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The Jerusalem Post | Opinión: 50º aniversario de la resolución ‘‘Sionismo es racismo’’

Por M S
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Itongadol.- (Gil Troy* – The Jerusalem Post) En cuatro meses, podría pasar desapercibido una fecha aleccionadora: el 50º aniversario de la Resolución 3379 de la Asamblea General de la ONU, que condenaba al sionismo como una forma de racismo.

A menos que empiecen a planificar desde ahora, Estados Unidos, Israel y el pueblo judío parecen destinados a desperdiciar esta oportunidad educativa e ideológica.

Las organizaciones judías y las instituciones educativas, junto con el gobierno israelí, deberían usar el 10 de noviembre de 2025 para transmitir tres mensajes importantes:

1: Hace cincuenta años, el mundo occidental -de izquierda a derecha, negros y blancos- se unió para condenar esta resolución antisionista como antisemita, no ‘‘solo’’ como antiisraelí. La mayoría entendía la centralidad de Israel en la identidad judía moderna. Reconocieron el odio antijudío al señalar únicamente una forma de nacionalismo -el nacionalismo judío- en ese foro repleto de nacionalismos.

2: Aunque la ONU revocó esta resolución en 1991, esta calumnia igualmente entró en el torrente sanguíneo internacional. En la actualidad, demasiadas personas creen que ‘‘el sionismo es racismo’’, que ‘‘Israel es un Estado apartheid, colonialista y opresor’’ y ahora, que Israel está cometiendo un genocidio en su legítima guerra de autodefensa contra Hamás. La Resolución 3376, que creó el Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino -también aprobada en 1975- sigue causando daño. Al establecer una infraestructura institucional permanente para el odio antiisraelí, se convirtió a Israel en la nación más odiada del mundo.

3: Al normalizar esta mentira verde-roja entre sectores islamistas y progresistas, ahora se volvió común atacar no solo lo que hace Israel, sino lo que es Israel. Lo que el embajador israelí ante la ONU, Jaim Herzog, le dijo al embajador estadounidense Daniel Patrick Moynihan en aquel entonces sigue siendo cierto: ‘‘El núcleo real del conflicto es la negación por parte de los árabes de la soberanía de Israel y su derecho a existir’’. Afortunadamente, hoy eso aplica a ‘‘la mayoría’’ de los árabes, no a todos. Lo que Moynihan temía entonces también se cumplió: cada vez que estalla la violencia en Medio Oriente, ‘‘aunque Israel no sea responsable, seguramente será culpado: abiertamente por algunos, en privado por la mayoría’’. Con el tiempo, ‘‘se lamentará la existencia de Israel’’. 

Las fuerzas que moldean el antisionismo

Otro enfoque para este aniversario es examinar los orígenes de la resolución ‘‘sionismo es racismo’’ para exponer las fuerzas que en la actualidad moldean el antisionismo. Moynihan no se centró en ‘‘los acusados… sino en los acusadores’’. Las resoluciones antiisraelíes ‘‘obscenas’’, opinó, ‘‘apestaban a mentalidad totalitaria, apestaban a Estado totalitario’’.

Es extraordinario que los llamados ‘‘progresistas’’ celebren a dictadores, terroristas y violadores sexistas, racistas y homofóbicos -en Irán, en Hezbollah, entre los palestinos- siempre que se opongan a Israel. Moynihan denunció esta ‘‘política del resentimiento’’ y la ‘‘economía de la envidia’’. Al entender el antisionismo como un ataque a Estados Unidos, la democracia y la decencia, proclamó: ‘‘Si uno define el mundo como ricos y pobres, somos culpables; si uno lo define como liberales e iliberales, ellos son los culpables’’.

Además, dominar los argumentos de entonces ayudará a afilar nuestros argumentos actuales a favor de Israel. Hay mucho margen para debatir la estrategia de Israel en Gaza, como ocurre con las acciones de cualquier país. Pero Moynihan y Herzog pronunciaron discursos magníficos refutando los amplios ataques que negaban los vínculos autóctonos de los judíos con la Tierra Prometida, cuestionaban el derecho de Israel a existir y lo acusaban de los grandes crímenes del Occidente, incluyendo el colonialismo y el racismo. Ambos explicaron qué es y qué no es Israel, y qué significan realmente esas calumnias.

También, ver a los muchos amigos que apoyaron a Israel en aquel entonces podría ayudar a revivir alianzas importantes hoy. Es una oportunidad para celebrar el continuo apoyo bipartidista de Estados Unidos a Israel: en 1975, un presidente republicano, Gerald Ford, y su embajador demócrata ante la ONU, Daniel Moynihan, lideraron la oposición estadounidense a esa mentira, así como a la propia ONU, cuya reputación en Estados Unidos nunca se recuperó. Las democracias occidentales se opusieron a la resolución, y, como señalé en mi reciente columna sobre el ‘‘zio-turismo’’, debido a que México votó a favor, los turistas votaron en contra y cancelaron sus viajes navideños a ese país.

Los afroamericanos especialmente rechazaron el secuestro de su movimiento. Aplicar incorrectamente la palabra ‘‘racismo’’ al conflicto nacional entre judíos y palestinos minó el consenso que rechaza el odio de la base biológica como especialmente atroz. El líder de derechos civiles Vernon Jordan escribió que ‘‘los negros, que reconocemos las palabras codificadas porque fuimos víctimas de ellas… podemos detectar fácilmente que ‘sionismo’, en este contexto, es una palabra clave para antisemitismo’’. Bayard Rustin, uno de los organizadores de la Marcha sobre Washington de 1963, citó la advertencia de su difunto amigo Martin Luther King Jr.: ‘‘Cuando la gente critica a los sionistas, quiere decir judíos, estás hablando de antisemitismo’’.

A Moynihan lo preocupaba que ‘‘el daño que ahora hacemos a la idea y al lenguaje de los derechos humanos podría ser irreversible’’. Cuando ‘‘destruimos las palabras que nos legaron siglos pasados, no tendremos palabras para reemplazarlas, porque la filosofía actual no tiene tales palabras’’. 

Cómo conmemorar este aniversario

Finalmente, enfoquémonos en lo positivo. Usemos este triste aniversario para celebrar lo que es el sionismo -y lo que logró- como un movimiento modelo de nacionalismo liberal-democrático que fomenta identidad, comunidad y sentido. Como explicó Jaim Herzog -padre del actual presidente de Israel, Isaac Herzog-: ‘‘El sionismo es nada más -y nada menos- que el sentido del pueblo judío de su origen y destino en la tierra, eternamente vinculado con su nombre. También es el instrumento mediante el cual la nación judía busca su realización auténtica’’.

En los próximos meses, educadores, diplomáticos israelíes y activistas pro-Israel deberían estudiar los dos discursos, los múltiples argumentos y (con la debida modestia) mi libro Moynihan’s Moment: America’s Fight against Zionism as Racism (El momento de Moynihan: la lucha de Estados Unidos contra el sionismo como racismo). Hay que empezar a producir videos adaptados a internet, kits educativos, planes de estudio, folletos y hojas informativas con la mira puesta en el 10 de noviembre.

Planifiquemos conmemoraciones en la Residencia Presidencial de Israel, en la ONU y en todo el mundo. Expliquemos qué es el sionismo -y qué no es- mientras desafiamos a la ONU a volver a ser lo que alguna vez fue, su mejor versión, y dejar de liderar a los que tienen como primer reflejo atacar a Israel. Esos detractores hicieron del antisemitismo antisionista y del antisionismo judeofóbico dos de los pasatiempos políticos más populares de Occidente en la actualidad, distorsionando la verdad y corrompiendo ideologías, tanto de izquierda como de derecha.

*El autor del artículo es un activista sionista y un destacado historiador especializado en la historia de América del Norte en la Universidad McGill.

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