Itongadol/Agencia AJN.- Esta semana demostró, más que nunca, cuán importante es que sepamos mirar.
Los leones del vuelo Dubái-Israel vieron la situación y reaccionaron. Parece obvio, pero no lo es. Se trata de sentidos alertas, además de valentía para actuar, improvisar y cambiar la situación.
El vuelo es un ejemplo para nosotros en la era que vivimos.
Vemos peligros y amenazas delante de nuestros ojos. Debemos reaccionar con toda nuestra fuerza para moldear la realidad; de lo contrario, podría aplastarnos.
El miércoles me encontraba frente a 4.000 participantes en la Fiesta de Hashomer en Kiryat Shmona. Les dije a los habitantes y al alcalde, Avihay Shtern, que la llegada de la organización a Kiryat Shmona era una necesidad vital para nosotros. Un interés primordial.
Si la ciudad más grande del Estado de Israel en la frontera con el Líbano no recupera su esplendor y se fortalece diez veces más de lo que estaba en la víspera de Simjat Torá de hace tres años, ello significará el colapso de todo el país.
Antes y después del evento, cientos de jóvenes de todo el país llegaron, como parte del Proyecto en Memoria de Yossi Yaffe, para ayudar en la rehabilitación de la ciudad. Pintaron veredas, recogieron basura y retiraron escombros.
Esa acción representa una pequeña ayuda para la ciudad, pero un profundo fortalecimiento de la alianza social con la juventud israelí. Un «gimnasio» para la construcción de la nación.
La Fiesta de Hashomer, en la víspera de Simjat Torá de hace tres años, estuvo marcada por el dolor de nuestras luchas internas como sociedad. Es difícil reconocernos en el espejo cuando comparamos lo que éramos entonces con el lugar en el que nos encontramos hoy.
Desde entonces nos ha embargado el duelo y el profundo dolor por la pérdida de miles de almas que eran carne de nuestra carne y decenas de heridos, héroes y heroínas. El regreso de los secuestrados y la larga rehabilitación que aún nos espera.
Pero también se ha revelado una tremenda fortaleza espiritual y se han derribado las barreras de la imaginación y el miedo con las que generaciones enteras han crecido.
Este período de convulsión es un momento histórico para una profunda transformación social, para definir fronteras, para diseñar la seguridad nacional y para tenderles la mano a quienes deseen una alianza y cooperación con nosotros, como Estado y como pueblo.
Mi mensaje principal a los jóvenes y activistas de la organización en nuestra reunión de esta semana en la frontera con El Líbano fue simple: el Estado somos nosotros.
Con el tamaño de nuestros sueños, voluntad y coraje para actuar podremos movilizar los corazones de nuestros hermanos en Israel y la Diáspora, y a todos los sistemas -gubernamentales, empresariales y sociales- para que se unan a nosotros en esta gran misión.
Y como concluyeron los pasajeros del vuelo desde Dubái: «Lo principal, lo principal, es no tener miedo en absoluto».
¡Jag saméaj!
*Activista de Hashomer Hajadash, el Keren Kayemet LeIsrael y Adam Veadamá.

