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Hatzad Hasheni. El problema demográfico de Hezbollah explica sus restricciones

Por Iton Gadol
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Por Prof. Hillel Frisch (BESA)*

RESUMEN: Hezbollah respondió con moderación al triple ataque de Israel durante las últimas dos semanas en Siria, Irak y en especial a un vecindario en Dahiya, la vasta área chiita en Beirut donde Hezbollah tiene su cuartel general. El esfuerzo de la organización en evitar una escalada refleja su problema demográfico dentro del Líbano.

Imagen: Pancartas de Hezbollah en las calles de Baalbek, Líbano, fotografía de Will De Freitas vía Flickr CC

Los tres progresivos ataques de Israel en las últimas dos semanas sobre Siria, Irak y sobre todo, en Dahiya, el vasto vecindario chiita en Beirut, donde Hezbollah tiene su cuartel general ambos en la superficie como bajo tierra, fueron confrontados con respuestas muy limitadas por parte de Hezbollah. Un camión de las FDI fue alcanzado por dos misiles con el obvio propósito de asesinar soldados israelíes en represalia por el asesinato de dos soldados de Hezbollah en un ataque israelí sobre Siria. Esta respuesta limitada, solo contra el personal militar israelí – envió una señal muy clara, reconocida por la parte israelí, de que Hezbollah desea evitar una escalada que pueda conducir a una guerra total.

El objetivo de los ataques israelíes era destruir equipos que hubiesen facilitado la fabricación local de misiles de precisión guiados que pudiesen apuntar las infraestructuras estratégicas claves de Israel, siendo estas las plantas de energía, bases aéreas, puertos marítimos y aeropuertos. Israel ha estado realizando este tipo de acciones en Siria durante ya casi dos años y se vio obligado a hacer lo mismo también en el Líbano.

Existen varias razones por las cuales Hezbollah contuvo sus respuestas. La más importante es, probablemente, su situación demográfica.

A pesar de la pretensión de ser un movimiento de resistencia islámico que lo abarca todo – la retórica de Hezbollah casi nunca se refiere directamente a los chiitas o al chiismo y en su lugar evoca enemigos pan-islámicos, principalmente Israel – la organización es percibida, tanto dentro como fuera del Líbano, en estrictos términos sectarios como casi exclusivamente chiita.

Su material de promoción presenta fotografías del Ayatolá Jomeini y del actual líder espiritual Ayatolá Jamenei. Este provee enlaces a sus discursos y ofrece una cobertura detallada de la represión sunita a chiitas en Bahréin y en Arabia Saudita. Este publica artículos que abogan por el gobierno de Jomeini como jurista supremo, lo que suscita antagonismo no solo entre los sunitas sino también entre un segmento considerable de chiitas en Irán, Irak y en el Líbano.

Hezbollah también ha estado en desacuerdo, a menudo violentamente, con la comunidad sunita en el Líbano, especialmente en Trípoli, donde desde el año 1984 Hezbollah se ha puesto del lado de la pequeña minoría alawita respaldada por Siria en contra de la mayoría sunita a instancias del régimen sirio. La brecha Hezbollah-sunita se amplió para incluir la supresión de las organizaciones fundamentalistas sunitas en el sur y luego las principales organizaciones políticas sunitas. Esto culminó con el asesinato del Primer Ministro sunita Rafik Hariri en el 2005.

Las relaciones son igualmente tensas con la mayoría de las comunidades cristianas y drusas, aunque Hezbollah ha logrado aliarse con el ex-general y presidente maronita Michel Aoun y sus partidarios.

Lo que significa todo esto es que el grupo de reclutamiento de Hezbollah se encuentra estrictamente limitado a la comunidad chiita en el Líbano y ahí es donde está el problema.

La comunidad chiita no solo es relativamente pequeña (entre 1 millón y 1.5 millones de personas), sino que sufre de una tasa de natalidad en rápido descenso muy similar a la de Irán, el único país extenso con una mayoría chiita.

La tasa de natalidad chiita ha disminuido de cinco a seis hijos por mujer en edad de procrear en la década de 1980 a menos de los 2.05 necesarios para mantener la población existente durante veinticinco años en adelante. Este dato tiene muchas implicaciones.

Como mucho, lo más importante para Hezbollah es que las familias pequeñas son reacias a sacrificar a la persona que con demasiada frecuencia es su único hijo en una sociedad donde la familia de dos hijos se está convirtiendo en la norma a seguir.

Vemos algo similar en los datos de los israelíes. Cada año, las FDI identifican las escuelas secundarias con los porcentajes más altos de graduados varones que se ofrecen como voluntarios para las unidades de combate. De cinco a siete de ellos son muy religiosos y se encuentran situados en Cisjordania y de siete a nueve de los diez pertenecen a la corriente religiosa nacional. El denominador común es que estos reclutas provienen de familias más grandes que aquellas que se encuentran en las escuelas seculares.

Hezbollah ha estado sacrificando chiitas durante 37 años, con solo un breve receso de cinco años cortos entre la segunda guerra del Líbano en el 2006 y el estallido de la guerra civil siria en el año 2011.

El entusiasmo por el sacrificio es difícil de mantener. Irán tiene que trabajar muy duro para lograr que los chiitas no-iraníes combatan sus batallas después de la pérdida de cientos de miles en la prolongada guerra con Irak hace ya más de treinta años. Esa es una ampliación, muchas veces mayor en proporción, de lo que 1973 fue para muchos israelíes.

Hezbollah se enfrenta a un problema similar y no es uno que la organización pueda contrarrestar fácilmente. El descenso de la natalidad es el resultado de la urbanización. La mayoría de los chiitas libaneses viven en edificios de apartamentos de varios pisos en el Dahiya y no en pequeñas aldeas y pueblos del pasado desde donde fueron transportados el día de las elecciones para que voten por Hezbollah.

En la ciudad, los chicos ya no ayudan en la granja familiar. Son consumidores, no productores. Sus padres los quieren educados y profesionales y muchos prefieren verlos en Canadá o Australia que en las guerras de Irán en Siria, Irak y en Yemen.

El Jeque Hassan Nasrallah también sabe que se necesitará una reserva de reclutas en descenso en el frente interno.

El equilibrio entre sunitas y chiitas ha crecido a favor de los primeros, ya que cientos de miles de sunitas sirios han encontrado refugio en el Líbano. Esencialmente, el régimen alauita ha exportado su problema al Líbano y más específicamente a las áreas chiitas en la frontera oriental del Líbano.

Hezbollah no solo ha pagado en sangre el apoyar al régimen sirio. Este se enfrenta a un futuro más incierto en el propio Líbano como resultado de tal apoyo. En tales circunstancias, la moderación es una respuesta razonable.

*Hillel Frisch es profesor de estudios políticos y del Medio Oriente en la Universidad Bar-Ilan y asociado investigador sénior en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat.

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