Itongadol/Agencia AJN.- La exrehén israelí Mia Schem confirmó en una entrevista que sus captores, terroristas palestinos de Hamás, la llevaron «en ambulancia a un hospital» de la Organización de las Naciones Unidas en la Franja de Gaza para refugiarse allí, dado «que está prohibido bombardear» ese tipo de lugares.
«Las dos semanas previas a que me bajaran a los túneles fueron dos semanas locas. Todo había sido bombardeado. Los niños y la familia se fueron a esconder a hospitales y escuelas, y el secuestrador y yo nos quedamos ahí hasta que pareció que la casa se nos iba a venir encima. El secuestrador me dijo: ‘Vestite rápido, rápido, rápido’, y me dio el hiyab. Me sacó de la casa y una ambulancia esperaba allí. Dos terroristas de la Nukhba (la fuerza de élite de Hamás) adelante, el secuestrador y yo detrás, como en una jaula», relató.
«Recuerdo que quería hacer pis, me dolía la mano (herida) y fuimos a un hospital de la ONU, que está prohibido bombardear, así que todos los gazatíes se escondían allí. Había una multitud descontrolada. No había dónde meternos, así que el secuestrador y yo nos quedamos en la ambulancia durante casi ocho horas», prosiguió Schem.
«Él se me acercaba y yo me alejaba. Entonces recuerdo haberle preguntado por Elia (Toledano), mi mejor amigo. Me dijo: ‘Elia está muerto’ y me puse a llorar. Le dije: ‘¿Qué me estás diciendo?’. ‘No, no, no, no. Quizá sí, quizá no.’ Estaba intentando quebrarme…», continuó.
«Llegamos al hospital a plena luz del día y salimos en la oscuridad. Nos llevaron a una casa abandonada. Allí había dos habitaciones vacías. Entré directamente a una de las habitaciones, me senté sobre el colchón, esperando que él se fuera… y entrara a la otra habitación. Tomó el colchón y entró en la habitación donde yo estaba sentada. Nunca olvidaré que en ese departamento había un reloj que estaba todo el tiempo ‘tic tac, tic tac, tic tac, tic tac, tic tac’, y todo estaba en silencio. Y yo (pensaba) para mí: ‘hay acuerdo, no hay acuerdo’. No tenía ni idea de que se estaba gestando un acuerdo», narró la exrehén israelí.
«No podía dormir con un terrorista acostado a mi lado en la misma habitación. Algo dentro de mí presentía que algo iba a pasar porque habían sido dos semanas locas, como si fueran a cerrarse», añadió.

