Inicio COMUNIDAD EN ACCION Made Ani. Las primeras palabras que pronuncia el judaísmo al despertar

Made Ani. Las primeras palabras que pronuncia el judaísmo al despertar

Por Iton Gadol
0 Comentarios

Por Lorena Sued – United for Eternal Peace

¿Qué significa realmente despertar?

¿Es simplemente abrir los ojos después de dormir? ¿O existe un despertar mucho más profundo?

Cada mañana, apenas recuperamos la conciencia, pronunciamos las primeras palabras del día:

“Mode Aní Lefaneja, Mélej Jai vekaiam, shehejezarta bi nishmatí bejemlá, rabá emunateja.”

“Te agradezco, Rey vivo y eterno, porque has devuelto misericordiosamente mi alma dentro de mí; grande es Tu fidelidad.”

Resulta llamativo que nuestros Sabios hayan establecido que estas sean las primeras palabras que pronunciamos, incluso antes del lavado ritual de las manos y antes de cualquier otra plegaria.

¿Por qué comenzar precisamente así?

Porque despertar no significa únicamente volver a la vida física. Podemos abrir los ojos, cumplir con nuestras obligaciones, trabajar, estudiar y atravesar el día entero sin haber despertado realmente.

El verdadero despertar comienza cuando reconocemos a Hashem y comprendemos que el hecho mismo de haber recibido nuevamente nuestra alma significa que este nuevo día tiene un propósito.

La enseñanza jasídica encuentra en las palabras “Rabá emunateja” una idea profundamente inspiradora. Cada amanecer manifiesta la inmensa confianza que Hashem deposita en nosotros. Si hoy nos devolvió el alma, es porque todavía espera algo que solo nosotros podemos aportar al mundo.

Hay además un detalle que invita a reflexionar.

Más allá de las razones halájicas que explican la formulación del Mode Aní, el orden de sus palabras también transmite una enseñanza.

No comenzamos diciendo “Aní”, “yo”.

Comenzamos diciendo “Mode”, “agradezco”.

Antes de pensar en nosotros mismos, dirigimos nuestra conciencia hacia Hashem. Solo entonces podemos descubrir quiénes somos realmente.

En ese instante todavía no habla el intelecto, ni la emoción, ni siquiera nuestras preocupaciones.

Habla la Iejidá.

La enseñanza jasídica explica que el alma posee cinco niveles: Néfesh, Rúaj, Neshamá, Jaiá e Iejidá. La Iejidá es la esencia del alma, el punto donde nunca existió separación entre la persona y Hashem. Es un vínculo absoluto, eterno e indestructible.

Los demás niveles del alma se expresan a través del pensamiento, de los sentimientos o de las acciones. La Iejidá, en cambio, simplemente sabe. Sabe de dónde proviene. Sabe a Quién pertenece. Y sabe para qué descendió a este mundo.

Por eso el día comienza con el Mode Aní.

Antes de definir nuestra agenda.

Antes de recordar nuestras preocupaciones.

Antes de dejarnos absorber por el ritmo cotidiano.

La Iejidá ya está presente.

Y su primera respuesta es la gratitud.

Gracias por devolverme el alma.

Gracias por concederme un nuevo día.

Gracias por ofrecerme una nueva oportunidad para cumplir la misión que solo yo puedo realizar.

Esta idea adquiere una dimensión especial en el Shabat de Matot-Maséi, cuando concluimos el libro de Bamidbar. Por eso lo llamamos Shabat Jazak, y al finalizar su lectura proclamamos: “Jazak, Jazak, Venitjazek”, recordándonos que Hashem nos concede la fuerza para mantenernos firmes hasta el final del recorrido.

Matot, que significa “bastones”, simboliza esa firmeza interior que sostiene al pueblo judío durante el Galut. Maséi, “los viajes”, describe las cuarenta y dos etapas recorridas por el pueblo de Israel en el desierto. Más que un relato histórico, esos viajes reflejan también el camino espiritual que cada uno de nosotros recorre a lo largo de su vida.

El número cinco nos conduce nuevamente a la Iejidá, el nivel más profundo del alma. No es casual que esta lectura coincida con el comienzo del mes de Av, el quinto mes del calendario judío.

Paradójicamente, Av es el mes en el que recordamos la destrucción del Primer y del Segundo Beit HaMikdash y, al mismo tiempo, nuestros Sabios enseñan que en Tishá BeAv nace el Mashíaj.

La oscuridad más profunda contiene el potencial de la luz más elevada.

Lo mismo ocurre con la Iejidá. Puede quedar oculta, pero jamás dañada. Incluso los desafíos del Galut no logran apagarla; muchas veces son precisamente ellos los que permiten que esa esencia salga a la luz con mayor intensidad.

Así como el pueblo de Israel emprendió cuarenta y dos viajes rumbo a la Tierra Prometida, cada mañana el Mode Aní marca el comienzo de un nuevo viaje personal.

Es el recorrido desde el sueño hacia la conciencia, desde el ocultamiento hacia la revelación, desde una vida centrada en el “yo” hacia una vida centrada en Hashem, desde la golá hacia la Gueulá.

Cada amanecer trae una misión irrepetible.

Hashem no solo nos devuelve el alma; nos devuelve la oportunidad de transformar un poco más este mundo en una morada para Su Presencia.

Las personas que encontraremos, las circunstancias que viviremos y las mitzvot que podremos realizar son únicas para ese día. Cada una de ellas nos brinda la posibilidad de revelar un poco más la Alef, el Alufo shel Olam, dentro de la realidad cotidiana.

Cada mitzvá.

Cada acto de tzedaká.

Cada palabra de Torá.

Cada gesto de amor al prójimo.

Todo revela un poco más esa Presencia que muchas veces permanece oculta.

Y cuando compartimos esa conciencia con otra persona, cumplimos una misión sencilla y, al mismo tiempo, inmensa:

“Quien sabe Alef, enseña Alef.”

Al final, el Mode Aní nos recuerda tres verdades que pueden transformar toda una vida:

Quién es Hashem.

Quiénes somos nosotros.

Y para qué estamos aquí.

Despertar no es solamente volver a vivir.

Es responder.

Responder al llamado de Hashem.

Responder a la confianza que deposita en nosotros.

Responder a la misión para la que fuimos creados.

Y ayudar a otros a descubrir la suya.

Tal vez así comienza la Gueulá: cuando una persona despierta a la conciencia de Hashem y, con su ejemplo, inspira a otra a hacer lo mismo.

Porque una Alef revelada tiene la fuerza de despertar otra Alef.

Que muy pronto merezcamos vivir la revelación plena de la Iejidá, contemplar la llegada del Mashíaj y la reconstrucción del Tercer Beit HaMikdash, rápidamente y en nuestros días. Amén.

También te puede interesar

Este sitio utiliza cookies para mejorar la experiencia de usuario. Aceptar Ver más