En un momento de gran preocupación por la seguridad de los judíos, es hora de dejar de pelearse por las palabras y tomar medidas reales contra las amenazas. El antisemitismo es un peligro serio para los judíos y para el tejido social, y no lo vamos a derrotar con definiciones ni discutiendo sobre ellas.
Itongadol/Agencia AJN.- (The Times of Israel – Kevin Rachlin*) Sé que todos queremos luchar contra el antisemitismo y que las comunidades judías enfrentan amenazas reales: tiroteos en sinagogas, profanaciones de cementerios, hostigamiento en escuelas y en las calles. El FBI documentó casi 2.000 incidentes antisemitas solo en 2024. Esto es serio. Entonces, ¿por qué, después de tantos años, seguimos atrapados discutiendo sobre definiciones?
El primer día en el cargo, el nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, revocó todas las órdenes ejecutivas emitidas después de que el exalcalde Adams fuera acusado de soborno federal, incluyendo una que adoptaba la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés).
Como era previsible, se desató un caos. Organizaciones judías emitieron comunicados de emergencia y la Cancillería de Israel calificó la medida como “gasolina antisemita sobre un fuego abierto”. Los grupos de defensa de las libertades civiles, por su parte, aplaudieron.
Y aquí estoy, una vez más, explicando por qué codificar en la ley una definición controvertida siempre fue una mala idea. No porque el antisemitismo no sea real, sino porque no existe consenso sobre una sola definición, y la definición que algunos grupos siguen intentando imponer tiene problemas serios.
En términos prácticos, la orden significaba que las agencias municipales usarían la IHRA como marco para evaluar denuncias de discriminación, afectando potencialmente desde políticas laborales hasta decisiones de contratos.
El tema con la IHRA es este: se describe a sí misma como “no vinculante legalmente”. La organización que la creó no tenía intención de que se incorporara a la ley. La definición central es bastante inofensiva —el antisemitismo es “una determinada percepción sobre los judíos, que puede expresarse como odio hacia los judíos”—, pero la controversia está en sus once “ejemplos contemporáneos”, siete de los cuales involucran a Israel. Esto incluye describir la fundación de Israel como un “proyecto racista”, “aplicar doble estándar” a Israel y “comparar las políticas israelíes contemporáneas con las de los nazis”.
Personas razonables discrepan sobre si estas declaraciones son antisemitas, discurso ofensivo pero protegido, o comentarios políticos legítimos. Kenneth Stern, principal redactor de la definición original de la IHRA, declaró ante el Congreso de Estados Unidos que nunca tuvo la intención de codificarla en la ley y advirtió que hacerlo suprimiría la libertad de expresión política en lugar de combatir el odio real. Defensores de la Primera Enmienda, tanto de la derecha como de la izquierda, estuvieron de acuerdo.
Si querés pruebas de que frenar las críticas a Israel es el motivo de los principales promotores de la IHRA, solo hay que mirar cómo un comité del Senado detuvo un proyecto federal que la codificaba, porque también señalaba que criticar al gobierno israelí no es en sí mismo antisemita.
La Ley de Conciencia sobre el Antisemitismo había sido aprobada en la Cámara con apoyo bipartidista. Una enmienda que buscaba proteger críticas legítimas a la política israelí pasó en un comité del Senado por doce votos a once, con todos los demócratas y el republicano libertario Rand Paul votando a favor.
Los defensores del proyecto se enfurecieron. El senador Bill Cassidy calificó la enmienda como “una píldora venenosa”. Eso lo dice todo. Incluso una señal modesta contra el uso de una definición de antisemitismo para controlar críticas legítimas a Israel fue suficiente para que los promotores abandonaran lo que habían llamado la herramienta más crítica contra el antisemitismo.
El senador Paul lo expresó claramente durante la audiencia: “Cada ejemplo de antisemitismo en esa lista se refiere a palabras, no a acciones. No se puede regular el discurso.” El comité se levantó sin votar el proyecto, y desde entonces no avanzó.
La amplia acción del alcalde Mamdani contra las directivas de un exalcalde acusado tiene un razonamiento sólido, se la apoye o no. Y, crédito donde corresponde: Mamdani renovó la Oficina del Alcalde para Combatir el Antisemitismo, manteniendo su fuerza y mandato establecido por Adams. Aun así, recibió condena inmediata de siete organizaciones judías importantes de Nueva York. En un momento de genuina preocupación, sus preocupaciones son comprensibles. Pero enmarcar la medida como un ataque a la seguridad judía solo aumenta esa ansiedad.
Cada estadounidense decente se pregunta por qué herramientas políticas sin precedentes, recursos y determinación pública para revertir el aumento implacable del odio antisemita parecen no ser suficientes. Esa es una buena razón para dejar de desperdiciar energía y recursos dividiendo y polarizando comunidades sobre una definición que nunca estuvo destinada a ser ley, mientras los antisemitas reales se sienten más audaces que nunca.
Existen mejores maneras de combatir el antisemitismo: financiar seguridad para instituciones vulnerables, capacitar y empoderar a la policía y otros funcionarios para prevenir y responder a los crímenes de odio contra judíos y cualquier grupo objetivo, apoyar la educación sobre antisemitismo y sesgos, y aplicar las leyes de derechos civiles contra la discriminación y el hostigamiento real.
Las organizaciones deberían enfocarse en medidas concretas, como la Ley de Respuesta y Prevención del Antisemitismo, que amplía y financia acciones materiales e infraestructura para esfuerzos sostenidos de prevención, investigación y sanción de actos antisemitas, sin los riesgos constitucionales.
El antisemitismo es un peligro serio para los judíos y para el tejido social, y no lo vamos a derrotar con definiciones ni discutiendo sobre ellas.
*: Kevin Rachlin es actualmente el vicepresidente de Relaciones Gubernamentales y director en Washington del Nexus Project, con más de una década de experiencia en liderazgo en organizaciones sin fines de lucro. Anteriormente fue vicepresidente de Asuntos Públicos en J Street y director en EE. UU. de la Alianza para la Paz en Medio Oriente, una coalición de más de 150 organizaciones de construcción de paz israelíes y palestinas.

