Escrito por Rabino Moisés Waisberg de un Shiur del Rab Farkash
El Shabat que define tu año entero
El Tzemaj Tzedek enseña que como uno se para en Shabat Bereishit, así va todo el año.
En Shabat Bereishit se comienza de nuevo la lectura de la Torá. Es sabido que la Torá posee una profundidad insondable. El Arizal habla de 600.000 caras en la Torá, en
conexión con las 600.000 almas judías, porque cada judío tiene su porción particular en la Torá, como decimos: “y danos nuestra porción en Tu Torá”.
La Parashá de Bereishit contiene mensajes muy potentes para nuestra vida y, si uno se profundiza en esta Parashá, puede tomar de ella energía, fuerza y jizuk para todo el año.
La creación del mundo es el gran tema de la Parashá. Y el primer Rashi ya pregunta: ¿qué necesidad hay de que la Torá, que es un libro de enseñanzas, leyes y ética, comience
precisamente con la creación del mundo?
Ahora no vamos a mencionar la respuesta de Rashi. Pero sí podemos decir que la creación del mundo es el fundamento mismo de la emuná: Hashem creó todo desde la nada, y todo existe únicamente porque Hashem lo llama a existir.
El mundo no existía. Era nada absoluta. Y la creación es algo desde la nada.
Precisamente eso nos lleva a entender la enseñanza del Baal Shem Tov de que la creación es constante.
Porque si el mundo tuviera una existencia propia, no necesitaría ser creado constantemente desde la nada. El hecho de que en cada instante tenga que ser creado nuevamente se debe a que su estado propio es la nulidad absoluta.
Jasidut da el ejemplo de una piedra que es arrojada hacia arriba.
La piedra vuela únicamente mientras la fuerza de la persona permanece en ella. Porque lo mineral, por naturaleza, no puede volar. El hecho de que esté volando hacia arriba es contrario a su condición natural. Cuando la fuerza que la impulsa se extingue, la piedra
vuelve inmediatamente a su estado natural.
Es decir: incluso mientras vuela, no se convirtió en una piedra voladora. Sigue siendo una piedra, solo que hay una fuerza que en ese momento la impulsa.
Asimismo ocurre con toda la creación.
El mundo fue creado desde la nada, pero por sí mismo continúa siendo nada. Hashem, en cada instante, tiene que recrearlo nuevamente.
Y si un judío tiene eso claro, ya no hay lugar para las preocupaciones. Porque la preocupación es, en esencia, lo contrario de la emuná y el bitajón.
La letra que falta en la preocupación
La palabra preocupación, deagá, contiene la dalet, la guímel, la alef y la hei. Pero no contiene la beit.
Porque cuando está la Beit —la primera letra de la Torá—, cuando existe conciencia de Bereishit, todo cambia.
La Alef puede representar Or, luz, pero también comienza la palabra Arur, maldito. La Beit, en cambio, comienza Berajá, bendición.
Cuando hay preocupación, falta la Beit. Falta la berajá.
¿Y cuál es la cura?
El Bitajón.
Esa es la Beit.
Cuando el judío tiene conciencia de la Beit, del Bitajón de Bereishit, de que Hashem está creando todo en cada instante, entonces puede recibir las bendiciones divinas de manera revelada.
Ahora bien, emuná comienza con Alef.
Y surge una pregunta: ¿acaso faltan palabras positivas que comiencen con Alef? Or, luz. Emuná, fe. Y seguramente también existen palabras negativas que comienzan con Beit.
Entonces, ¿qué significa realmente esta diferencia?
De la Alef a la Beit
El punto es que la Alef representa la luz, el Or.
Es donde existe una luz infinita que viene desde lo Alto. Pero muchas veces, cuando hay tanta luz, el receptor no logra contenerla ni apreciarla, y aquello que en esencia es luz
puede aparentar ser lo contrario.
La Alef es luz pura, pero puede ser una luz demasiado intensa para que el receptor pueda recibirla.
Como el ciego, que es llamado en el Talmud Sagui Nehor, “de mucha luz”. Hay tanta luz, tanta capacidad, que no puede ser contenida de la manera necesaria para que el ojo pueda ver con ella.
Para eso se necesita la Beit. Beit es también Bait, casa.
El recipiente que permite que esa luz entre, se asiente, pueda ser recibida y se transforme en Berajá.
Entonces, la Alef es la luz pura: todo lo que viene desde lo Alto es bueno, aunque nosotros no siempre podamos percibirlo ni apreciarlo.
Esa es la emuná.
La Beit es el bitajón: que ese bien Divino, eterno e infinito, pueda manifestarse de forma revelada, de manera que nosotros podamos reconocerlo y apreciarlo como bien.
Y en mérito de confiar en ese bien revelado, de tener verdadero bitajón, eso mismo provoca la transformación de la oscuridad en luz, y que el bien se revele de una manera palpable.
Hay una frase muy potente que decimos en Neilá y también en las Hoshanot: “Shaarei Shamaim petaj, veOtzarjá haTov lanu tiftaj”.
La coma debe colocarse después de lanu:
“Tus tesoros que son buenos para nosotros, ábrelos”.
Es decir: que sean buenos para nosotros. Que podamos experimentarlos como bien, de manera revelada.
Ese es todo el punto de la Beit: que podamos apreciar el bien Divino también dentro de nuestros términos humanos.
Vivir con Bereishit
Cuando un judío tiene presente que, en cada momento y en cada instante, Hashem está creando todo nuevamente desde la nada; cuando confía en Él y sabe que Él nos ama,
entonces puede estar seguro de que habrá bien, y bien revelado.
El Baal Shem Tov enseñó que el regalo más grande que Hashem puede darle a una persona es el bitajón, y que uno de los castigos más grandes es quitarle ese bitajón.
Por eso está explicado que el castigo de la serpiente fue, aparentemente, darle todo. Su alimento es el polvo, y el polvo se encuentra en todas partes. Nunca le falta comida. Pero precisamente ese fue su castigo.
Hashem le dijo algo así: “Déjame en paz. No dependas de Mí”. Nosotros, en cambio, somos Sus hijos.
El pueblo judío debe vivir dependiendo de Él, confiando en Él, teniendo bitajón.
Tenemos que pensar positivo. No permitir que la mala inclinación nos perturbe, sino saber que Hashem está creando todo en cada instante y que lo hace con amor incondicional.
Quizás esa sea una de las grandes enseñanzas con las que debemos entrar en este nuevo año: vivir con la Beit de Bereishit; saber que cada instante está Hashem recreándolo todo.
Tener emuná en que todo lo que viene de Él es bueno.
Y tener bitajón en que ese bien también se revelará como bien, de una manera que podamos verlo, sentirlo y agradecerlo.
Sea la Voluntad del Altísimo que este año nuestro camino desde las Fiestas, el “VeIaacov halaj ledarkó”, nos lleve directamente por el camino hacia la Redención Verdadera y completa, con nuestro justo Mashiaj. Amén. Ken Yehí Ratzón.

