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Opinión | Por qué Irán no titubeó frente al poder de Estados Unidos

Por M S
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Después de sobrevivir a la Guerra de los 12 Días en junio de 2025, los ayatolás cometieron el costoso error de creer que su régimen estaba seguro frente a las últimas amenazas de Trump.

Itongadol/Agencia AJN.- (Por Jacob Stoil* — The Times of Israel) Durante el mes previo a la guerra, la perspectiva desde Teherán debía parecer aterradora: decenas de aviones de combate y buques de EE. UU. e Israel se encontraban en la región, todos apuntando hacia Irán. El presidente estadounidense había advertido que los ataques comenzarían si la República Islámica no aceptaba un acuerdo a su medida, y aun así, Irán no titubeó. Aunque pueda parecer un cálculo irracional o producto de un fanatismo religioso, existía una lógica estratégica detrás de su decisión.

Durante décadas, uno de los mayores temores del gobierno iraní había sido la posibilidad de una guerra directa con EE. UU. o Israel. Su experiencia previa en conflictos, aunque exitosa, había sido costosa: la Guerra Irán-Irak de los años 80 mostró que no podían impedir que misiles o aviones enemigos penetraran su espacio aéreo, y que no podían asumir las cientos de miles de víctimas y los daños a las ciudades que un conflicto en su propio territorio implicaría.

El éxito rápido de la invasión de Irak por parte EE. UU. y sus aliados en 2003 reforzó aún más ese temor. Para prevenir la guerra que más temían, Irán desarrolló tres estrategias:

-Defensa adelantada: usar proxies para combatir lejos de sus fronteras.

-Defensa en mosaico: crear defensas capaces de resistir un primer ataque aéreo y hacer que cualquier intento de cambio de régimen resultara costoso.

-Disuasión mediante misiles y proxies: mantener en riesgo a la población civil israelí, al personal militar estadounidense y gran parte del suministro mundial de petróleo.

El 13 de junio de 2025, estas estrategias fracasaron: los ataques israelíes destruyeron objetivos clave dentro del país, y las defensas iraníes demostraron ser casi inútiles. Aun habiendo lanzado más de 500 misiles y 1.100 drones contra Israel, el país permaneció firme. Luego, EE. UU. se unió al conflicto.

A pesar de lo peor, el régimen sobrevivió. Para Irán, esto confirmó que parte de su disuasión había funcionado. Frente a esta situación, el liderazgo iraní pudo interpretar los hechos de dos maneras: que su supervivencia se debía a la “misericordia” de EE. UU., o que, aunque dolorosa, su estrategia había tenido éxito. Parece que eligieron la segunda.

Observando el destino de sus proxies y aliados —con la notable excepción del régimen de Assad en Siria— Irán vio que era posible soportar golpes significativos. Hamás, Hezbollah y los Hutíes fueron derrotados o dañados por Israel y EE. UU., pero siguen existiendo y pueden reconstruirse. El régimen concluyó que podría sobrevivir otra guerra como la de los 12 Días.

El temor de Irán no era un ataque aéreo limitado, incluso devastador, sino un intento de cambio de régimen, que habría requerido un esfuerzo prolongado, más amplio y con una lista de objetivos mucho mayor. Mientras tanto, la República Islámica podía aumentar el costo para EE. UU. e Israel atacando tropas, comercio internacional, civiles israelíes y posiblemente el suministro global de petróleo.

Teherán tenía motivos para creer que, a pesar de la retórica, Washington y Jerusalem no buscarían un cambio de régimen. Su amenaza de represalia ya había debilitado el apoyo de algunos aliados de EE. UU., como Emiratos Árabes Unidos. Además, múltiples informes indicaban que Israel y EE. UU. contaban con menos interceptores para proteger bases y civiles, lo que habría aumentado el costo del conflicto.

Finalmente, la experiencia previa y las declaraciones estadounidenses sobre estrategia global reforzaron esta percepción: EE. UU. había evitado operaciones mayores durante la Guerra de los 12 Días y había dejado claro que “los días en que Medio Oriente dominaba la política exterior estadounidense… afortunadamente terminaron”. Para Irán, intentar un cambio de régimen habría llevado de nuevo a EE. UU. a un foco indeseado en la región.

Esta combinación de factores —la evaluación de la política estadounidense, la capacidad de imponer costos y la confianza en sobrevivir a un conflicto de corta duración— llevó a Irán a mantener una postura inflexible, que a su vez precipitó la guerra en Irán y en Medio Oriente.

*El Dr. Jacob Stoil es profesor de investigación sobre seguridad en Medio Oriente en el Instituto de Estudios Estratégicos del Ejército de EE. UU., asesor en política y estrategia regional, y especialista en historia militar aplicada.

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