones habitacionales temporales —fijas o móviles— para albergar a las familias y comunidades mientras avanzamos en la construcción de viviendas e infraestructura definitiva. Eso es algo muy significativo que hicimos. Y también damos mucho apoyo directo a las autoridades locales, porque, al fin y al cabo, los alcaldes saben mejor que nadie qué necesitan sus residentes, y en el KKL intentamos ayudarlos con toda la fuerza para que puedan hacerlo.
— ¿Es un presidente que deja la puerta abierta para quien necesite algo?
— Históricamente podía existir la percepción de una dirigencia alejada del terreno; mi prioridad absoluta es que el KKL esté presente sobre el terreno y responda de manera inmediata y relevante en tiempo real. Entonces, ¿qué hacemos? Cuando pasa algo, como fue en la guerra con Irán, que caían misiles en Beit Shemesh, Beer Sheba, Dimona y Arad, todos los días, a las dos o tres horas llamaba al alcalde. Le decía: «Alcalde: estamos en camino, vamos hacia usted, ¿qué necesita?». No espero a que me pregunten… Llegamos, en uno o dos días ya estamos tomando decisiones para ayudarlos y no les doy la impresión de que tienen que buscarme. Voy hacia ellos primero… Hicimos lo mismo en el norte: tan pronto como comenzó la guerra, llamamos a los alcaldes de Kiryat Shmona, Shlomi, Nahariya y los consejos regionales: «¿Qué necesitan?». Así los llevamos a hoteles, les instalamos refugios en zonas agrícolas y ayudamos a hacer 150 sedarim de Pésaj en refugios públicos de Kiryat Shmona y Shlomi, para 3.000 personas que no podían huir ni celebrar la festividad en otro lugar. Y yo personalmente fui a Kiryat Shmona con mi familia para hacer allí el Séder de Pésaj con el alcalde y su familia. Todos me decían: «Te volviste loco». Respondía: «No me volví loco, quiero que sepan que estoy con ellos, que estamos allí».
— ¿Qué opina y desea hacer con Sudamérica?
— Vengo de la Organización Sionista Mundial y antes de eso estuve en el KKL. Sé lo que es el judaísmo de la Diáspora. Hoy, desde el KKL estamos comprometidos con el judaísmo de la Diáspora: Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia y también Latinoamérica, al más alto nivel. Lo explicaré: en primer lugar, la Argentina. La Argentina es una magnífica comunidad judía en Buenos Aires, por un lado, y toda su periferia, por el otro. Tenemos Brasil, que quizás aún representa un desafío por el idioma portugués, pero también Uruguay, Chile, Perú, Paraguay y todos los países, desde Colombia hasta Centroamérica, incluida Panamá, y México. Estamos muy, muy comprometidos con el accionar sionista allí. ¿Por qué? Porque hoy son muy grandes los desafíos de los judíos en la Diáspora. Primero, el antisemitismo crece y aumenta, y desde hace tiempo no solo es una amenaza ideológica o cultural, sino que ya es una amenaza física y pone en peligro la vida de los judíos. Vimos el terrible atentado en Australia. D’s no permita que vuelva a suceder algo como lo que nos ocurrió en la AMIA… Mi ventaja es que provengo de las Instituciones Nacionales y sé a qué se enfrenta el judaísmo de la Diáspora, los retos que enfrenta, y también cuál es la diferencia entre Norteamérica y Latinoamérica. Por ejemplo: en Norteamérica, el reto es que necesitamos comunidades fuertes que no se desconecten del sionismo. En Latinoamérica y en Sudamérica también necesitamos hacer algo para proteger a las comunidades, brindarles más seguridad, más herramientas, una mayor resiliencia, más capacitaciones…
— ¿Eso hará el KKL?
— Sí, vamos a hacerlo. Este año aumentamos nuestro presupuesto para la lucha contra el antisemitismo y la actividad sionista de tres a seis millones de shékels (aprox. dos millones de dólares) anuales. Lo duplicamos este año porque creo en esto con todo mi corazón. Esto es solo una cosa… La segunda cuestión es que, ante el incremento del antisemitismo, a menudo a las personas les cuesta más identificarse abiertamente o defender el sionismo. Debemos trabajar para fortalecer la identidad de cada sionista y acercar a quienes aún dudan. Y realmente creo que el desarrollo del liderazgo funciona así: antes que nada, las escuelas judías. Necesitamos que la mayor cantidad posible de jóvenes de América Latina asista a escuelas judías. Tenemos una organización llamada Kedma, que reúne a todas las escuelas judías y sus directores. El KKL se sumó a colaborar este año. Estamos invirtiendo casi un millón y medio de shékels (aprox. medio millón de dólares) en trabajar con esa organización y queremos ayudarlos con becas y transporte para alumnos, con morim (educadores), con todas esas cosas que hoy representan desafíos para la educación sionista en las escuelas de América Latina. Dos: los movimientos juveniles. Hoy necesitan fuerza porque, al fin de cuentas, no se trata solo de los niños, sino también de las familias…
— En las tnuot está la historia del pueblo judío y la esencia del judaísmo…
— …Y también la del sionismo y el sostenimiento de Israel… Al fin de cuentas, los movimientos juveniles no son escuelas. No enseñan matemáticas, ni siquiera hebreo. Enseñan valores, liderazgo, sionismo, y eso es algo que debe hacerse. Cada año impulsamos el crecimiento de los movimientos juveniles en América Latina: campamentos de verano, seminarios, talleres, conferencias sobre liderazgo… Trabajamos mucho con la Organización Sionista Mundial, con el Departamento de Educación No Formal. Piensen: allí están Hanoar Hatzioní, Habonim Dror, Hashomer Hatzair, Betar, Bnei Akiva, Marom, todos… Luego, cuando terminamos con los jóvenes, ¿qué sigue? La gente va a las comunidades judías: rabinos, presidentes de comunidades, líderes… Queremos invertir en todo ese ámbito. ¿Por qué? Desde el KKL no podemos llegar a los 200.000 judíos argentinos. Podemos llegar a 2.000 líderes judíos, cada uno de los cuales a su vez llegará a las 1.000 personas que están bajo su mando, o 500, 100 o 10, y ayudarlos a inculcarles sionismo y liderazgo judío, y así sucesivamente… Entonces, hacemos muchas actividades de desarrollo del liderazgo sionista, con todas las corrientes: ortodoxos, religiosos, conservadores y reformistas. En Sudamérica, y en Argentina, hoy tienen una gran población ortodoxa y una gran población conservadora Masortí, lo que se llama Mercaz. Eso es algo que intentamos fortalecer constantemente. Un ámbito fundamental son las instituciones sociodeportivas y los clubes comunitarios —como Hebraica, Hacoaj y entidades afines—, donde hoy converge la mayor parte de la vida comunitaria. Nuestro objetivo es acompañarlos para potenciar la programación de contenidos sionistas y educativos.

— ¿Podría explicar un poco más lo del antisemitismo porque es nuevo escuchar al respecto por parte del KKL?
— Israel es experto en seguridad, emergencias y resiliencia comunitaria. Mi principal objetivo es exportar ese conocimiento a las comunidades judías de Latinoamérica y de todo el mundo. Invertir en dispositivos de seguridad: más cámaras, vallas y portones en las comunidades. Crear una mayor sensación de seguridad… Sabemos que, a diferencia de Australia, donde lamentablemente 17 judíos fueron asesinados en ese terrible atentado terrorista, recientemente se intentó perpetrar un atentado terrorista de gran magnitud en Michigan, en la sinagoga reformista más grande de los Estados Unidos; allí, milagrosamente, la buena preparación de dos personas salvó a esa comunidad de una masacre. Así que hoy, por ejemplo, invertir en enseñarles a los rabinos, directores y presidentes de comunidades cómo construir dispositivos de seguridad en las comunidades, cómo prepararse para una emergencia y también cómo enseñarle a la gente qué es la resiliencia, qué es ese trabajo social… Por ejemplo, podemos enseñarles a los rabinos a realizar talleres de resiliencia en sus comunidades, algo que quizá sin nuestra ayuda no podrían hacer. Y si las comunidades saben cómo afrontar acontecimientos extremos y emergencias, eso contribuye muchísimo a la sensación de seguridad y protección. Y si la gente se siente más segura y protegida, también se siente más sionista… Doy un ejemplo de algo sionista que hicimos: en Pésaj descubrimos que había muchos alumnos que habían venido a programas de Masá y por la guerra no podían regresar a sus países para celebrar la festividad. ¿Qué hicimos entonces? Por primera vez le entregamos dos millones y medio de shékels (más de 800.000 dólares) a Masá para que los operadores de los programas pudieran organizarles la festividad sin que les costara demasiado dinero que no habían previsto. Así demostramos qué es la nación judía y qué es el sionismo. ¿Por qué? Si un alumno viene aquí y no puede regresar a su país, tengo que dejar todo y, así como quise que pudieran hacer el Séder en Kiryat Shmona, también quiero que tenga un Séder en Israel un participante de Masá que está acá.
— Se dice que usted hace lo que dice…
— Eso intento… Este año viajo poco al exterior, pero quiero ir a fines de noviembre a la Argentina y Brasil. Allí tendremos eventos muy significativos… Quiero hablar con la gente, que me conozcan y conocerlos. Escuchar de ellos qué hay que hacer, cómo se puede fortalecerlos, cómo podemos conectarnos con lo que están haciendo y también impulsarlos a hacer más cosas. En definitiva, el KKL es una parte inseparable y muy significativa del panorama judeosionista de Latinoamérica. Todos saben qué es el KKL, todos invierten en el KKL, todos le han donado al KKL… Y siempre digo: los judíos ya nos han dado un apoyo incondicional; ahora debemos devolverles. Y «devolverles» significa infraestructura de seguridad contra el antisemitismo e infraestructura para el liderazgo sionista, desde las escuelas hasta las comunidades. Esta es hoy nuestra misión en ese sentido.
— ¿Cómo entra la palabra «aliá» en su vida?
— Antes que nada, en el Keren Kayemet LeIsrael creemos que para los judíos es bueno hacer aliá. Por otro lado, siempre digo: no juzgo si un judío es más o menos sionista si emigró o no a Israel. ¿Por qué? Porque, al fin y al cabo, hoy tenemos muchos desafíos sionistas en la Argentina, Uruguay y los países de los que hablamos, y para mí no es menos importante ayudar al sionismo allí que permitirle a la gente emigrar a Israel, que sí es importante. Por otro lado, el Keren Kayemet LeIsrael no se ocupa de la aliá, eso lo hace Sojnut, ni tampoco de su promoción, pero ¿qué sí hace el Keren Kayemet LeIsrael? Por ejemplo, toma a olim que son médicos o personas con profesiones de alta cualificación y trata de llevarlos a la periferia. Este es nuestro reto en cuanto a la aliá hoy: conectarlos con la Galilea, el Néguev, el norte, el sur, la Arava, para incrementar el número de judíos sionistas en todas esas áreas.
— ¿También perciben el problema que existe en Israel con gente que necesita apoyo psicológico u otro no material?
— La respuesta es sí, pero digo: en definitiva, el KKL debe concentrarse en lo que hace. No nos dedicamos tanto al trabajo con psicólogos, trabajadores sociales y similares, sino a la educación y la comunidad. Trabajamos con programas educativos para darles a los jóvenes herramientas que les permitan destacarse más y tener más éxito. Trabajamos en el liderazgo comunitario: alcaldes, intendentes, líderes comunitarios… Les proporcionamos herramientas…
— ¿Cuál es el mensaje del presidente del KKL para morim, padres y líderes?
— Que los queremos, estamos comprometidos con ellos, los vemos como parte de nuestra gran familia judeosionista en el mundo, y que, en este mandato, el Keren Kayemet LeIsrael considera a los judíos de la Diáspora como una prioridad máxima, al igual que Kiryat Shmona, la Periferia de Gaza, la Galilea y el Néguev. Porque en la Diáspora también se enfrentan a las dificultades de la guerra —claro que no igual que en Israel, pero lidian con un creciente odio hacia Israel—, las amenazas contra israelíes y judíos aumentan, la dificultad de seguir siendo sionistas aumenta, y por lo tanto, ahora necesitamos comprender esto e ir en dirección a los judíos de la Diáspora: destinar presupuesto a ese tema, invertir en eso, desarrollar programas, trabajar con ellos y brindarle a la dirigencia las herramientas para mantener a todos dentro de marcos sionistas.

