Itongadol/Agencia AJN.- El presidente de la DAIA, Mauro Berenstein, se refirió al presidente de Argentina, Javier Milei, y consideró que tener un jefe de Estado “pro-Israel que ayuda a la comunidad judía es positivo”, durante una entrevista con el director de la Agencia AJN, Daniel Berliner, en el marco del ciclo “Diálogos”, una entrega semanal transmitida por Dnews.
Berenstein aclaró que no su “responsabilidad hablar de economía o política nacional”, pero destacó que el gobierno “ayuda, porque se puede llamar a un ministro y que mande una brigada antiterrorismo, siempre están predispuestos a colaborar”.
– Después de dos años de guerra, ¿cómo estás viendo a la comunidad?
– Creo que es un claro-oscuro, es agridulce. Por un lado, los sobrevivientes lograron acercarse a sus familias y estar con ellos; eso nos pone muy contentos. Este cese del fuego y este comienzo de la búsqueda de la paz hace que tanto Israel como el mundo, y la Argentina también, vean un camino de esperanza, porque obviamente la guerra es muy triste y nadie quiere una guerra. Y por otro lado, obviamente hay una gran preocupación. La principal misión de la DAIA es la lucha contra el antisemitismo. Lamentablemente, desde el 7 de octubre hubo un despertar antisemita en todo el mundo. Argentina no fue la excepción, aunque claramente fue un país con menos antisemitismo que otros lugares del mundo. No obstante, hoy estamos bastante atentos y preocupados porque hubo un crecimiento. Desde 2022 hasta acá, hubo un crecimiento del 300% en las acciones antisemitas. Cuando uno medía en 2022 estábamos cerca de 360–380 manifestaciones antisemitas, de las cuales el 95% eran en redes sociales o en situaciones no físicas. Este año ya vamos por más de 700, por lo que probablemente terminemos alrededor de 1.000 manifestaciones antisemitas; de éstas, ya contamos con 15 o 20 cuestiones físicas: manifestaciones o enfrentamientos físicos.
– No obstante, se puede caminar con una kipá con tranquilidad por Buenos Aires, por Argentina.
–Sí, sin duda. Todavía se puede caminar, no es comparable con Europa. Volví la semana pasada de Europa, estuve por España e Italia, y hay un abismo de diferencia; allí la intolerancia es mayor. Creo que tiene que ver con el relato que se desarrolló en las redes. Para mí, el 7 de octubre fue el comienzo de un ataque terrorista; ese ataque luego se trasladó a las redes sociales y a la opinión pública. No fue solo un ataque con la intención de lastimar a Israel el 7 de octubre, sino que generó una onda expansiva cuyo objetivo terminó siendo transformar un relato: convertir al judío —históricamente víctima de genocidio y persecución, de la Shoá— en victimario. Hay un relato antisemita en el mundo que comienza a permear, particularmente entre ciertos grupos y minorías. Eso preocupa, por supuesto.
– En la DAIA se reúnen todos los referentes de las instituciones judías: clubes, escuelas, todo. ¿En estos encuentros se transita con tranquilidad y se aborda lo que estamos viviendo en la Argentina?
– Sí, claro. La DAIA representa a más de 120 instituciones. Tenemos tres misiones: la principal es la lucha contra el antisemitismo; además, somos los representantes políticos de la comunidad judía y somos los veedores de la seguridad de la comunidad. Justamente, este último es un punto esencial: estamos en vínculo con la policía y con los entes jurídicos, muy cerca todo el tiempo, cuidando a nuestra población. Y Dentro de la DAIA hay un departamento llamado Centro de Estudios Sociales (CES) que tiene dos funciones principales. Una es seguir las estadísticas y documentar las acciones antisemitas. Más allá de la definición, después viene todo el curso de acción: dar cursos, dar charlas, acercar al Museo del Holocausto para concientizar sobre qué fue la Shoá y qué es un acto antisemita. Estas actividades se hacen tanto dentro de la comunidad como fuera de ella. Nuestro gran desafío y trabajo más importante es no hablarle solo a la comunidad sobre estos temas: la comunidad judía no es antisemita; los antisemitas están afuera. Estamos fortaleciendo día a día un departamento con vocería y acciones. Hace poco abrimos, hace un par de años, el departamento de lucha contra el antisemitismo en el Deporte, donde nos acercamos a los clubes y damos charlas de concientización y contenido al respecto.
– Hay hechos puntuales en el deporte. Recuerdo a All Boys: no hace mucho, por la zona de Floresta, transitaban con un cajón, un hecho antisemita muy violento. El presidente estuvo en la DAIA. Hemos vivido hace pocas horas algo en Hebraica: consignas de “matar judíos” y un viaje de egresados donde de algún modo se impuso este tema. ¿Cómo lo está transitando la DAIA?
–Con mucha responsabilidad. La DAIA está preparada y cuenta con un equipo profesional de primera línea. El departamento de denuncias, o la mesa de denuncias, es la instancia a la que llega cada hecho antisemita; nosotros lo trabajamos y, según la índole de la situación, nos ocupamos de tomar el curso de acción correspondiente para concientizar. Para mí, el antisemitismo se lucha desde dos lugares: la educación y lo jurídico. Un acto antisemita es un acto de discriminación; la discriminación está penada por la ley. Si alguien comete una manifestación antisemita o un acto discriminatorio, eso es delito y debe tratarse. Tenemos un departamento de abogados que toma los casos y, cuando corresponde, se inician las acciones legales, se hacen las denuncias y se eleva a la justicia. En esos casos, cuando se trata con niños, el objetivo principal es educarlos para tener una sociedad mejor. Esos chicos deben trabajar en la educación y la concientización: por eso generamos cursos, visitas al Museo del Holocausto y contenidos. En resumen, cuando llega cualquier denuncia se la evalúa, se decide si hay que accionar legalmente o si trabajamos con el departamento de contenidos.
– Lo del viaje de egresados termina difundiéndolo un particular, ¿qué pasa cuando un hecho lo viraliza un particular y la DAIA ya lo tenía en carpeta?
–Nosotros somos la institución central que lucha contra el antisemitismo; agradecemos a cualquier particular que aporte información, pero difundir no es la misma acción que tomar medidas. La difusión responsable puede ayudar, pero no siempre. Nuestra función principal no es la difusión, sino el tratamiento, la capacitación y la generación de cursos. Cuando explotan las redes, casi el 100 por ciento de los casos llegan a la DAIA, porque la comunidad sabe que la DAIA es la institución central que toma acciones para luchar contra el antisemitismo. Después, puede haber particulares que busquen visibilidad en redes; estamos agradecidos si transmiten un mensaje, pero el antisemitismo se combate con acciones.
– Cuando se difunde masivamente un hecho, ¿se genera una vidriera que a veces puede generar más antisemitismo?
– En un país libre es difícil administrarlo. Nuestra misión es accionar. Muchas veces esta viralización termina ayudando a generar acciones más contundentes a nivel nacional y a veces hay que entender que esto es una doble vara. A veces puede ayudar y a veces no. Cuando publicamos una situación antisemita, tristemente aparecen haters que amplifican esos mensajes. Entonces, hay que ser muy cuidadoso y profesional. Hay que entender que la misión es luchar contra el antisemitismo; la DAIA está para eso.
– En la historia de la DAIA, se destacada que es la que lleva la relación con los gobiernos. ¿Cómo está la relación con los gobiernos?
– Este año la DAIA cumple 90 años; se creó el 5 de octubre de 1935. Nació como un grupo de judíos que, viendo las manifestaciones antisemitas en Europa, decidieron juntarse en Argentina para recibir a quienes escapaban de Europa y darles contención. Hoy hay un paralelismo: se están generando muchas acciones antisemitas y nuestra función, igual que en 1935, es contener y no permitir que esos relatos permeen la sociedad.
Respecto a la postura con el gobierno actual, la DAIA es una institución apartidaria. Inevitablemente debemos mantener un buen vínculo con el gobierno, porque una de nuestras misiones es ser los veedores de la seguridad. La seguridad depende del Estado nacional o provincial: un buen vínculo permite, por ejemplo, que haya policía en la puerta de una institución cuando la necesitamos, que nos den sustento para una investigación o que un juzgado atienda un caso antisemita con la debida rapidez. Eso está funcionando. Eso hace que la comunidad se sienta segura; la vida judía nunca puede parar.
– Asumiste en 2024. Ya había pasado un año del inicio de la guerra. No es usual que un dirigente tan joven asuma; sos el presidente más joven en la historia de la DAIA. Entre lo que imaginaste y lo que estás viviendo ¿Cómo lo llevás?
– Se lleva con un equipo grande: tenemos 32 miembros en la comisión directiva, más representantes en el interior del país: definimos una DAIA federal. Además, contamos con un equipo profesional que nos da contención. Es un trabajo de equipo; los lobos solitarios se quedan cortos frente a la lucha contra el antisemitismo. Tristemente este año el antisemitismo creció: interanualmente hubo un aumento de alrededor del 30%. El antisemitismo caló fuerte en la sociedad. Argentina no es un país antisemita, pero han surgido actitudes en ciertas personas —creo que por ignorancia más que por odio— que levantan banderas antisemitas sin entender demasiado. Por ejemplo, una persona tenía una remera con un slogan como “salven Gaza”, que era provocador en un club. Nosotros lo vivimos como una provocación; nos acercamos, le pedimos que se retirara y esa persona mandó un audio pidiendo disculpas: “Es una remera que tengo”. Al final dijo: “Además tengo un amigo judío.” Cuando escuché eso, dije “chau”. Esa respuesta revela que hay algo profundo en el antisemitismo. Por eso la educación es la clave. Tener un amigo judío no exonera a alguien del prejuicio. La educación debe ser la herramienta para que estas cosas no existan.
– ¿Qué opinás del presidente Javier Milei, que abraza el judaísmo y tiene un compromiso con el Estado de Israel?
–Estoy agradecido. Desde la DAIA valoramos tener un presidente pro-Israel que ayuda a la comunidad judía, es positivo. No es mi responsabilidad hablar de economía o política nacional ni de factores que no tienen que ver con nuestra misión. Seguro alguno cuestionará mi pensamiento. Cuando digo ayuda, me refiero a que se puede llamar a un ministro y que mande una brigada antiterrorismo, o a cualquier ente, que está predispuesto a colaborar. Finalmente, eso protege a la comunidad argentina. Si importa si son judíos, protegen sin diferenciar el credo.
– Hablaste antes de la remera, ¿qué pasa con la bandera palestina en las canchas?
– Hoy en el mundo digital los simbolismos adquieren otra dimensión. La bandera palestina, para muchos, se ha convertido en provocación porque detrás de ella se repiten consignas como “del río al mar”. ¿Qué significa “del río al mar”? Para quienes lo entienden, significa la desaparición de un Estado. Es la muerte de 11 millones de personas. La desaparición de Israel. ¿Te imaginás a alguien levantando una bandera que diga “del Atlántico al Pacífico” y que Argentina desaparezca? El problema no es la bandera en sí, sino lo que simboliza.
– ¿Qué acciones concretas hacen en universidades?
– Este año abrimos una secretaría que lideran Marina Dectiar y Gustavo Sakkal; damos charlas a decanos de universidades nacionales, municipales y privadas para concientizar. Hay facultades más afines y otras menos; trabajamos para explicar que los símbolos importan y que, si representan el exterminio de un pueblo, hay que actuar.
– ¿Cómo es la relación con la AMIA?
– Bien. La verdad es que cada institución tiene su misión. Estamos en el mismo edificio. La DAIA es la representación política de la comunidad; la AMIA es la mutual principal argentina: ellos tienen que ver con cementerios, educación, acción social. El vínculo es muy bueno; a veces trabajamos en conjunto y otras no, según la necesidad.

