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Hatzad Hasheni: Confirmación de prejuicios y antisemitismo

Por Iton Gadol
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Por Dr. Manfred Gerstenfeld (BESA)*

RESUMEN: El antisemitismo se ha fragmentado en diversas sub-categorías en esta era posmoderna, lo que ha hecho aún más confusa y opaca su definición. Un concepto que puede arrojar nueva luz sobre el antisemitismo contemporáneo es la frase ‘confirmación de prejuicios’: la idea de que la gente a menudo es receptiva a la información, aunque esta sea dudosa y confirma sus ya existentes opiniones y conceptos.

Imagen: Ciudadanos alemanes en Magdeburgo luego del Kristallnacht, noviembre, 1938, imagen de Bundesarchiv vía Wikipedia

A veces, alguna reciente expresión arroja nueva luz sobre ideas antiguas. Un ejemplo de ello es la frase “confirmación de prejuicios”, acuñada hace solo 60 años. Esta frase significa que la gente es más receptiva a la información, incluso a información cuestionable, que confirma sus ya existentes opiniones.

Al observar el problema del antisemitismo a través de la lente de la ‘confirmación de prejuicios’, podemos comprender mejor el cómo ha persistido tan obstinadamente a lo largo de los siglos.

Los teólogos cristianos estereotiparon durante mucho tiempo a los judíos como criaturas malvadas, alegando colectivamente y de generación en generación ser responsables por la muerte de Jesús. Los clérigos confirmaban regularmente la opinión de aquellos miembros de sus congregaciones que poseían tal prejuicio. Los estudios de la Liga Anti-Difamación (ADL) muestran que muchos occidentales modernos siguen en la creencia de que los judíos son responsables por la muerte de Jesús (22% en Europa, 26% en los Estados Unidos y 22% en Argentina). Esto a pesar del hecho que el principal promotor histórico de esta noción, la Iglesia Católica, retiró la acusación en su documento Nostra Aetate, que ahora tiene ya más de 50 años de haber sido publicada.

La persistencia de este y otros conceptos antisemitas puede explicarse en parte por la confirmación de prejuicios, siendo este hoy mucho más prominente que nunca gracias a la instantánea y generalizada difusión de opiniones personales en las redes sociales.

El discurso de odio confirma el prejuicio de quienes ya lo creen. Esto puede ser visto en la proliferación de una serie de conceptos de odio anti-judío más contemporáneos que el repetido constantemente por los antisemitas modernos. Uno de estos conceptos más nuevos es que los judíos son más leales a Israel que al país del cual son ciudadanos. Este tipo de acusación casi nunca es dirigida a otras comunidades de inmigrantes que residen en sociedades democráticas europeas. Consideren, por ejemplo, a los inmigrantes turcos que viven en países occidentales, muchos de los cuales ejercen su derecho a la doble ciudadanía y la utilizan para votar a favor de las medidas anti-democráticas de Erdogan. Estos reciben poca o ninguna condena por ello. Los ciudadanos judíos de los países occidentales, por otra parte, la mayoría de los cuales no reclaman su ciudadanía israelí, son sospechosos de doble lealtad simplemente porque son judíos.

Muchos otros prejuicios antisemitas se mantienen vivos a través de la confirmación de prejuicios, particularmente en el mundo árabe. Tal como lo ha ilustrado Rafael Israel, las sangrientas calumnias centenarias y el concepto del judío como el gran envenenador, atosigan los textos árabes contemporáneos. Estos escandalosos prejuicios también a veces aparecen ataviados de nuevas formas en el mundo occidental. Por ejemplo, el mayor diario sueco, el socialista Aftonbladet, publicó un artículo escrito por Donald Boström en el 2009 en el que afirma que Israel asesina a los palestinos para extraerles los órganos. El profesor asociado en Rutgers Jasbir Puar, durante un discurso en el Instituto Universitario Vassar College en el año 2016, acusó a Israel de “extraerle órganos de los cuerpos de palestinos para sus investigaciones médicas”.

Si no hubiese una larga historia de libelos de sangre antisemitas detrás de tales acusaciones, estas tendrían muy poca importancia. Pero debido a que encajan dentro de una historia ya establecida de tales motivos antisemitas, la confirmación de prejuicios los alienta a que estos sean más fácilmente aceptados.

Nico Voigtländer y Hans-Joachim Voth afirman en un extenso artículo sobre la Alemania nazi: “Donde la escuela pudiera aprovechar los prejuicios preexistentes, el adoctrinamiento fue particularmente fuerte. Esto sugiere que la confirmación de prejuicios puede desempeñar un papel importante en intensificar las actitudes hacia las minorías”.

El peor ejemplo del impacto a la confirmación de prejuicios en el odio hacia los judíos es el concepto antisemita que ya lleva más de 1.500 años de antigüedad y dice que los judíos son la encarnación del mal absoluto. Para los cristianos, el asesinato de Jesús fue el acto más malvado imaginable y la iglesia alimentó su creencia de que los judíos fueron responsables de ello. Para los nazis, los judíos eran seres “subhumanos”, “bichos” o “bacterias” y por ende, justificaban su exterminio.

Hoy, los nazis genocidas son en sí mismos el símbolo de la absoluta maldad. En consecuencia, el antisemitismo se ha adaptado para permitir etiquetar a los judíos de nazis. Muchos ciudadanos de la Unión Europea están abiertamente dispuestos a aceptar y repetir las calumnias de que Israel tiene la intención de exterminar a los palestinos y por ende, posee en si una ideología nazi.

Los cristianos crearon la infraestructura de esta odiosa percepción al culpar a los judíos por la muerte de Jesús. Los alemanes lo intensificaron durante el Holocausto, ayudados por muchos europeos para quienes la postura nazi sobre los judíos confirmó su parcialidad cristiana. La absurda creencia que Israel quiere exterminar a los palestinos no podía haberse extendido tanto sin aprovechar la confirmación de prejuicios de aquellos que ya creen que los judíos son seres maléficos.

Otros temas relacionados pueden ser aclarados al observarlos a través del lente de la frase confirmación de prejuicios. Algunos filósofos y demás afirman, por ejemplo, que el Holocausto no fue único sino un genocidio como cualquier otro. Una vez que uno comprende el poder de la frase confirmación de prejuicios, uno ve cuán perversa es esta postura. Ningún otro genocidio se basó en un prejuicio tan profundo al que se le ha dado tanta atención y mantenido durante siglos. Los genocidios cometidos a los armenios, camboyanos y ruandeses fueron horribles, pero no fueron la culminación de un odio persistente que ha durado ya más de mil años.

Tampoco es ese el solo elemento que hace del Holocausto un evento singular. La existencia de prejuicios duraderos contra los judíos es lo que hizo posible que los alemanes los acorralen, transporten y asesinen de manera tan eficiente. Ningún otro genocidio se ha caracterizado por un intento industrial de perseguir, cazar y asesinar a todos los miembros de un grupo donde sea que residan en el mundo, con el objetivo de exterminarlos totalmente de la faz de la tierra.

El filósofo de tendencia izquierdista francés Alain Badiou escribió: “Si uno desea resolver el problema de la ilimitada guerra en el Medio Oriente, uno tiene que arribar y sé que es algo muy difícil – olvidarse del Holocausto”. Al ver esta sorprendente conclusión a través de la lente de la frase confirmación de prejuicios, uno puede ver mejor lo terrible que este es.

La existencia a la confirmación de prejuicios sugiere que se necesita mejor educación como remedio contra el antisemitismo. Por supuesto, sería útil, pero no será fácil. Los prejuicios son irracionales. Aquellos que están acostumbrados a que sus prejuicios sean confirmados en el dominio público no pueden ser fácilmente educados fuera de estos, particularmente en esta era de las redes sociales, que bombardea a los usuarios con mensajes antisemitas en la red.

Existe otro ejemplo importante de confirmación de prejuicios que muchos occidentales se niegan a reconocer. El mundo árabe y musulmán repite sin cesar las calumnias antisemitas más viles. Permitir que los musulmanes emigren a Europa sin escrutarlos por posibles tendencias antisemitas aumenta el porcentaje de antisemitas en el continente.

*El Dr. Manfred Gerstenfeld es investigador asociado sénior en el Centro BESA y ex-presidente del Comité Directivo del Centro de Asuntos Públicos en Jerusalén. Este se especializa en las relaciones Israel-Europa occidental, los temas sobre antisemitismo y anti-sionismo y es autor del libro La guerra de un millón de cortes.

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