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Aliá Protegida: “Trabajamos para que cada joven se desarrolle en un contexto donde el esfuerzo sea valorado y su futuro esté en sus manos”

Por Iton Gadol
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Itongadol.- En una entrevista con ItonGadol, Laura Lichtenstein, coordinadora de Aliá Protegida, el programa de CUJA-Keren Hayesod para que jóvenes judíos que atravesaron situaciones de vulnerabilidad puedan comenzar una nueva vida en Israel, destacó que una de los principales objetivos actuales es “llegar a más jóvenes”.

“Hay muchas personas de entre 20 y 30 años que hoy se resignan ‘al futuro que pueden tener’ y eso no debemos permitirlo. Tenemos que trabajar para que cada joven se desarrolle en un contexto donde el esfuerzo sea valorado y su futuro esté en sus manos. Que su presente y futuro no estén determinados por el lugar donde nació”, resaltó.

La primera camada de Aliá Protegida, compuesta por 19 jóvenes, llegó a Israel en enero. Estos chicos “ya están viviendo experiencias que nunca imaginaron”: convivieron 6 meses con otros jóvenes de todas partes del mundo; tuvieron al menos una experiencia laboral durante los primeros 40 días y hoy en día absolutamente todos están trabajando; tienen sus necesidades básicas cubiertas durante los primeros 11 meses en Israel, por eso la mayoría aprovecha el dinero que gana trabajando para darse gustos que en Argentina no les eran posibles; otros ya se anotaron en la Mejina (etapa previa para el ingreso a la Universidad) y los que deben hacer el ejército ya tuvieron charlas con referentes de la institución.

Actualmente, Lichtenstein y todo el equipo de CUJA-Keren Hayesod se encuentran trabajando con la segunda camada de jóvenes que participarán en este novedoso programa.

-Luego de la primera experiencia de Aliá Protegida, ¿qué evaluación podemos hacer?
-La primera experiencia de Aliá Protegida fue un gran desafío en todo sentido: en medio de la pandemia construimos alianzas y equipos de trabajo con diferentes instituciones tanto de Argentina como Israel y lanzamos el programa en medio de las restricciones sanitarias. Esto agregó una dificultad extra: llegar a los participantes sin presencialidad, sin poder vernos cara a cara debimos generar vínculos de confianza para acompañarlos en un proyecto de vida tan grande como implica la Aliá. Lo destacable es que nada nos impidió seguir construyendo juntos, apostando por un futuro mejor, acercando derechos y soñando alto.
Si me preguntás que evaluación puedo hacer, te diría que quedó demostrado que cuando trabajamos juntos y con compromiso real, todos los obstáculos se sortean y suceden cosas increíbles: instituciones trabajando codo a codo, jóvenes de distintas partes del país generando un grupo de pertenencia y apoyo, animándose a ser protagonistas, viviendo experiencias que nunca hubiesen imaginado.
A veces es difícil dimensionarlo, pero el cambio que se genera es enorme. Hace poco hablaba por Zoom con uno de los chicos y me decía: “antes me sentía dormido, no me daban ganas de hacer cosas porque yo sabía que no importaba cuánto me esfuerce, las cosas no iban a cambiar, mi techo estaba sobre mi cabeza. Acá me siento con energía, te juro que ni siquiera veo mi techo”.

-Sabemos de la puesta en marcha de la segunda camada. ¿Habrá ajustes importantes para mejorar la propuesta o en general podemos decir que todo funcionó bien y no es necesario realizar grandes cambios?
-¡Qué difícil esta pregunta! Estamos conformes con los resultados, pero siempre hay mucho por mejorar. Uno de los compromisos que nos autoimpusimos es llegar a más jóvenes: hay muchas personas de entre 20 y 30 años que hoy se resignan “al futuro que pueden tener” y eso no debemos permitirlo. Tenemos que trabajar para que cada joven se desarrolle en un contexto donde el esfuerzo sea valorado y su futuro esté en sus manos. Que su presente y futuro no estén determinados por el lugar donde nació.
Y en este punto es importantísimo el compromiso de todos como comunidad: en el programa hay cupos abiertos para que más jóvenes sean parte. Necesitamos que cada uno desde su lugar pueda transmitir el mensaje, compartir la información y ayudarnos a llegar a todo aquel que puede participar de Aliá Protegida.
Además, estamos trabajando junto a los servicios sociales de la comunidad para comprender qué otros grupos de personas necesitan este acompañamiento extra para poder acceder al derecho de aliá; y hacer los ajustes necesarios en el programa para que puedan sumarse en próximas ediciones.
Seguimos generando propuestas para la segunda etapa del programa, cuando los jóvenes ya se encuentran en Israel. Y entendimos que, una vez adaptados a su nuevo hogar, los proyectos que emprenden son diversos y personales y debemos estar preparados para acompañarlos a cada uno en su individualidad, flexibilizando aspectos del programa que originalmente estaban pensados en formato grupal.
Lo importante, como decía anteriormente, es que los participantes encontraron un lugar en el mundo donde quieren plantar raíces y crecer. Muchos nos dicen que vuelven a tener esperanzas y ganas de lucharla, eso nos muestra que estamos en el camino correcto.

Laura Lichtenstein junto a una joven de Aliá Protegida

-Hablemos de los jóvenes, ¿qué podés contarnos de ellos?
-Como te decía antes, los participantes están viviendo experiencias que nunca imaginaron: convivieron 6 meses con otros jóvenes de todas partes del mundo. Al poco tiempo de llegar, una participante me dijo “me hice amiga de una chica que vive en un país que no sabía que existía”.
Otro ejemplo muy claro es el trabajo. Todos los participantes tuvieron al menos una experiencia laboral durante los primeros 40 días y hoy en día absolutamente todos están trabajando. Recordemos que antes de hacer aliá, el programa contempla 8 meses de formación en Argentina con una carga horaria muy fuerte en hebreo. De esta manera, los participantes llegaron a Israel con una buena base de idioma, conociendo a las personas que los iban a recibir, empapados de la cultura israelí. Eso hace que los primeros pasos sean mucho más fáciles, rápidos y sin grandes sobresaltos.
Los chicos tienen sus necesidades básicas cubiertas durante los primeros 11 meses en Israel, por eso la mayoría aprovecha el dinero que gana trabajando para darse gustos que en Argentina no les eran posibles, viajar por Israel y hasta algunos ya están planeando viajes al exterior. Otros ya se anotaron en la Mejina (etapa previa para el ingreso a la Universidad) y los que deben hacer el ejército ya tuvieron charlas con referentes de la institución. Todos se encuentran encaminados, avanzando hacia los proyectos que cada uno tiene a nivel personal.

-¿Cómo es tu relación con ellos?
-Para contestarte esta pregunta tengo que remitirme a las bases del programa: Aliá Protegida nació con el objetivo de acompañar y que todo joven judío pueda acceder al derecho de aliá que le corresponde per se, sin que su contexto o pasado le impida desarrollar todo su potencial. ¡Tenemos muy en claro que el acompañamiento es la clave! Por eso, a pesar de la distancia, los seguimos acompañando de cerca y acercándoles todas las respuestas que van necesitando a medida que avanzan. Hace solo un mes, la directora del programa, Karina Pincever, y el director de CUJA – Keren Hayesod, Paul Rozenberg, viajaron a Israel para visitar a los jóvenes y seguir fortaleciendo el programa. Estamos conectados con ellos permanentemente por whatsapp, generamos encuentros individuales virtuales con ellos y tenemos reuniones regulares con el equipo “local israelí” para seguir en conjunto las novedades y necesidades que tienen.
Además del marco del programa, se genera un lazo afectivo muy fuerte. Nos cuentan cuando consiguen trabajo, cuando se anotan en la mejina, cuando hay algún altercado dentro de la convivencia, cuando están planificando sus próximos pasos, etc. ¡Hasta les “hinchamos” para que vayan al médico como cualquier idishe mame!

-¿Cuán importante es para CUJA y el Keren Hayesod este programa y qué destacás del trabajo de Paul Rozenberg y Karina Pincever.
-Desde que se estableció el Estado de Israel, gracias al trabajo de Keren Hayesod conjuntamente con la Agencia Judía para Israel y el Gobierno de Israel, más de tres millones y medio de judíos pudieron emigrar a Israel. Apoyar la aliá fue y sigue siendo parte importante de nuestra misión. Por eso, Aliá Protegida se alinea perfectamente con nuestros objetivos de fortalecer el vínculo del pueblo judío con Israel, y realizar aportes en la mejora de la calidad de vida de quienes lo necesitan.
Sin embargo, Aliá Protegida implica un punto de inflexión en los proyectos que se llevan adelante desde CUJA – Keren Hayesod. Es la primera vez que realizamos un programa que llega a los destinatarios sin instituciones intermediarias. Si bien es un desafío enorme, lo asumimos con responsabilidad y la alegría de saber que es una manera de materializar nuestros valores y objetivos.
Kol Israel arevim ze la ze, es uno de los valores que nos guía en nuestro accionar. Y este proyecto nos interpela a materializarlo, a no mirar para el costado y realmente hacernos responsables por quienes están a nuestro alrededor.
Y tal como me preguntabas, es imposible referirnos a los valores que guían la institución sin remitirnos a las personas que los encarnan. En el caso de Karina y Paul, ellos fueron y son fundamentales para la existencia y sostenimiento del programa. Desde la concepción de la idea hasta la gestión de todas las acciones necesarias para llevarlo a cabo, se comprometieron a nivel personal, profesional y humano. En buena medida, eso es lo que permitió que hoy Aliá Protegida sea una realidad y que todos los que estamos implicados reforcemos nuestras esperanzas: salva a una persona y salvaras el mundo, juntos podemos hacerlo.
Esperamos que todos se sumen, compartiendo la información, recomendando a personas que puedan estar necesitando acompañamiento extra y fortaleciendo este lazo que nos une.

Más información: www.instagram.com/aliaprotegida/

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