Entre la disfunción interna y la geopolítica de Medio Oriente, ¿podría la República Islámica utilizar a Israel para unir al país?
Itongadol/Agencia AJN.- Desde el fin de la Guerra de los 12 Días entre Israel e Irán, en junio, el liderazgo de la República Islámica transmitió en múltiples ocasiones el mensaje de que el alto el fuego con Israel no es más que una breve pausa, que se reanudará más adelante.
El líder supremo, ayatolá Ali Khamenei, marcó el tono a mediados de julio, advirtiendo que Irán seguía plenamente preparado para un nuevo enfrentamiento y que podría golpear a Israel “aún más duro” que durante la Guerra de los 12 Días si se reanudaban las hostilidades.
Su mensaje fue reforzado por el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, quien afirmó que cualquier nuevo ataque israelí o estadounidense desencadenaría una respuesta iraní “más decisiva”. Una respuesta, subrayó Araghchi, que sería imposible de encubrir o minimizar.
La cúpula militar y política iraní pronto endureció el mensaje. En agosto, Mohammad Reza Aref, primer vicepresidente de Irán, describió la situación posguerra no como un alto el fuego significativo, sino simplemente como una “cesación de hostilidades”, señalando que una nueva guerra con Israel podría estallar “en cualquier momento”.
A su vez, altos oficiales del ejército repitieron la misma postura, insistiendo en que la calma actual es temporal y pidiendo a Irán adoptar una postura más ofensiva ante la expectativa de nuevos combates. Quizás la voz más estridente fue la del general de división Yahya Rahim Safavi, influyente asesor militar de Khamenei, quien declaró repetidamente que Irán “no está en un alto el fuego, sino en una etapa de guerra”.
Safavi predijo que otro enfrentamiento con Israel era probable y aseguró que la República Islámica debía preparar debidamente sus capacidades de misiles y drones. Todo esto, proveniente del círculo del líder supremo, transmite una narrativa iraní: la guerra con Israel no terminó, queda más por venir y Teherán estará listo.
Mientras tanto, la situación interna en Irán roza lo insostenible: el país enfrenta una de sus peores crisis modernas de agua, la inflación sigue siendo aplastante, los precios de los alimentos se dispararon y el desempleo continúa aumentando.
A esto se suman apagones generalizados y un descontento creciente con el gobierno de los ayatolás, junto con la creciente ira pública por la corrupción y la mala gestión. Las presiones internas están cerca de un punto de ruptura.
Entonces, mientras sus líderes posan para otro enfrentamiento en el extranjero, las cosas parecen derrumbarse internamente. ¿Existe la posibilidad de que Irán vea una guerra con Israel como una salida? ¿Es posible que los ayatolás utilicen un conflicto para distraer a una población insatisfecha y mantener el poder? ¿“Agitar la bandera” para unir a la nación?
En ese sentido, el Dr. Raz Zimmt, director del programa de investigación Irán y el Eje Chií en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS), expresó: “Una de las lecciones que los iraníes deben aprender de la Guerra de los 12 Días es que, por un lado, ciertamente vimos algún tipo de unión nacional durante la guerra, aunque fue más un nacionalismo iraní porque Israel y Estados Unidos iniciaron un ataque contra Irán’’.
“Pero incluso después de la guerra, no pudieron ofrecer soluciones a los enormes desafíos que enfrenta la República Islámica. Si ya era difícil para el régimen movilizar a la población incluso tras una guerra iniciada por Israel y Estados Unidos, es aún más difícil pensar que puedan movilizarla si Irán inicia un ataque preventivo”, explicó Zimmt.
En la misma línea, remarcó que ‘‘incluso después de la guerra, vimos cómo la mayoría de los iraníes volvieron inmediatamente a sus problemas cotidianos: la falta de agua y la crisis económica. La guerra no ofrece ninguna solución. Al contrario, vimos más y más críticas dentro de Irán sobre la incompetencia del régimen para manejar los problemas diarios’’.

‘‘Además, ahora deben concentrarse principalmente en reconstruir sus capacidades, especialmente en defensa aérea y misiles balísticos. Mientras no hagan eso, será muy difícil que Irán inicie una guerra. Es muy arriesgado”, agregó Zimmt.
El analista del INSS aseveró que el principal riesgo hoy en día es una mala interpretación entre Irán e Israel: que ninguno de los dos quiera una guerra, pero un mal cálculo la detone. Una decisión iraní de lanzar un ataque preventivo “de la nada” le parece “muy, muy improbable”.
¿Y el papel de la geopolítica regional?
Con el creciente debate sobre la normalización entre Arabia Saudita —antiguo rival suní de Irán— e Israel, o un posible reinicio de las hostilidades entre Israel y Hezbollah, ¿podría surgir un escenario que empuje a Irán contra la pared?
El príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman declaró el martes que quiere que Arabia Saudita forme parte de los Acuerdos de Abraham, pero también garantizar un camino hacia una solución de dos Estados, durante su reunión con el presidente estadounidense Donald Trump en la Casa Blanca.
Trump, por su parte, también mencionó la normalización entre Arabia Saudita e Israel, diciendo que habló con el príncipe heredero sobre los Acuerdos de Abraham y recibió una respuesta positiva.
“Ciertamente creo que los iraníes ven la normalización entre Israel y Arabia Saudita como un escenario muy negativo. Pero no es algo que los empuje a tomar una decisión que desencadene una nueva guerra, especialmente cuando aún no están completamente preparados”, añadió Zimmt.
Respecto a la organización terrorista libanesa, el analista afirmó: “Irán sigue intentando reconstruir a Hezbollah. No veo que Irán reaccione a una decisión israelí de iniciar una guerra limitada contra Hezbollah, incluso si incluye ataques a sus infraestructuras en el valle de la Bekaa o incluso en Beirut. Lo que hará Irán es aumentar lo más posible su apoyo a Hezbollah.
Un informe del Tesoro estadounidense del 6 de noviembre señaló que, “desde enero de 2025, la Fuerza Quds de los Guardianes de la Revolución de Irán transfirió más de mil millones de dólares a Hezbollah, en su mayoría mediante casas de cambio”.
El subsecretario estadounidense de Terrorismo e Inteligencia Financiera, John K. Hurley, advirtió que el Líbano solo podrá ser “libre, próspero y seguro” si Hezbollah está totalmente desarmado y desconectado del financiamiento y control iraní.
Asimismo, Zimmt destacó que “el equilibrio de poder entre actores estatales y no estatales en la región —Líbano, Yemen, Irak— sigue siendo uno que brinda a Irán oportunidades para continuar apoyando a su llamado Eje de la Resistencia”.
“No debemos sobreestimar las capacidades iraníes. No debimos hacerlo antes de la guerra, y ciertamente no hoy, después de dos años de guerra regional, la derrota de Hezbollah, el colapso del régimen de Assad y la Guerra de los 12 Días con Irán. Pero la amenaza iraní sigue ahí. Su programa nuclear no fue destruido y sus capacidades de misiles están siendo reconstruidas. Y el apoyo a sus aliados continúa. Así que todavía hay que enfrentarlo”, concluyó Zimmt.
Derribado, pero no derrotado, parece ser el mensaje. Si bien los israelíes quizás no se desvelen por temor a otro aluvión de misiles balísticos iraníes, eso no significa que no pueda ocurrir.
El Estado judío dañó gravemente las instalaciones militares y nucleares iraníes en la guerra de junio y, tras el shock del 7 de octubre, hizo mucho para recuperar su reputación militar. Pero la amenaza sigue presente, y mientras los ayatolás mantengan el poder en Irán, verán a Israel como un enemigo eterno.
Fuente: The Jerusalem Post (Alex Winston)

