Itongadol/Agencia AJN.- Francia atraviesa una de las mayores crisis de orden público de los últimos meses luego de que una protesta iniciada por estudiantes secundarios contra las condiciones del sistema educativo se extendiera por todo el país y derivara en enfrentamientos violentos, incendios, ataques contra policías y miles de detenciones.
Las movilizaciones comenzaron el 17 de septiembre en establecimientos de la región de París, principalmente por reclamos vinculados con la falta de docentes, el hacinamiento en las aulas, el deterioro de los edificios escolares y la suspensión de clases. Durante la última semana, sin embargo, el movimiento se expandió a más de 1.200 establecimientos educativos y adquirió una dimensión nacional.
El viernes se registraron algunos de los episodios más graves. Manifestantes bloquearon escuelas, incendiaron contenedores y arrojaron objetos y pirotecnia contra las fuerzas de seguridad. También se produjeron daños en establecimientos educativos y otros edificios públicos en distintas ciudades.
Según el Ministerio de Educación francés, 24 escuelas fueron incendiadas o saqueadas desde el comienzo de las protestas y 78 trabajadores del sistema educativo resultaron heridos. El gobierno anunció que entre 400 y 500 escuelas permanecerán total o parcialmente cerradas este lunes debido a que las condiciones de seguridad no están garantizadas.
La magnitud de los enfrentamientos también se refleja en el número de detenidos. Las autoridades informaron que alrededor de 5.000 personas fueron arrestadas desde el lunes, en su mayoría adolescentes, mientras que más de 600 policías resultaron heridos durante los disturbios.
El jefe de la Policía de París, Patrice Faure, afirmó el sábado que el movimiento se encontraba “fuera de control” y pidió a los estudiantes regresar a formas pacíficas de protesta. También advirtió sobre la posible intervención de grupos violentos que, según las autoridades, podrían estar aprovechando las movilizaciones.
La violencia se extendió a distintos puntos del país. En Belfort, un policía fue perseguido y golpeado por un grupo de jóvenes. En otras ciudades se registraron incendios, ataques contra vehículos y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. En La Ciotat, un docente fue atacado durante una protesta, mientras que en Marsella un vehículo de bomberos fue incendiado y los servicios de transporte público llegaron a ser suspendidos.
También hubo manifestantes heridos durante los enfrentamientos. En Tours, un adolescente perdió la visión de un ojo después de resultar alcanzado durante los choques con la Policía, mientras que las autoridades investigan varios episodios denunciados como posibles excesos en el uso de la fuerza policial.
La crisis adquirió además una dimensión política. El gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu sostiene que sectores de la extrema izquierda se infiltraron en el movimiento estudiantil y contribuyeron a transformar las protestas en episodios de violencia. La Francia Insumisa, el partido liderado por Jean-Luc Mélenchon, rechaza las acusaciones de haber organizado los disturbios y sostiene que el gobierno está respondiendo de manera represiva a reclamos legítimos.
Los servicios de inteligencia franceses habrían transmitido al gobierno una evaluación según la cual fuerzas de izquierda radical desempeñaron un papel en el inicio y la expansión de las movilizaciones. La acusación, sin embargo, fue rechazada por dirigentes de La Francia Insumisa y no existe hasta el momento una prueba judicial pública que demuestre que el partido haya organizado los episodios violentos.
En paralelo, el malestar estudiantil se encuentra vinculado con un problema más amplio de las finanzas públicas francesas. El gobierno presentó un proyecto de presupuesto para 2027 que contempla un ajuste de unos 54.000 millones de euros, mientras los estudiantes y docentes cuestionan que el aumento previsto para educación resulte insuficiente frente a la inflación y a los problemas estructurales del sistema.
Los reclamos incluyen aulas con demasiados alumnos, falta de profesores, edificios deteriorados, cancelación de horas de clase y dificultades para acceder a determinados servicios educativos. En algunos barrios desfavorecidos de la región parisina, estudiantes y familias denuncian que las deficiencias del sistema son particularmente graves.
La situación también comenzó a convertirse en un problema político de alcance nacional, a pocos meses de las elecciones presidenciales de 2027. El presidente Emmanuel Macron no puede presentarse para un tercer mandato consecutivo, mientras diferentes sectores políticos intentan posicionarse frente a una crisis que combina educación, seguridad, presupuesto y malestar social.
Por ahora, las movilizaciones no muestran señales claras de terminar. Los sindicatos estudiantiles convocaron nuevas manifestaciones para el martes y los sindicatos de trabajadores también anunciaron medidas de protesta, lo que podría ampliar el conflicto más allá de las escuelas.
La crisis llevó al gobierno a mantener reuniones de emergencia y a priorizar la situación de seguridad. Mientras las autoridades buscan contener los episodios violentos, los estudiantes reclaman que el gobierno responda a las condiciones que dieron origen al movimiento.
Así, lo que comenzó como una protesta por las condiciones de las escuelas terminó convirtiéndose en una crisis nacional que combina miles de detenidos, cientos de heridos, establecimientos incendiados y una creciente confrontación política sobre el rumbo de Francia.
France faces wave of unrest after student protests spread nationwide

