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FACCMA ES UNA MURALLA DE CONTENCIÓN CONTRA LA PÉRDIDA DE IDENTIDAD JUDEO-SIONISTA

Por MD
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Itongadol.- Una de las instituciones centrales en la vida comunitaria judía argentina es FACCMA, cuyo fin es convocar, a través de diversas actividades que involucran desde educación, deporte, liderazgo y entretenimiento, a la población judía de todas las edades dentro de un marco comunitario inclusivo. El éxito de hoy es el fruto de años de trabajo y compromiso de sus dirigentes. David Fleischer, quien fue Presidente de la Sociedad Hebraica Argentina, fue uno de los líderes que asumieron la conducción comunitaria y velaron por mantener en pie la continuidad del pueblo judío. En diálogo con Iton Gadol, Fleischer repasa la trayectoria de FACCMA y plantea los desafíos que la comunidad deberá resolver de cara al futuro.

A continuación, los detalles de la conversación que Fleischer mantuvo con Iton Gadol:

IG- ¿Cuáles son los pilares fundamentales que hacen de FACCMA una organización central dentro de la comunidad?
DF- FACCMA fue creada sobre la primitiva estructura de la Federación Argentina Macabea (FAM) porque queríamos transmitir a través de ella la filosofía de un centro comunitario, donde el deporte sea simplemente un medio, pero que los fines sean precisamente convocar y contener a toda la familia en todos los niveles estrato-generacionales, con un mensaje judaico-sionista.

IG- ¿Qué actividades tuvieron sus orígenes en tu época de dirigente?¿Qué diferencia hay entre aquellas que recién empezaban y que hoy han crecido y se han fortalecido?
DF- En un principio, hemos sumado otros medios para convocar además del deporte. Le pusimos un énfasis muy especial a los grupos de “rikudim”, porque tienen, además de lo artístico, un sentido y un sentimiento de incorporar Israel y al judaísmo en el alma de la juventud. En los “rikudim” hemos generado el Festival Dalia, que llegó a ser la convocatoria comunitaria más numerosa de toda la historia: en el año 1985 hubo 16.500 personas, entre participantes y concurrentes. Además de estas convocatorias, también en la parte intelectual nos hemos empeñado en traer los niveles más altos posibles a la comunidad. Así es como hemos invitado al candidato al Premio Nobel de Literatura, Amos Oz, que vino y ha dado reiteradas conferencias y se conectó especialmente con los jóvenes.

También tuvimos la oportunidad de convocar al filósofo judeo-francés Robert Mizrahi, que postuló sobre judaísmo laico. Hemos generado un encuentro entre Mizrahi y más de 50 intelectuales comunitarios que ha sido novedoso en nuestra historia. A las figuras estelares que mencioné tenemos que sumar que artísticamente hemos traído en esos breves años de creación de la federación a un artista estelar de israel como era la cantante Yafa Yarkoni y el famoso clarinetista Giora Feidman. Por supuesto, años después también, hemos sumado la invitación del general Itzjak Rabin y el creador de la vacuna antipoliomelítica el Dr. Jonás Salk. Todo esto da una pauta clara de cuáles son las intenciones de una FACCMA que siempre tendía a estar en el primer nivel con la calidad de las actividades y las convocatorias.
También nos hemos preocupado por consolidar la formación de la dirigencia. Hemos organizado seminarios itinerantes en Israel, donde numerosos dirigentes de nuestras instituciones afiliadas recibían capacitaciones y asistían a conferencias en una visita turístico-formativa. Por supuesto, heredamos también la responsabilidad de fortalecer “EDITI”, que era el programa de formación de madrijim, coordinadores y profesionales dirigentes, especialmente para las áreas juveniles.

IG- ¿Cuáles son los hitos principales que tiene FACCMA y que llevó a la creación de la institución?
DF- En su momento había enfrentamiento conductivos. Al incorporarse FACCMA al liderazgo comunitario, se eliminaron esos enfrentamientos que existían en esa conducción bicéfala, en la que AMIA y DAIA competían por estar al frente de la comunidad. Nosotros llegamos a la conclusión de que había que generar una reforma estructural: propusimos la creación de la Knesset Ha Kehilá, que sería el Parlamento comunitario, del cuál tendría que surgir una única conducción. En los dos años iniciales, 1978 y 1979, quedaron sentadas las bases de una FACCMA que luego creció y se fortaleció, siempre sosteniendo los criterios de su momento de creación.
En el aspecto interno, entendemos que FACCMA es la entidad que tiene mayor capacidad de movilización y convocatoria. En ese aspecto, hemos sido fundamentales en apoyar la fundación del Plenario Permanente de Presidentes, que significó el acercamiento entre AMIA, que ocupó la presidencia, y FACCMA, en nombre de la cual fui designado como vicepresidente. El Plenario, en el poco tiempo que tuvo vigencia, generó dentro una movilización muy novedosa que ayudó al salvataje del Hospital Israelita, otorgó subsidios a las escuelas de la red, y por supuesto también a los movimientos “jalutzianos” en el contexto nacional difícil que estábamos viviendo. Era el período de la Dictadura, y había una gran penetración “trotskysta” entre la juventud. La creación de FACCMA ha sido una contención, una muralla contra la pérdida de identidad, y generó la capacidad de movilización y convocatoria precisamente para contener y fortalecer esa identidad judeo-sionista en nuestra comunidad.

Por ejemplo, en aquella oportunidad nosotros apoyamos el desarrollo y la captación de jóvenes al Plan Tapuz en Israel. Hoy por hoy, ya modernizados, están los planes de Bekeff. Es decir, las bases fueron asentadas y hoy se están proyectando con mayor crecimiento, mayor tendencia futura.

IG- ¿Hoy por hoy está cumpliendo con sus funciones? ¿Qué imagina a futuro de la institución, que resulta un garante de la vida judía para aquellos que no participan a nivel institucional?
DF- Lamentablemente, mi opinión a futuro tiene que tener en cuenta que nuestra comunidad se está reduciendo en su número de miembros, y eso se refleja en los socios de nuestras instituciones afiliadas. Por eso, creo que debemos poner el acento en contener especialmente a la franja de solteros de 18 a 32 años, que es la base esencial de la continuidad de la comunidad.

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