Inicio AVANCES Israel. Los biofiltros del KKL purifican el agua de escorrentía superficial para su reutilización

Israel. Los biofiltros del KKL purifican el agua de escorrentía superficial para su reutilización

Por M S
0 Comentario

Itongadol.- Las instalaciones de biofiltro construidas por el KKL en Ramla y Bat Yam en 2015 demostraron su eficacia a los pocos meses de inaugurarse, con las primeras tormentas. Las mismas fueron diseñadas para permitir el acopio del agua de escorrentía, purificada a través de métodos físicos y biológicos amigables con el medio ambiente y posteriormente canalizada a los acuíferos como agua limpia. Estos biofiltros se incorporaron en 2015 a otro anterior que ya operaba con éxito en Kfar Saba.

Antes de la instalación del novedoso proyecto del biofiltro se desperdiciaban en Israel, por año, doscientos millones de metros cúbicos de agua de lluvia que fluían hacia la costa, contaminando las playas, el mar y la vida marina. El biofiltro se diseñó para permitir que el agua de lluvia sea reutilizada, para evitar la contaminación e impedir que los niveles del agua subterránea sigan descendiendo.

La tecnología fue desarrollada en Australia y el KKL promovió su uso en Israel con el apoyo de los Amigos del KKL en Australia. Las instalaciones en Ramla y Bat Yam fueron creadas con la ayuda de Donantes a la Alcancía Azul y miembros de Club de Oro del KKL en Australia.

«Cuando el agua de lluvia fluye por las calles de la ciudad recoge diversas sustancias tóxicas», explicó en su momento Haim Messing, director de la Región Central del KKL. «Esta agua se desperdicia y contamina los ríos, las napas subterráneas y el mar».

Los sistemas de monitoreo instalados en los tres biofiltros mostró que la tecnología operaba extremadamente bien: el agua de escorrentía contaminada ingresa a la instalación y la abandona purificada casi al punto de ser apta para consumo. Ese agua luego es inyectadas en las napas subterráneas o usada para riego de jardines y cultivos de todo tipo.

El tratamiento con el biofiltro elimina el 99.99% de los contaminantes y no es necesario ser científico para notar la diferencia, basta con una mirada a las jarras de agua recogida en Ramla y Bat Yam durante las tormentas: el agua recogida antes de su ingreso al sistema es turbia y amarillenta, mientras que el agua tratada es limpia y clara.

Haim Messing explicó cómo funciona esta tecnología.

La instalación del biofiltro contiene varias capas de arena y vegetación. La capa superior se cubre con plantas especiales que ayudan a purificar el agua; las capas inferiores, que no están aireadas, proveen el hábitat para una colonia de bacterias que prosperan en un medio pobre en oxígeno y sienten un gran apetito por los contaminantes. Dichas bacterias alientan procesos que purifican el agua.

Este sistema integrado elimina eficientemente diversos contaminantes, incluidas partículas de metales pesados, sustancias orgánicas y aceites. El agua tratada es inyectada a las napas subterráneas por medio de pozos cavados en su proximidad.

Cada biofiltro tiene una capacidad de aproximadamente 100 metros cúbicos y en el transcurso de un año se puede llegar a miles de metros cúbicos, dependiendo de la cantidad de precipitaciones.

¿Qué sucede en verano, cuando no llueve en Israel?

En la estación seca se puede bombear agua de pozos contaminados, purificarla y, una vez limpia, devolverla al mismo pozo o verterla en la napa subterránea. Este procedimiento se describió como diálisis del acuífero.

El agua y las plantas en el biofiltro ayudan a reducir las temperaturas en verano, lo que otorga una gran ventaja en un país caluroso y seco como Israel.

«Además de utilizar el agua de lluvia y proteger los recursos hídricos y las playas de la contaminación, los biofiltros en Ramla y Bat Yam implican otra contribución importante. En el pasado, cuando llovía mucho podían anegarse las calles y aun las casas en algunos barrios viejos. Pero desde la instalación de los biofiltros la situación mejoró mucho, porque una gran proporción del agua de escorrentía superficial fluyó a los biofiltros y de esa manera el sistema municipal de drenaje sufrió menos presión», añadió Messing.

El biofiltro de Kfar Saba fue instalado en estrecha proximidad con un nuevo barrio residencial para formar parte integral del plan para esa zona. No obstante, los proyectos en Ramla y Bat Yam mostraron que los barrios antiguos también se beneficiaron en gran medida con la iniciativa.

Los visitantes al biofiltro que esperaban encontrarse con una planta de purificación de pobre aspecto se sintieron gratamente sorprendidos, porque la instalación consiste en una planta con atractiva piscinas rodeadas por senderos peatonales y sendas para ciclistas. «Es un beneficio adicional del proyecto del biofiltro: genera jardines verdes y atractivos de los que pueden disfrutar los vecinos de la zona», agregó Messing.

Ciertamente, la visita a las instalaciones revela oasis verdes y gratos dentro de la ciudad y junto a sus calles principales. En Bat Yam se construyó un agradable paseo a lo largo del biofiltro, que ofrece una franja de césped entre los senderos peatonales y las sendas para ciclistas.

El biofiltro de Ramla está situado en la entrada a la ciudad, junto a la autopista interurbana. El paseo, los asientos y el bien cuidado jardín que rodea la instalación contribuyen a embellecer el acceso a la ciudad.

Los nuevos biofiltros fueron construidos con la cooperación de la comunidad y fueron cálidamente recibidos por los residentes locales, que rápidamente comprobaron las numerosas ventajas que el proyecto ofrecía.

El trabajo se llevó a cabo gracias a los auspicios de un centro de investigación de ciudades sensibles al agua en Israel, creado de manera conjunta por el KKL en Israel, el KKL en Australia y cuatro instituciones académicas: el Technion en Haifa, la Universidad Hebrea de Jerusalem, la Universidad Ben Gurión en el Néguev (Beer Sheva) y la Universidad Monash de Melbourne, Australia.

La planificación de ciudades sensibles al agua se basa en el uso óptimo de recursos hídricos limitados en un mundo acosado por la incertidumbre a raíz del cambio climático y las necesidades cambiantes de la humanidad. Las ciudades sensibles al agua se caracterizan por el uso de soluciones sustentables, tecnologías apropiadas y actividades destinadas a incrementar la conciencia pública.

También te puede interesar

Este sitio utiliza cookies para mejorar la experiencia de usuario. Aceptar Ver más

WhatsApp chat