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Instituto Bet El: “El aislamiento desafió nuestros niveles de reflexión y acción”

Por Iton Gadol
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Itongadol.- En el marco del aislamiento social, preventivo y obligatorio en la Argentina para hacer frente al coronavirus, Itongadol mantuvo una entrevista con la directora general del Instituto Bet El, Mariana Schmukliar.

Bet El es una Escuela de Comunidad fundada en 1963 que tiene desde Jardín Maternal hasta 7mo grado. Actualmente 800 alumnos cursan su escolaridad.

“Los valores de la Comunidad Bet El inspiran nuestro Proyecto educativo: educación en valores judíos, solidaridad, multiculturalidad y el diálogo Interreligioso”, destacó Schmukliar.

-¿Los niños sienten mucho la falta de la escuela?
-No podemos perder de vista que el sentido fundamental de la escuela es “estar” en la escuela. Es habitar un espacio que se construye con maestros, pares, experiencias, descubrimientos, emociones, cuerpos, ideas.
La escuela tiene como objetivo profundo el encuentro con otro, es un espacio de vínculo acompañado de estrategias para la enseñanza, para favorecer el descubrimiento y el aprendizaje.
Dadas las circunstancias, estamos confinados a un aislamiento físico obligatorio, que en el caso de los chicos resulta inaprensible, en el de los adultos… también… sienten la falta y la expresan.
Todos vemos en las redes, y en la escuela también, recibimos cartas, dibujos de los chicos, videos, WP, fotos, expresiones ingeniosas, creativas y amorosas de cuanto extrañan la escuela. Extrañan los chiquitos, extrañan los grandes y se expresan con sinceridad conmocionante.
Se siente también la falta de la escuela en lo referido a las clases.
Las clases virtuales, más allá del inconmensurable esfuerzo docente por responder a los requerimientos del momento, no logran adquirir el color, el calor ni la dinámica que las clases presenciales tienen.
El vínculo está mediatizado, diferido, se esfumó la posibilidad de que frente a una propuesta, la maestra pueda explicar con miles de ejemplos de qué se trata, porque la grilla horaria aprieta, porque el homeworking reclama, porque hoy en el ambiente familiar se incorporó el espacio escolar y la escuela no está en la casa, la casa es la casa, la escuela es la escuela.
Se siente la distancia, se desdibuja la emoción, se pauta la participación, se organiza la conversación y las emociones atraviesan, no respetan dispositivos ni conexiones de Internet.
La tecnología acerca, colabora, tiende puentes, trasmite y nos permite estar cerca, pero para ser, para hacer escuela, al menos hasta ahora, no hay nada mejor que el “cara a cara”.

-¿Qué es lo más complicado del confinamiento para los niños para escuela y los docentes?
-A lo largo de este mes que llevamos de aislamiento, las complicaciones variaron, las problemáticas emergieron y desafiaron nuestros niveles de reflexión y acción.
Posiblemente ensayaría tres ejes o dimensiones que se complicaron y que implican a la escuela, los docentes y los niños junto a sus familias. Las familias son un componente crucial en el entramado de una comunidad educativa, en una escuela. Hoy, más que nunca.

En primer lugar: Los vínculos sociales entre maestros, alumnos, familias modos y medios de comunicarnos. Tuvimos que profundizar las conversaciones con un objetivo claro: escucharnos, comprendernos, ser amables y colaborativos.
Para los niños la pérdida de la cotidianidad, del recreo compartido, del paseo por el patio, del momento del almuerzo, del jugar con los amigos, es complicado.
En nuestra escuela tenemos alumnos con currículum adaptados en función de sus dificultades, con trayectos educativos personalizados, integrados al programa del Instituto Bet El, para elllos la continuidad, lo cotidiano, la anticipación son estructurantes, y esta situación los moviliza, intentamos mantener vía zoom, telefónica y mail en contacto cotidiano cohen ellos también.

En segundo lugar: Las experiencias de aprendizaje, las clases.
Súbitamente debimos transformarlas, con ellas, el corazón de la escuela que es el Proyecto Pedagógico Institucional que da sentido y fue imperioso revisitar, rediseñar y focalizar nuestros objetivos pedagógicos y adecuarlos con sentido humanitario a la situación de emergencia. Las experiencias educativas migraron, se transformaron y se adaptaron a las necesidades reales, de nuestras familias y de cada familia.

En tercer lugar: La Gestión Integral organizativa de la Institución.
Nos vimos desconcertados con este dilema de presencialidad versus virtualidad, dado que son dos condiciones de trabajo y gestión cotidiana definitivamente distintos. Horarios, espacios, disponibilidad, respuesta, atención a las necesidades de las familias, todo se vio alterado.
Provisoria o duradera, cada decisión de gestión se dirime a la luz de cada día, atentos a lo que favorece el bienestar de un niño, de lo que acompaña la necesidad de una familia y lo que calma la ansiedad de un docente.
Gestionar a distancia, es por lo menos, complejo e incómodo.
Estamos acostumbrados a “caminar la escuela” pero ahora no podemos salir a ningún lado.

-¿Vuestra única preocupación ha sido que la escuela pueda seguir su programa de forma virtual, o hay también un acompañamiento más amplio que el estudio?
-La preocupación que nos desveló desde el inicio del aislamiento, era exactamente no estar aislados. No estar aislados de nuestros equipos de maestras, de nuestros alumnos, de las familias.
Lo esencial siempre fue “Estar cerca”, así definimos un creativo lema institucional. #Bet El está cerca… ¿y qué significa estar cerca?
Escuchar, empatizar, ofrecer actividades con sentido pedagógico, habilitar espacios de palabra directa, motivar a los chicos, proponer proyectos que sorprendan, incorporar a las familias en actividades como Movete Bet El de educación física, o un Kabalat Shabat compartido, hasta Instagram Live con el equipo de Orientación de la Escuela.
Bet El es una escuela de comunidad por lo esta actitud dispuesta a la cercanía, a cuidar el entramado social y humano, esta solidaridad trasciende el episodio de emergencia sanitaria, se arraiga en los valores fundacionales, simplemente que estos tiempos develan públicamente nuestras convicciones a través de las acciones.
En la escuela desarrollamos un Programa de Integral Tutorías en Inicial y Primaria que acompañan y potencian los aspectos socioemocionales de nuestros alumnos y los grupos, asimismo profundizan en el acampamiento pedagógico personalizado.
Importa mucho la emocionalidad de nuestros alumnos.
Actualmente la tutoría es un espacio importante en la grilla de Bet El online porque es fundamental para nosotros saber y habilitar la palabra de los alumnos.

-¿La escuela funcionaba igual, peor o mejor en esta situación de pandemia?
-Haciendo el ejercicio comparativo de circunstancias descubrimos que no, no funciona igual que la escuela presencial, tampoco es posible valorar en términos de mejor o peor.
Entendimos que esta es una escuela distinta, una experiencia inédita.
Cuando esto termine, porque va a terminar, tendremos la posibilidad de evaluar en profundidad el impacto académico y social, los logros, las dificultades, las transformaciones curriculares, la reorganización del tiempo, el trabajo colaborativo.
Completaremos la reflexión, cuando volvamos a encontrarnos con los alumnos y las familias cara a cara. Cuando conversemos abiertamente sobre los efectos producidos en cada uno de nosotros luego de atravesar este capítulo inesperado en nuestros libros de vidas.
Estamos en tiempos de desconcierto seguramente llegarán los tiempos de reflexión y calma para seguir pensando juntos que es ser escuela.

-¿Ahora la escuela se hace más en familia?
-El vínculo entre familias y escuela es un tema inmenso en sí mismo.
Familia y escuela es una alianza irrenunciable para educar.
La escuela es el espacio de socialización secundaria, luego de la familia y es en la escuela donde la subjetividad de los niños se forma y se transforma en el encuentro con otros, que a veces tienen escalas de valores diferentes a las de las transmitidas por la familia, es decir que las familias se confrontan a otras realidades.
Es inapropiado generalizar, pero desde hace varios años la escuela se hace más en familia, se ofrecen espacios de conversación y aprendizaje entre familias y escuelas, se habilitan espacios de evaluación compartida.
Las familias, dentro de sus posibilidades laborales, está cerca y en corresponsabilidad comprometida. Siempre existirán excepciones de familias que por alguna situación particular, no se acercan, es bueno estar cerca y ver que necesitan.
Particularmente en Bet El, las familias son parte constitutiva de nuestra comunidad educativa. Participan, acompañan, colaboran, tenemos voluntarios que sin horario pero con increíble compromiso sostienen y apoyan la tarea de la Institución.
Una particularidad es que nuestros ex alumnos traen a sus hijos a la escuela y este hilo invisible de amor, educación y tradición se transmite de generación en generación.

-¿Debemos pensar otra escuela que sea posible después del Coronavirus?
-Antes del coronavirus el pensar otra escuela ya circulaba.
Los educadores siempre pensamos en “otra” escuela, frente a cada tema, a cada catástrofe, a cada circunstancia histórica social, a veces la logramos, a veces no.
Frente a esta pregunta me resuenan las palabras de Silvia Bleichmar, psicoanalista quien decía que teníamos que terminar con la idea de presentar la escuela como un espacio para adquirir saberes y herramientas para en un futuro trabajar y sobrevivir, sino que debíamos presentar la escuela como un espacio de recuperación de los sueños, para vivir vidas dignas y humanamente significativas.
Philippe Meirieu, investigador especialista en educación, hace pocos días nos interpelaba preguntando si ya que con el tema de la pandemia, se habla tanto de solidaridad íbamos a promover una verdadera pedagogía de la cooperación, de la conciencia sobre el bien común, sobre la necesidad de cuidar a los demás.
Sí, debemos pensar otra escuela una vez que la conmoción ceda.
Tal como el poeta Homero dijo, nadie es el mismo a la vuelta de un viaje.
Pensemos entonces en cómo atravesaron nuestros alumnos el viaje, como lo hicieron nuestros maestros y definitivamente aprendamos que una escuela se hace entre todos los que deseen hacer mejor la escuela.
Una escuela flexible, abierta, humana, critica, consciente del valor que tiene educar seres sensibles, solidarios, humildes y humanos.
Eso intentamos en Bet El junto a nuestros maestros cada día, lo hacíamos antes y lo haremos después de la pandemia.

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